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Lingüística y ciencia ficción (I)

Análisis de cuatro novelas por su contenido lingüístico

por Xavier Riesco Riquelme

1.- La lingüística en el género de ciencia ficción.

"let us take the sentence `the hammer hit a nailá and consider it and the situation it might commonly be used in, and explore the modeling process that is occurring in some detail. First we have a thing,the phrase `the hammerá, standing for a thing. In that phrase we havea thing, the word the, standing for an attitude toward [hammer], and we have another thing, the word hammer, standing for the object itself.Next we have a thing, the verb hit, standing for a relationship between hammmer and nail [...] -Samuel R. Delany: "Triton"

El único género literario que se ha ocupado de la lingüística como tal de forma constante, al menos en los últimos años, es que se sepa, el conocido como ciencia ficción1. No sólo desde el punto de vista temático de una novela, sino también desde le punto de vista de la crítica literaria y el ensayo. Normalmente muchos libros del género contienen elementos lingüísticos como subsidiarios a la idea central. Desde una perspectiva histórica cabe destacar a C. S. Lewis (y a J. R. R. Tolkien) , por el uso de conocimientos de filología y lingüística en la creación de obras de ficción. En la novela de 1938 Out of the silent planet ('Planeta Silente' en su edición castellana) Lewis ya juega con el problema de la gramática de tres lenguajes alienígenas. Otra obras menos encasilladas en el género pero que contienen elementos de interés por el lenguaje son 1984 de George Orwell, donde la Neolengua (el inglés despojado de vocabulario y gramática) se revela como un arma más de dominación social y La naranja Mecánica de Anthony Burgess, donde existe una jerga derivada del ruso (Nadsat) que sirve de vínculo -como cualquier derivación del lenguaje propia de una determinada comunidad según su profesión, edad o sexo- entre sus hablantes.
Uno de los "olvidos" más frecuentes en la etapa ingenua de la ciencia ficción es explicar como dos personajes de diferentes culturas pueden llegar a entenderse sin entorpecer el desarrollo de la narración. Las soluciones para ello eran de lo más variadas: Telepatía, traductores mecánicos, lenguajes universales creados a propósito para la comunicación interespecie, o simplemente el alienígena aprende en un tiempo moderado (que solía variar entre los cinco minutos y las dos semanas) el lenguaje humano. Esta ingenuidad no sólo se aplica al alienígena, sino también, dependiendo de la arrogancia cultural del escritor, este puede asumir que su lengua es hablada en toda la Tierra, de la misma manera y en todas las épocas, con lo cual se ahorra problemas de traducción simultánea. Las mejores referencias a este tipo de comportamiento la constituyen los comics de Flash Gordon y Buck Rogers, así como las obras de Edgard Rice Burroughs, donde el lenguaje nunca es problema. Dentro de este apartado de soluciones merece la pena recordar que Philip José Farmer en su serie de novelas del mundo del río escoge como protagonista a Sir Francis Burton; esta elección no es casual sino motivada: Burton es el ejemplo de lingüista clásico de la tradición inglesa, un coleccionista de idiomas que no tiene dificultad en hacerse comprender por el variado número de comunidades lingüísticas diferentes que pueblan el hábitat imaginario de Farmer.
Sin embargo, con la creciente (auto)crítica del género aparecen especulaciones que toman en serio esta dimensión. Existe un ensayo de un autor llamado Walter E. Meyers, Aliens and Linguists: Languaje study and science fiction,donde explora las soluciones ofrecidas por los autores del género a este tipo de problemas así como el artículo de L. Sprage DeCamp Language for timetravellers. Resulta curioso añadir que en su novela The Wheels of If, Camp toma nota de las leyes de Grimm (y según la crítica, las toma mal) para el cambio fonético a la hora de describir un lenguaje inglés que no ha sido influenciado por el francés debido a que la conquista de las Islas Británicas por los normandos no ha sucedido en el escenario histórico alternativo que plantea.
El interés de la ciencia ficción en temas tales como la lingüística, psicología o sociología como temas centrales de las historias del género aparece después de la revolución temática conocida como la New Wave, término aplicado al material aparecido en la revista inglesa New Worlds a finales de los sesenta, donde escritores como J. G. Ballard y Brian W. Aldiss publicaron, y que se caracteriza por un interés hacia las llamadas dentro del género 'soft sciences' (psicología, sociología...) en oposición a las llamadas 'hard' (física, biología...). Esto parte de la crisis interna del género al que sus propios críticos consideraban estancado a mediados de los sesenta. Las historias de la New Wave presentan un contenido mucho más metafórico y simbólico que las obras 'clásicas' precedentes y tienden a acercarse más a la literatura general que a la obra de género en algunos casos, como es el del reconocido escritor J. G. Ballard. Aunque no es posible definir la New Wave como un movimiento literario en su conjunto (el único rasgo en común de la "New Wave" parece el de no temer nada en común con lo anterior), si es posible señalar que la influencia de este movimiento desarticulado se ha dejado sentir profundamente hasta ahora, dotando a los escritores del género de una amplitud de miras que antes no tenían. Un ejemplo de ello son novelas como El jinete en la onda de shock de John Brunner, basada en la extrapolación (exagerada) de las teorías económicas y sociales de Alvin Toffler. Esta etapa de experimentación determina que el impulso de gente como Harlan Ellison al género durante los años siguientes consista en partes iguales de crítica absolutamente fundamentada y gamberrada literaria, como es el caso de la famosa antología Visiones peligrosas (aún así, es un ejercicio interesante).
Lo que si es cierto es que el género ha evolucionado hasta posturas no contenidas en sus esquemas tradicionales originales, tanto de forma temática como por parte de la formación de sus escritores. Prueba de ello es la aparición de escritoras como C. J. Cherryh o Suzette Haden Elgin cuya formación es de lingüistas. O el caso de Gene Wolfe, de formación técnica pero cuyas obras se decantan claramente por las humanidades clásicas, llegando sus obras a ser, como en el caso de El libro del sol nuevo , un juego absoluto de lenguaje(s) y voces del narrador.
Hay que recordar que la lengua predominante en el género es la inglesa -es un género predominantemente anglosajón- y por tanto algunas de las estrategias lingüísticas usadas carecen de sentido o son intraducibles en otros idiomas: Como ejemplo tomemos una hipotética afirmación de una hipotética entidad de sexo indeterminado, neutro o hermafrodita: "Iám tired". En inglés una oración como esta carece completamente de cualquier indicación acerca del sexo del hablante, con lo cual no existe ninguna contradicción si esta afirmación aparece en boca de una criatura tal. Ahora bien, en español el atributo del sujeto, "tired" (cansado/a) debe determinar el sexo, a menos que tomemos el masculino como neutro a su vez (en este caso puedo tomar como ejemplo el personaje de Deseo del comic Sandman guionizado por Neil Gaiman, que posee ambos sexos, pero al que el traductor asigna arbitrariamente el de femenino.). Otro punto a tener en cuenta es que las principales referencias al contenido lingüístico, a las teorías, se refieren principalmente a las de las escuelas norteamericanas de lingüística.

1. El própio nombre que se le ha dado al gánero muestra su carácter paradójico. Es evidente que desde el punto de vista de las definiciones de diccionario de las palabras que componen el nombre, aquello que es ciencia no es ficción, y viceversa.

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