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D I A N O G A El retorno de las crisis en cómic infinitos 23/10/2000 por Rafael Marín El reciente despido de Bob Harras como encargado editorial de la que fuera empresa más poderosa del mundo de los cómics, Marvel, y su sustitución por Joe Quesada ha vuelto a reavivar la polémica entre los aficionados al medio, cada uno con su voz y con su voto desde que las fronteras tecnológicas y la capacidad de sentar cátedra están, gracias a la red, al alcance de cualquiera, yo incluido. Las campanas redoblan de pura alegría. Todo cambio, en este estrecho mundo de ruidosos teenagers de edades dispersas e IQs más bien cortitos parece esperar que la sustitución de un general por otro general hará que el emperador siente la cabeza, se deje de pendoneos y amplíe y mejore la red de carreteras del Imperio. Craso error, me temo, aunque ojalá fuera cierto. No se saben todavía las causas concretas de la salida de Harras de su puesto de ed-in-chief de la todopoderosa editorial, aunque rumores de todo tipo lo achacan al descontento de los actuales propietarios de la marca con el escaso aumento de ventas, tras el "éxito" de la película, de los títulos mutantes de X-Men (y quizá rondando esa circunstancia esté también la salida de Chris Claremont de los tebeos que él mismo había ayudado a levantar y a los que había vuelto, también en olor de santidad, hace apenas unos meses). Otras versiones apuntan a un enfrentamiento de Harras con sus inmediatos controladores por cuestiones que nada tienen que ver con la creación de cómics: asuntos de libertades individuales, opciones sexuales y derechos de los trabajadores de la casa, a quienes Harras defendió sin tapujos, exponiendo en el envite su cabeza. En cualquier caso, seas cuales fueren las auténticas razones de este despido, los responsables han sabido jugar sus cartas, enmascarándolo con la subida al difícil cargo de Joe Quesada, guionista y dibujante y encargado, desde hacía un par de años, de un curioso revivir dentro de la propia editorial (el sello Marvel Knights) que, si bien no ha arrastrado los éxitos de venta pretendidos y ha acumulado bastantes retrasos en sus calendarios de salida, sí ha sabido conjugar la calidad artística y las buenas historias en al menos un par de series: Daredevil y The Inhumans. ¿Los motivos de su éxito? Entre otros, el que los autores han podido tener manga ancha para hacer de su capa un sayo y contar en ese subsello editorial lo que les viniera en gana. Echese un vistazo a la participación como guionista de Daredevil del director cinematográfico Kevin Smith y se verá que tanto la temática como los diálogos y los abundantes textos de apoyo nos muestran un tipo de historias (con violaciones, asesinatos, posesiones demoníacas, crímenes en iglesias e incluso suicidios) muy alejados de la ñoña y convencional Marvel de los últimos años. Dicho de otra forma: el sello Marvel Knights disfrutaba (¿seguirá disfrutando?) de una libertad de trabajo por parte de sus artistas y guionistas que no concuerdan con la labor más modesta y menos espectacular de los otros títulos de la casa. Aunque en teoría no está dentro de la "continuidad" de la casa (o sea, la historia novelada mes a mes por todos los tebeos) Marvel Knights parece el Universo Marvel con un cierto tono para adultos, y por eso se vende en librerías especializadas y, teóricamente, selectas. El resto de los comic-books marvelianos son producto para chavales y, en teoría, se venden en cualquier parte (aunque los drugstores dejaron de distribuirlos hace mucho tiempo). Todavía la línea de cómics normales vende más que la "selecta"... aunque las diferencias no son tan grandes para que más de uno y más de dos nos preguntemos por qué no se da el salto y se consigue que TODA la producción siga esos parámetros innovadores de Marvel Knights. Esa parece ser la idea que esperan los aficionados de todo el mundo ante el cambio de Harras por Quesada. Pero se olvida que la estrategia del general sigue a sueldo de los caprichos y exigencias del emperador. Y el emperador no va a querer prestigio en la batalla, sino victorias. Dicho de otra manera, los empresarios que ahora son dueños de Marvel no van a estar por la labor de potenciar tebeos de "calidad"... sino de explotar el filón según unas expectativas comerciales y bursátiles que se han decidido en los despachos de antemano. Dudo mucho, y ojalá me equivoque, que Quesada vaya a establecer una política similar a la de Marvel Knights en toda la casa. Aunque se publicite que J.M. Stracinsky (se escriba como se escriba, ¿está por aquí Javier Redal?) se encargará de los guiones de Spider-Man, o que el inconoclasta Grant Morrison herederá los títulos mutantes, ya ha habido un aldabonazo de atención: se pretende que las líneas argumentales sean más breves, que los tebeos sean más simples y directos, que no existan tantas subtramas ni se introduzcan tantos personajes secundarios de una tacada. Los dueños de la editorial, como los dueños de cualquier otra editorial de este momento que nos ha tocado sufrir, siguen pensando que el futuro de los cómics es el de intermediario, el de mero escaparate de presentación de personajes y conceptos que se puedan explotar en otros medios. Y siguen esperando, como agua de mayo, a ese lector que no existe y que quizás no ha existido nunca, el chaval que por curiosidad abre un tebeo y se engancha a él y permanece fiel al título durante años y años... aunque para hacerlo tenga que dejar de contentar, e incluso enfadar o estafar, a ese mismo chaval que ya es adulto, que tiene cierto poder adquisitivo, y que sigue enganchado al sueño adolescente y disfruta (o quisiera disfrutar) con los tebeos de antaño como si fuera antaño, o como si fuera ahora mismo, que es lo difícil. En resumen: se pretende hacer tebeos para quien no lee tebeos. Actitud que tal vez sería encomiable (el mercado potencial es muchísimo más amplio), si no planteara problemas de censura, de repeticiones innecesarias en argumentos, textos y personajes, de continuidad rota o interrumpida, de desconocimiento por parte de los equipos creativos o de los coordinadores de esos equipos con respecto al poso infinito que universos de ficción como los de Marvel Comics o DC representan. Esa es la batalla, y yo juraría que todos la tenemos perdida de antemano. El tono adulto que se consiguió más o menos con un par de títulos de Marvel Knights (porque hay que reconocer que algún que otro tebeo es de puro espanto, compruébese, o mejor no, El Castigador), saldrá dinamitado y entrará una línea argumentística más clara, donde los tebeos no se seguirán durante meses y meses, donde lo políticamente correcto imperará aún más de lo que ya impera, y donde personajes que toda la vida de Dios han sido de una forma concreta dejarán de serlo porque no se podrá mostrarlos bebiendo cerveza o fumándose un cigarrillo en ninguna camiseta. Para colmo, cada tebeo tiene ahora y tendrá que seguir teniendo en el futuro la obligatoriedad de presentar a todos y cada uno de los personajes de los grupos de superhéroes (aquello tan sobado de "Esta es la escuela de jóvenes talentos del profesor Charles Xavier" o lo de "Me llamo Lobezno y soy el mejor en mi oficio" no eran caprichos del guionista, sino imperativos editoriales), porque se sigue pensando que, después de cuarenta años de andadura editorial, después de películas y series de dibujos animados, todavía hay quien no reconoce a Hulk ni sabe que es un cacho de bestia de color verde, o que los 4 Fantásticos son un señor que se estira, una chica que no se despeina, uno que arde y vuela y otro de piedra. En las altas esferas se sigue esperando que alguien pase por una librería especializada, pille un tebeo al azar y considere que es el equivalente a la Capilla Sixtina y no lo que probablemente será, dada la cantidad tan grande de condicionantes a los que ahora se verá obligado cada guionista y cada dibujante, un producto insulso y sin atractivos. Todavía no han salido los ejércitos al campo de batalla y me temo que los nuevos generales, sin el apoyo logístico de la fiel infantería (o sea, un público verdaderamente infantil que crezca considerando los tebeos como algo propio y consustancial a su existencia), tienen ya perdida la guerra. © Rafael Marín 2000 |
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