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D I A   N O G A
¿Luke Futuro o Dani Skywalker?
02/05/2001

por Rafael Marín

Vale. Todo está inventado. Coges a Tarzán, le cambias la peluca y aparece Ka-Zar. Le cambias los tiros largos al Capitán Trueno, le sustituyes la cota de mallas por una coraza de escamas y te encuentras con el Jabato. Ensucias un poquito a Johnny Hazard y acabas por inventar a Indiana Jones. Traspasas a Groucho Marx a los dibujos animados y te sale Bugs Bunny, con zanahoria en vez de puro. Todo es cuestión de conjugar la coctelera, añadir un poquito acá y allá, maquillaje para que no se note y cualquiera puede crear un personaje de tebeo, o de cine, o de videojuegos.

¿Pero cuál es la chispa, el petardazo, la idea primera? ¿Quién escribió de verdad Thriller, Michael Jackson o Luigi Toledo? O, entrando en la materia del tebeo y personaje que nos preocupa: ¿Alguien ha caído en la cuenta de que Dani Futuro se parece pero que muy mucho a Luke Skywalker? En un escenario de ciencia ficción, un adolescente de pelos rubios y/o blancos, vestido inmaculadamente del mismo color, entre el kimono y el traje pop, con correas y cosas colgando al cinto, una de ellas, en el caso de Dani, indefinida, la misma que en el futuro caballero Jedi ocupa el sable de luz. Recordemos que Dani Futuro fue creado diez años antes.

La coincidencia no acaba sólo aquí. Los robots siempre han sido masas enormes de proporciones gargantuescas o estilizadas versiones del ser humano. Recordemos al Robbie de Planeta Prohibido, a la María de Metrópolis, al Gort de Ultimátum a la Tierra o al mismo C-3PO de La guerra de las galaxias. Y de pronto, en una revista española de los años sesenta, un joven que ya era un genio se descuelga con un robot pequeñito y chaparro, con ruedas en vez de patas, redondito como un buzón de correos y con cierta tendencia a las observaciones cáusticas. Y le pone por nombre Jorge, lo menos glamoroso para un ser de hojalata positrónico.

Y pasan casi diez años, ya digo. Y otro genio, ahora americano, todavía por forrar de millones y secuelas, coloca en su película cienciaficcionera un robot chaparrito, que parece un buzón de correos y que, entre pitidos, es el number one en eso de las observaciones cáusticas. El robot no tiene patas, sino ruedas, y responde al sonoro apelativo de R2-D2. Léase en inglés y tendremos una palabra rara, Artudito. O Arturito, como lo anunció Alfonso Eduardo Pérez Orozco cuando se presentó Star Wars en el festival de cine de San Sebastián, en septiembre del 77, cuando la mayoría de nosotros, digo vosotros, todavía no habíais nacido. Jorge, un nombre propio. Arturito, otro.

¿Puede ser casualidad? ¿Puede Dani Futuro haber tenido algo que ver no en la creación de Luke Skywalker, sino en su look, su aspecto físico? ¿Es posible que Jorge y Artoo tengan algún parentesco más allá del simple azar creativo?

Pues claro que es posible. Dani Futuro se presentó en España en la revista Gaceta Junior. Es poco probable que George Lucas la leyera jamás, a pesar de lo mucho que se publicita que le gustan a rabiar los tebeos e incluso hace años corrió el rumor de que había comprado Marvel, poco antes de la salida de Jim Shooter por la puerta del príncipe.

Pero Dani Futuro, desconocido casi para un par de generaciones de españolitos, da la casualidad de que se publicó en Francia cuando aquí se acabó la aventura de Gaceta Junior (y menúdo lío que se montó con los derechos creativos, ¿eh, Carlos?). Dani Futuro/Iris de Andrómeda se continuó publicando en la revista de Tintín, si mal no recuerdo. Tintín, Francia, ¿os va sonando?

Lucas es un fan de Tintín, igual que su colegui Steven Spielberg. Tan fan tan fan que durante varios años corrió el rumor de que entre ambos iban a llevar a la pantalla, en imagen real, las aventuras del niñato belga, dirigidas nada menos que por Roman Polanski. La cosa no salió bien, como ya sabemos, pero Lucas no se arredró, el tío.

¿Recordáis las aventuras del Joven Indiana Jones? La ponían en Antena 3 cuando les salía del pito. Muy recomendable, muy bien hecha, magistral en ocasiones. Allí, el joven Henry Jones se alista voluntario en el ejército belga con el sobrenombre de Henry Defense, y tiene como comparsa (sidekick, para entendernos) a un gordote noble y algo taradete, un belga lamado Remi. Sí, habeis leído bien. Remi, como el verdadero apellido de Hergé, Georges Remi, el belga padre de Tintín. No acaba ahí la cosa. Uno de los episodios de la misma serie (que hemos definido en otra parte como una mezcla de Corto Maltés y Tintín, por cierto, por aquello de la Primera Guerra Mundial, el desfile de personajes históricos y el adolescente rubio metido en todo tipo de berenjenales) nos mostraba a Indy niño en una amorosa aventura en los palacios de Viena... y el futuro arqueólogo de la barba a lo George Michael va vestido igualito igualito a Tintín en la historieta que parece inspirarlo, El Cetro de Otokar, gorrita calada y gabán gris. Sólo le faltaba el perro.

Otra serie de comics. También francesa. Publicada en este caso en Pilote: Valerian, agente espacio-temporal. Si os tomáis la molestia de buscar El embajador de las sombras (aventura de 1975, publicada por Grijalbo), empezaréis a notar ciertas... coincidencias creativas. La nave de Valerian y Laurie es clavadita al Halcón Milenario. En la página 9 de historieta (la página 11 del tomo, por aquello de las guardas de cortesía) aterriza en un hangar al aire libre igualito al de la Ciudad de las Nubes de Lando Calrisian. La página 10 tiene un hangar interior idéntico a la cubierta donde el Halcón Milenario es atrapado por el rayo tractor del Imperio y al otro hangar donde Darth Vader pasa fila a las tropas. La página 11 muestra la entrada de unos etés lanzando rayos idéntica a la presentación de Star Wars. En la página 25 hay una taberna galáctica con bichos que fuman y beben con escafandras y cosas raras. La página final del álbum nos regala una flota estelar reuniéndose que recuerda sospechosísimamente a las escenas finales de El Imperio contraataca, incluyendo la imagen de los personajes dentro de la nave y vista a través de una vidriera. ¿No os lo creéis? Coño, corred a comprobarlo.

Ya lo habéis visto, ¿no? ¿Casualidad también? ¿Verdad que no? George Lucas, o alguien de su grupo creativo, debe tener equipos de exploradores buscando looks distintivos, escenas que trasvasar o copiar a otros medios. Lo de Valerian es que ya clama al cielo. Es curioso que esas "inspiraciones" se deban a tebeos francobelgas... publicaciones donde parece seguro que Lucas ha picoteado y donde nuestro Dani Futuro ha visto la luz, como ya decía.

Si uno acepta lo de Indiana Jones, lo de Valerian (o lo de Flash Gordon: las letras amarillas que se pierden en el éter da la casualidad de que es la manera en la que empezaban los seriales de los años treinta del personaje de Raymond; os lo juro, lo tengo en video), si uno acepta que el dólar todopoderoso busca ideas de donde pueda, ¿no es posible que ese robot chaparrito y malhumorado y ese adolescente sonriente y de pelo blanco que son Jorge y Dani Futuro llamaran la atención de George Lucas y lo usara como referente, junto con Los siete samuráis de Kurosawa (donde el maestro samurai se llama Kenabe), para dar el aspecto final a sus criaturas?

A mí no me van a bajar del burro. Cosas más raras se han visto. Y, después de todo, el propio Carlos Giménez (sombrero) confesó hace tiempo que La guerra de las galaxias es una de sus películas favoritas. Importante, bien hecho y divertido, Dani Futuro tiene además el honor de haber podido servir como base inspiradora de don Luke Skywalker.

No podía ser de otra forma. Lo malo, claro, es que Carlos Giménez no habrá visto un duro. Ni forma de demostrar más allá de la sombra de la duda a quién debemos el aspecto del caballero Jedi.

Por cierto, en Dani Futuro los delfines hablan ("¡Hola, Dani! ¡Hola, Iris!").

Como habla Darwin, el delfín de SeaQuest. La serie de televisión mezcla de Star Trek y Viaje al fondo del mar (ya empezamos), que produjo hace un par de años... Steven Spielberg.

Y pensar que hace cincuenta años algún sabio español dijo con desprecio aquello de "¡Que inventen ellos!"...

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