| RESEÑAS | ARTÍCULOS | COLUMNAS | REVISTAS | ENTREVISTAS | ||
|
H O M O I O I Libros e Italia 15/01/2001 por Juan Jose Perez-Pons Agudo Por motivo de estudios estoy cursando un año en la ciudad italiana de Pisa y me ha llamado mucho la atención la gran cantidad de librerías que hay en la ciudad. De acuerdo que es una ciudad de apenas 90.000 habitantes y un añadido de octubre a julio de 40.000 estudiantes, pero aun así me choca que en casi todas las calles de un tamaño medio siempre haya o bien una librería o papelerías y kioscos donde se ofrezcan libros. Y es que en Italia se lee, y mucho. Quizás es mi propia educación o sencillamente a lo que uno se acostumbra en España, y es que los libros se queden encerrados en las librerías y que apenas se encuentren fuera de ellas. Si, en los kioscos de prensa cada vez parece que hay más libros, pero siempre son los bestsellers y en ediciones caras, me atrevo a decir que lo suficientemente lujosas como para que el ciudadano medio las compre sin miedo a que desentonen en su biblioteca de salón o de cuarto de estar. Pero en Italia, el país europeo con que más comparamos a España (por aquello de que son nuestros primos latinos por antonomasia), los libros "viven" de otra manera. En los tres meses que llevó en Italia he comprado más libros que en un año en Zaragoza, donde resido, y no es que me haya propuesto crear un fondo bibliográfico particular en lengua italiana, nada de eso, es que aquí los libros son baratos, muy baratos. Y no sé muy bien si esa es la causa de que la gente lea más o es la consecuencia de que haya una gran afición a la lectura. Sea como fuere la política de las editoriales italianas es distinta a la que rige a las editoriales españolas, o esa sensación me están dando. En España los bestseller se hacen "a priori" o bien porque ya lo han sido en su país de origen o porque han sido galardonados con algún premio y por tanto se presupone un alto nivel de ventas, por lo tanto la edición que sale al mercado ya es tipo cartoné y lujosa... y cara. Al fin y al cabo hay que obtener beneficios de las ventas de libros, como de cualquier otro bien, y cuando ya está amortizado, a veces, obtenemos una edición de bolsillo más asequible económicamente. Así comprar un libro nuevo a precios accesibles (habría que definir accesible dirán algunos) es imposible e impensable. No olvidemos, además, que España ha sido durante bastante tiempo el país de comprar los libros por metros y con las tapas en colores que fueran a juego con la biblioteca del salón y el color de la pared. Esa idea del libro como elemento de prestigio, la política de "a más libros bonitos en el salón mejor quedo con las visitas", parece mantenerse en el subconsciente de las editoriales que no dudan por tanto en encarecer los libros con fenomenales presentaciones cuyo coste pagamos al adquirir el libro. En Italia el ciclo es del todo diverso, aunque empiezan a copiar el método español; allí los libros se lanzan al mercado en ediciones baratas, de tapa blanda y sin pretensiones de atraer solo por la portada. Y el precio es bajo, a veces me asombro de los bajo que puede llegar a ser. Si esa tirada en rústica tiene éxito, se plantea la posibilidad de emitir una edición más elegante y más cara que ya comprarán aquellos que quieran conservar el libro de una manera más "digna" (en cuanto a apariencia se refiere, el contenido al fin y al cabo es el mismo). Así en cuestión de un año a lo sumo las primeras ediciones en rústica llegan a las librerías de segunda mano donde se pueden adquirir con descuentos de hasta el 50% sobre el precio original si está en buen estado. Porque la gente que compra la edición lujosa se desprende de la rústica rápidamente ya la hubiera comprado cuando salió o en una librería de segunda mano. Libros baratos y para todos los gustos, las ediciones lujosas y caras llegan después, no antes. Además la lectura es obligatoria desde el ciclo de educación infantil, se acostumbra a la gente a leer desde los 5 años de manera habitual y regular, y en las familias los progenitores se preocupan de que nunca falten libros para los más pequeños ni siquiera hoy en la edad dorada de los videojuegos e Internet. De hecho algunos centros comerciales por tierras italianas regalan libros con la compra de videojuegos y de ordenadores, asombroso. En los mercadillos de antigüedades los puestos que sólo venden libros son aproximadamente la mitad del total y muchas veces son usados por las editoriales para dar salida a sus "stocks" de libros viejos. Por 5000 pesetas (poco mas de 50.000 liras italianas) se pueden adquirir entre 10 y 20 libros viejos pero no de segunda mano en casi cualquier ciudad. Así que acudo asombrado y maravillado a una especie de democratización de la literatura de todos los géneros mientras en España continua el debate acerca del descuento que se puede hacer sobre el precio de los libros y la posibilidad de adquirirlos en las grandes superficies comerciales. De nuevo en Italia esta situación quedó resuelta hace tiempo (nótese que no uso el término problema porque allí nunca lo han visto como tal) y sin un consenso especialmente buscado ni impuesto. Las grandes superficies venden libros y con descuentos atractivos (hasta un 20%) aunque no venden todos los libros, ni siquiera un grupo considerable, sencillamente venden bestsellers y poco más, ninguna dedica más de diez metros de sus rebosantes estanterías a los libros, porque la gente que va a comprar allí no busca libros, para eso se va a una buena librería y se le dedica tiempo. Los libros no serán allí por tanto una mercancía más a comprar a destajo y lo saben los lectores y los directivos de los hipermercados, de hecho cada día que pasa estoy más convencido que sólo compran allí libros los extranjeros (no niego que me hice con un "megatomo" que incluía la cuatrilogía Odisea en el espacio por 1200 pesetas) y la gente que vive encadenada al reloj. Y los descuentos, el otro gran problema por tierras españolas, son algo que las editoriales promocionan con una gran naturalidad. Por ley todos los libros publicados en Italia deben mostrar el P.V.P (precio de venta al publico) impreso por la editorial en la contraportada exterior, y sobre ese precio se deben aplicar los descuentos que cada uno desee, desde el habitual 20% de las novedades al 50% en los libros más viejos, y parece ser que todos obtienen beneficio. El lector compra libros baratos y en abundancia, las librerías manejan con solvencia la venta de libros nuevos y de segunda mano, y las editoriales venden sus enormes tiradas sin problemas, ¿asistimos pues a una cadena perfecta? ¿Es un sistema trasferible a España? ¿Cómo ponerlo en marcha? Muchas cosas habría que cambiar e impulsar, aunque poco a poco parece que las cosas mejoran, aunque nadie debe llevarse a engaño, la primera acción (y las más difícil, añado) es difundir la aflicción a la lectura entre los más jóvenes y los no tan jóvenes, misión difícil en un mundo sometido cada día más a la tiranía de la televisión y sus "mitos". Siempre queda la esperanza de que se produzca un cambio a la italiana, ¿no? © Juan Jose Perez-Pons Agudo 2001 |
|
| PRINCIPAL | RESEÑAS | RECOMENDADOS | ARTÍCULOS | COLUMNAS | REVISTAS | ENTREVISTAS |