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H O M O I O I Los libros han muerto... 26/02/2001 por Juan Jose Perez-Pons Agudo Pero yo no los he matado, así que por favor eviten los dedos acusadores en mi dirección. Yo sencillamente constato una realidad que parecen empeñados en revelarnos desde la televisión y el cine. Es innegable a estas alturas. Y si no hagan la prueba. Los libros han desaparecido de todas las producciones televisivas y cinematográficas como un elemento del atrezzo por anticuado, pasado de moda, sin sentido. Busquen, busquen libros, observen mas detenidamente las estanterías y rincones de los decorados que simulan (¿o son?) la "realidad", traten de vislumbrar en la lejanía de ese mundo de celuloide la conocida y amigable figura de un libro. Yo ya no los veo. Han desaparecido. Y es algo que me da miedo constatar porque si es cierto que el cine y la TV son el reflejo de la sociedad a la que van dirigidos la alarmante carencia de libros, que reflejen a los mismos de la vida real solo puede significar que en el mundo de la gente de carne y hueso (o sea, el nuestro), los libros ya no están, han desaparecido, o lo que es lo mismo: han muerto. Y han muerto sin hacer ruido y sin preocuparnos. Si hubiera que poner una fecha a su muerte para poder certificar ante el juez la data precisa nos encontraríamos en un grave problema porque saber el momento exacto nos llevaría años de estudio y la visión de varios miles de episodios de series de TV y de películas. Así que aquí, hoy, no daré una fecha sino mas bien la evolución de una enfermedad tan poco común como silenciosa. Una enfermedad que se ha llevado a la tumba (televisivamente hablando al menos) a unos de los compañeros más antiguos del ser humano. En sus inicios el cine y más tarde su hermana pequeña la televisión sufrieron las iras de los acérrimos defensores de los libros y de la cultura de entonces. "Es el fin de la cultura" se clamaba en los cafés tertulia, en los ateneos y en los círculos más selectos donde el libro uno de los "reyes". Estaban equivocados entonces los más radicales defensores de la expresión escrita pues pronto, muy pronto, el libro se hizo un hueco en los decorados de todas las grandes producciones de cine y más tarde de TV. Había libros en los platos que simulaban las casas, los despachos de los grandes financieros, abogados y doctores. Los castillos al más puro estilo Drácula siempre disponían de "la biblioteca", que era sin ninguna duda la estancia mas querida por el publico en general, aquellos millares de tomos antiguos, los mecanismos secretos que abrían pasadizos secretos a lugares inimaginables, los grimorios, la sabiduría prohibida... los libros eran inseparables cualquier atrezzo que se quisiera dar una cierta importancia. Se podría decir que hasta los años ochenta el libro vivió su Edad de Oro en el cine. Los personajes leían, portaban libros, mostraban parte del trasfondo de un personaje con una cosa tan simple como diciendo que leía... el libro era una muleta fácil y elegante en la que apoyar a un buen personaje. Pero llegan los ochenta y los libros, con sus formas sin cambios desde el siglo XV, pasan a ser un elemento de vetistud, de conservadurismo, de ser un carca. En el cine triunfal y del pelotazo de los años ochenta, con esa economía en crecimiento acelerado tras el susto de la crisis de petróleo, los nuevos atrezzos comenzaron a vaciarse de libros dejando espacio a latas de bebidas bailarinas, a increíbles lámparas y a cosas por el estilo, las casas comenzaron a despajarse de libros. Los despachos de los "yupis" comenzaban a vaciarse de libros, signo de la vieja guardia, y se llenaban de cosas sicodélicas y más acordes a las ideas que el cine y la TV querían reflejar y crear... y hasta los castillos medievales ya no tenían esas grandes bibliotecas sino hermosas salas de baile y habitaciones tipo Cenicienta. Llego el momento en que el único libro que se veía, con un poco de suerte, lo portaba el mago de turno o el sacerdote orondo y gordo. El libro como atrezzo, como reflejo de la sociedad cinematográfica y televisiva estaba decayendo. Pero al parecer nadie lo noto. Y así, despacio, en una pendiente descendiente que no parecía tener fin llegaron los noventa y la muerte medica definitiva del libro. Ya no se ve ningún libro en ninguna parte salvo en aquellas escenas en que se quiere remarcar algo fuera de lugar o sorprendente. ¿Quién no se ha percatado de esto en la película de acción La Roca? Recuerden solo la primera escena en que se puede ver a Sean Connery, recupérenla para su mente y fíjense... ¡libros!, una buena pila de ellos, y en que contexto... ¡en una cárcel de máxima seguridad! Quizás en el Corredor de la Muerte de los libros, esperando que nuestro nuevo siglo XXI sea el de su definitivo ajusticiamiento... o quizá contra todo pronostico el de su indulto y reinsersión en la sociedad a través de los mismo medios que hoy los condenan al ostracismo. © Juan Jose Perez-Pons Agudo 2001 |
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