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L I B R O S   E X T R A N J E R O S
Arqueología extraterrestre: The Engines of God de Jack McDevitt
Publicado en BEM 47

por Pedro Jorge Romero

No descubro nada nuevo al decir que la ciencia ficción es un género literario altamente recursivo. Es decir, las obras de ciencia ficción hablan entre sí, discuten, se corrigen y se canibalizan unas a otras. Las novelas de ciencia ficción se sostiene sobre la gran masa de obras escritas anteriormente y, en cierta forma, asumen que el lector es consciente de la existencia de esas obras anteriores. Es algo que puede comprobarse al leer una novela de ciencia ficción escrita por un autor poco conocedor del género (o, más claramente, viendo una película normal de ciencia ficción). En ese caso una o dos ideas parecen ya demasiadas y el autor se entretiene usándolas y explicándolas. Sin embargo, autor que conozca bien el género puede introducir cientos de elementos dispares con la seguridad de que la mayoría de sus lectores no se perderan durante la lectura (por ejemplo, Hyperion). Esa recursividad no ha hecho sino crecer en los últimos años. Uno, por ejemplo, puede pasar horas de diversion intentado identificar todas las referencias a la ciencia ficción clásica en Red Mars, ya sea Bradbury, Dick o Tolkien.

Y he querido comenzar así, porque este libro es curioso en ese aspecto. Al principio los extraterrestres de ciencia ficción eran poco más o menos que seres humanos con disfraz. Con el tiempo, los extraterrestres se hicieron cada vez más desperzonalizados hasta llegar a la situación de Contra el infinito de Benford donde el extraterrestre era tan remoto que se convertía a todos los efectos en una fuerza de la naturaleza o en un dios (escribí un artículo sobre esa novela y este tema para no ficción 4). Ahora McDevitt ha dado la vuelta completa y ha regresado en cierta forma al principio. Pero no en un círculo vicioso sino en una espiral virtuosa. Esta novela discute con las demás novelas y propone una visión de los extraterrestres que los acerca a los humanos sin quitarles nada de su carácter extraño.

En un momento de su entrevista en Locus (número 409) Jack McDevitt hace una afirmación interesante; hablando de los extraterrestres dice: "Las matemáticas de todos van a ser la mismas, las bases serán las mismas. Tendrás criaturas, sistemas biológicos, vida y muerte, lo que significa que tendrás perdidas, así que tendrás literatura." Es decir, los extraterrestres en el fondo tendrán los mismos fundamentos que nosotros y razones muy similares a las nuestros. Ellos también serán criaturas perdidas en un universo vasto y hostil.

The Engines of God [Los agentes de dios] trata precisamente de eso. En el mundo del futuro del siglo 23 se ha conseguido el viaje hiperespacial, pero sólo se ha encontrado una civilización extraterrestre, los habitantes del planeta Nok que están embarcados en una guerra mundial y que desconocen la existencia de los humanos. Aparte de eso se han descubierto varios monumentos construidos por los misteriosos Monument Makers que aparentemente han desaparecido. En otro planeta, Quraqua, se han encontrado restos de una tercera civilización que jamás abandonó su planeta natal pero que tenían tradiciones que hablaban de unos misteriosos Engines of God que venían del cielo y que eran conscientes de la existencia de una misteriosa construcción en su luna. Y aquí entra uno de los toques interesantes de la novela: los que estudian esos restos son arqueólogos que intentan entender su lenguaje y sus mitos para intentar desentrañar el misterio de la ciudad lunar que los humanos llaman Oz. Pero Quraqua tiene sus días contados, porque es el único planeta adecuado para la terraformación y el gobierno de la Tierra está decidido alterarlo con explosiones atómicas.

La protagonista de la novela es Priscilla Hutchins, piloto espacial que se encarga de trasladar a los arqueólogos de un sito a otro y que intenta colaborar en la resolución del misterio. Y ese misterio es en el fondo muy humano. Los esfuerzos de entender a la cultura Quraqua, que veían a los Monument Maker como emisarios de la muerte, es el esfuerzo de entender una civilización al borde de la destrucción. Y el esfuerzo por entender a los Monument Maker es el esfuerzo por entender las razones de una civilización capaz de crear imágenes como advertencia.

Nunca vemos a los extraterrestres en esta novela (de la misma entrevista: "creo que los extraterrestres son más divertidos si los mantienes a una cierta distancia"). A los Nok sólo se les nombra, los Quraqua se extinguieron y de los Monument Maker sólo aparecen restos de su tecnología (que parece seguir extraños ciclos).

El lector habrá comprendido ya que esta es una novela que juega con una variación del tema de los grandes objetos abandonados. Sí y no. Al final se descubre el misterio y se conoce la razón de Oz y de los monumentos, pero eso es sólo la resolución de la trama de la novela y no sucede realmente como clímax. Lo que a Jack McDevitt le interesa es intentar explorar la reacción de los seres humanos ante esas culturas extraterrestres tan similares a nosotros y tan distintas, también capaces de mirar al cielo y temer a The Engines of God. No habrá segunda parte para extender el misterio, porque en cuanto los personajes comprenden eso la novela ha acabado: "No me interesan los extraterrestres por sí mismos. Lo que me gusta es ver cómo somos, viendo cómo nos enfrentamos a ese tipo de cosas". La novela explora el acto humano y extraterrestre de preguntarse "¿por qué?"

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