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Más cine, por favor: Remake de Connie Willis
Publicado en BEM 49

por Pedro Jorge Romero

Remake de Connie WillisTodo lo que Alis quería era bailar en el cine. Por desgracia, en el Hollywood del futuro, lleno de ejecutivos que ya no ven películas, de gráficos generados por ordenador, de infinitos remakes con actores digitales, de cuerpos todos con el mismo rostro, y de grandes estrellas registradas con copyright, ya no hay sitio para los musicales, y menos para alguien que sólo quiere bailar.

A Connie Willis la conocemos en España básicamente por la novela El libro del día del juicio final, con la que ha ganado casi todos los premios de la ciencia ficción. Es quizás de los más interesantes usos del tema del viaje en el tiempo que hemos podido leer, con su perfecta reconstrucción de la vida en el medievo y su comparación con el mundo futuro. Pero también es una historia de amor entre padre e hija.

Y si hay tres ejes de la obra de Connie Willis son el humor, el amor y los viajes en el tiempo. En casi cualquiera de sus ficciones podemos encontrar rasgos de los tres. Ya sea el uso de la memoria para traer de vuelta el pasado, la relación de una persona con su perro, o una muestra más de los absurdos de la vida cotidiana.

Su primera novela en solitario apuntaba ya todos estos elementos. Lincoln's Dreams es una novela de caracter fantástico en el que una mujer, Annie, sueña sueños que pertenecen realmente al General Lee. Acompañada de Jeff, un investigador que trabaja para un escritor especializados en novelas sobre la Guerra Civil Americana, se embarca en un viaje en el que recorren algunos de los paisajes más importantes de aquella guerra fatal. La magia del libro está en que la novela se sale de los moldes fantásticos convencionales, derivando casi hacia el realismo mágico, y que consigue recrear la Guerra Civil Americana tan bien que parece que sucedió hace un par de día y no hace más de cien años. Al final, Annie adopta los rasgos del General Lee, empeñada por su sentido del deber en seguir soñando sueños que la matarán y que la alejarán de su amado. Mientras Jeff, en un final ampliamente presentido, acaba como el caballo del General Lee: esperando el regreso de alguien que ya ha muerto. Y todo, con algo de ironía. Una novela maravillosa (la abrí para tomar notas y no pude evitar releerla).

Uncharted Territory es ya claramente una obra humorística, heredera directa de las comedias alocadas del cine. Una pareja de exploradores deben preparar el mapa de un planeta, mientras lidian con su guía nativo y aguantan a un molesto visitante. El viaje en el tiempo está presente: los personajes ven sus vidas en una serie de televisión que reescribe su pasado, y también el amor, que es el territorio más inexplorado de todos.

Remake es de toda las obras de Connie Willis quizás la más amarga. En el mundo del futuro que representa, donde están a punto de inventar el viaje en el tiempo que aparece en El libro del día del juicio final, el cine es sólo gráficos por ordenador, donde cualquiera puede producir cualquier película y donde se puede tener a cualquier actor, vivo o muerto. En ese mundo se pueden retocar las películas para hacer desaparecer cualquier droga, a eso precisamente se dedica el protagonista, para satisfacer todo puritanismo. Un Hollywood donde ya no se hace realmente cine.

Ante un mundo así, hay dos posibles respuesta. Se puede ser Tom, y adoptar un aire cínico y despreocupado. O se puede ser Alis, que sólo quería bailar en la películas, especialmente con Fred Astaire, y dedicar todas las energías a ese fin. La cosa se complica cuando Alis desaparece de la vida de Tom y este empieza a encontrársela en viejas películas, bailando en distintos números musicales. El libro adopta entonces un aire irreal, porque todas las posibles explicaciones (un truco, un viaje en el tiempo, un error...) quedan descartadas. Aunque sería fácil de imitar por ordenador, queda claro que ella, de alguna forma, lo ha logrado realmente. El lector vacila durante varias páginas entre suponer que está ante una fantasía o aguardar la explicación racional.

De todos los personajes, Tom es quizás el que más gana al final (a pesar de la separación). Comprende que en cierta forma, siempre hay un camino para hacer realidad los sueños. Que en cierta forma, el Hollywood avaro y estúpido del futuro puede ser redimido. Que existe una forma de hacer lo que quieras cuando nadie te deje, como Alis lo consiguió, y de realizar un trabajo que valga la pena. Que a Casablanca se le puede dar un final feliz que no sea una estupidez.

Alis y Tom no pueden estar juntos (la propia Connie Willis se los explicará). Ella se va a China, allí hacen todavía películas de verdad. Y él se queda a esperar, frente al monitor, viéndola bailar con Fred Astaire.

Me incliné, para mirar el rostro que llevaba grabado desde aquella primera noche en la puerta, el rostro que reconocería en cualquier parte. Siempre nos quedará Paris.

—Adelante tres fotogramas y para –digo, y ella me envía una sonrisa de placer, llena de promesas infinitas.

—Adelante en tiempo real –digo, y allí está Alis, tal como debe estar, bailando en las películas.

Ella sólo quería bailar en la películas, y finalmente encontro la forma de bailar realmente con Fred Astaire. Él sólo la quería a ella (y a las películas). A ellos siempre les quedará Paris. A nosotros, supongo, siempre nos quedará el cine y Remake, esta amarga historia de amor a la películas y al arte.

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