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L I B R O S E X T R A N J E R O S Extraviado en la metafísica: Distress de Greg Egan
O no leer a Greg Egan, uno de los mejores autores de ciencia ficción actuales y el gran hombre de las ideas. Uno de esos autores recientes que saben combinar el rigor de la ciencia ficción dura y de la extrapolación sobre los últimos descubrimientos, en este caso especialmente la biología, la matemática y la informática, con las necesidades narrativa de la buena literatura. Axiomatic es, por ejemplo, una de las más apasionantes antologías de cuentos que he leído nunca. Cada historia parte de un hecho científico, algunos de ellos bastante esotéricos y matemáticos, para reflexionar ya sobre la ética de la investigación médica en "Blood Sisters", las posibilidades de los conjuntos de medida cero en "The Infinite Assassin", la eugenesia en "Eugene", la naturaleza de nuestras creencias en "Axiomatic", el verdadero amor en "A Kidnapping" o la naturaleza última del yo en su cuento más impresionante "Learning to be Me". En total 18 cuentos apasionantes. Sus novelas son igualmente impresionantes. Quarantine es la historia de una catástrofe cuántica donde la existencia del observador altera la realidad. Permutation City parte de la posibilidad de crear copias informática de las personas, centrándose especialmente sobre como la consciencia humana se distribuye en el tiempo, y de la teoría de autómatas universales para crear una historia que explora la naturaleza de la realidad con tal rigor que Dick parece un aficionado a su lado. Distress es la tercera de esas novelas. Aunque son independientes unas de otras, están relacionadas por lo que Greg Egan llama "cosmología subjetiva". Andrew Worth es un periodista sensacionalista. Al comenzar la novela lo encontramos realizando un reportaje sobre los métodos policiales. Para resolver algunos crímenes la policía resucita temporalmente a la víctima para interrogarla. Algo sale mal en este caso y el muerto comprende que realmente está muerto (este episodio por sí solo vale toda la novela). Ése es sólo uno de los reportajes dentro de una serie que Andrew prepara (otro incluye un millonario que está cambiando las bases de todo su código genético para volverse inmune contra todos lo virus, o un grupo que reclama su derecho a ser autistas). Andrew está harto de su trabajo y consigue que lo envía a Stateless una isla artificial anarquista donde Violet Mosala va a anunciar, dentro de una conferencia de física, una teoría del todo que explicará todos los fenómenos del universo. Andrew se encuentra inmediatamente en medio de una conspiración para matar a Mosala. ¿Quiénes son los asesinos? ¿El culto de la ignorancia? ¿El grupo llamado tecnoliberación? ¿O serán los misteriosos antropocosmólogos que dicen que aquel que formule una teoría del todo hará que el universo exista de principio a fin? Mientras tanto, una misteriosa enfermedad, Distress, asola el planeta. Descubriremos al final que está relacionada con la teoría del todo. Greg Egan aprovecha todas esas ideas y bastantes más, que dan a su futuro una sensación de variedad y vitalidad muy realistas, para tratar muchísimos temas: la ética de la investigación biológica, el carácter internacional de la ciencia más allá de nacionalismos (Mosala en una mujer de África y se la acusa de hacer ciencia blanca y no africana) que también podría aplicarse a la ciencia ficción (en Australia se debate si la ciencia ficción debería ser más autraliana), pronombres políticamente correctos y, por supuesto, para perderse un poco en la metafísica y especular sobre la naturaleza del universo. Greg Egan ha sabido revolucionar, posiblemente sin darse cuenta, la ciencia ficción de una forma callada. Tan callada, que mucha gente no se ha dado cuenta, a pesar que los críticos de Locus dicen de él que es uno de lo mejores escritores de ciencia ficción actuales (y lo es, lo es). Para leer su ciencia ficción hay que estar dispuesto a entrar en un mundo de rigores intelectuales donde las especulaciones están sólidamente fundamentadas para contar una historia muy humana. Durante años por venir muchos escritores de ciencia ficción volverán una y otra vez a la obra de Greg Egan para aprender, mientras, con suerte, él seguirá escribiendo. Hay quien opina que la ciencia ficción está muerta. Quien así dice simplemente no ha leído a Greg Egan.
Publicado en BEM 52 (agosto-septiembre, 1996) |
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