Hablé hace un par de número de
una antología de las mejores historias del año. De lo que no
hablé fue de una sorprendente ausencia en aquella antología.
Me refiero a la novela corta “The Ziggurat” de Gene Wolfe (está
en la otra antología de lo mejor del año, Year’s Best
Science Fiction editada por David G. Hartwell), una historia sobre viajes
en el tiempo y objeto siniestrado. Bastante normal todo, pero la capacidad
narrativa de Gene Wolfe, y especialmente la cuidadosa construcción
del personaje central, un hombre solitario y egoista, la convertía
palabra por palabra en la historia mejor escrita del año. Y ésa
es la primera característica de Gene Wolfe, una cuidadosa capacidad
estilística que le permite insuflar nueva vida en temas y argumentos
aparentemente ya agotados.
Su otra característica especial es la necesidad,
para disfrutar enteramente de ellas, de descifrar sus historias. No porque
éstas tengan una lectura más allá de la aparente, lo
que sucede con todas las novelas y obras de arte, sino porque hay detalles
narrativos importantes que el lector debe descubrir por sí mismo.
Por ejemplo, eso sucedía en La quinta cabeza de Cerbero,
una obra maestra indiscutible, cuando intentamos deducir el nombre del
protagonista de la primera historia. Referido durante toda la narración
como número 5, hay sin embargos pistas que apuntan a su apellido:
al comienzo busca un libro de su padre en la biblioteca y lo hace bajo una
letra determinada, y posteriormente hace una referencia a la conexión
entre su apellido y la imagen representada fuera de su casa. No se trata
de un ejercicio ocioso, porque descubrir su nombre (información que
se completa con el nombre de su tía) nos permite descubrir quien era
número 1. (Esto sin olvidar Peace, soberbia novela
fantástica y, creo, que tristemente sin publicar en España,
en la que primero hay que descubrir que el protagonista está muerto
y que como fantasma recorre su vida en la memoria).
El ejemplo más perfecto de esas dos
características de la obra de Gene Wolfe se daba en la monumental,
apasionante y genial El libro del sol nuevo. El arranque de la historia
de Severian, hombre de memoria perfecta que fue, es o será el Conciliador,
parece presagiar una novela de fantasía a pesar de los primeros indicios
que apuntan ya a la ciencia ficción, o al menos a la ciencia
fantasía. Adentrarse en el mundo de Urth guiado por la prosa
soberbía de Gene Wolfe es de por sí apasionante, pero más
aun es intentar resolver todos los enigmas que plantea la obra: por ejemplo,
¿quién es la madre de Severian? o comprender que Severian está
lejos de ser una persona de fiar y que su memoria no es tan perfecta como
él pretende.
The Book of the Long Sun [El libro del sol
largo] es una nueva incursión en el mundo de Urth. Formado por cuatro
novelas –Nightside the Long Sun, Lake of the Long Sun,
Caldé of the Long Sun y Exodus from the Long
Sun– y con una continuación prevista titulada provisionalmente
The Book of the Short Sun, The Book of the Long Sun es
una recreación de la idea de la nave generacional que durante siglos
vaga por el espacio acercándose lentamente a su destino y cuyos viajeros
han olvidado ya la razón original del viaje y la naturaleza real del
mundo en el que viven. Una idea más vieja es difícil concebir,
y sin embargo Gene Wolfe se las arregla para llevarla hasta niveles no alcanzados
antes, sólo por el esfuerzo de una cuidadosa construcción que
sostiene magistralmente la obra durante cuatro volúmenes. El Whorl
(como su habitantes llaman a la nave) está descrito en toda su rica
complejidad, dando la sensación inmediata de ser una comunidad tan
compleja como nuestro propio planeta.
La trama se refiere a Silk, patera de una comunidad
religiosa que adora a un conjunto de dioses modelados según las
personalidades de un viejo rey de Urth y su familia, que un día recibe
la iluminación del Outsider, posiblemente el verdadero Dios, que le
anima a intentar salvar su templo de la destrucción. Comienza así
una carrera para reunir el dinero necesario, de forma que poco a poco Silk,
convirtiéndose primero en ladrón, se encuentra inmerso en el
entramado político de Viron hasta llegar a convertirse en Caldé
de la misma. Poco a poco, descubre además que la nave llegó
a su destino mucho tiempo atrás y que el sol largo, la llama de
fusión que recorre el eje del Whorl, está sobrecalentándose
(debido a un golpe de estados entre los dioses, que existen como programas
de ordenador y que se manifiestan en grandes pantallas). A las necesidades
más inmeditas de gobernar su ciudad, defenderla de las invasiones
extranjeras, y buscar la verdadera naturaleza de su religión, Silk
debe además preocuparse de comenzar el desembarco antes de que la
situación de la nave se haga fatal.
Quizá The Book of the Long Sun no
esté a la altura de El libro del sol nuevo. Quizá,
como dice la Encyclopedia of Science Fiction, no sea Gene Wolfe
el autor más original de la ciencia ficción, pero hay una
originalidad que trasciende la creación de dispositivos novedosos
y consiste en la habilidad para reunir elementos conocidos de forma nueva.
The Book of the Long Sun parece un cruce fructífero entre
Heinlein y el Robert Graves de Yo, Claudio. En esos términos,
es una lectura apasionante, divertida y entretenida. Aunque no quede muy
claro al final realmente de qué trata toda la historia. Sin embargo,
yo sopecho que Gene Wolfe ha realizado su último truco autorial y
que The Book of the Long Sun no es más, ni menos, que la
historia de un hombre en busca de su Dios.