Uno de los cuentos más más hermosos de
Charles Sheffield es «A Braver Thing». Dos amigos de la infancia
se convierten en físicos de renombre. Uno de ellos es un hombre ambicioso
que desea subir en el escalafón académico. El otro, es un hombre
atormentado cuyos resultados son productos más de la intuición
que de la reflexión. Sus vidas se separan, pero se cruzan de nuevo
cuando el segundo no puede soportar más sus problemas psicológicos
y se suicida, dejando una teoría que permitiría el viaje a
velocidades superiores a la de la luz. El primero la presenta como suya,
después de todo, su amigo estaba muerto sin descesdencia, y gana por
ella el premio Nobel. Todo el relato está contado por él mismo
durante la ceremonia, cuando ha tomado la decisión de contarlo todo
en su discurso final; un acto de valor. Ese cuento resumía la pasión
y los pesares de la investigación científico, en un par de
personajes perfectamente dibujado, uno de ellos en la distancia, y con un
dilema moral permeándolo todo.
Lo comento porque una de sus últimas novelas,
Tomorrow and Tomorrow [Mañana y mañana], me ha recuperado
ese aspecto de Charles Sheffield. Se trata de otra historia de pasión,
pero en esta ocasión es el amor de Drake Merlin, músico de
talento, por su esposa Ana. Ana se está muriendo de una extraña
enfermedad incurable (no hay casos suficientes para justificar la búsqueda
de una cura), y Drake concibe un arriesgado plan. Hará congelar a
su mujer justo antes de su muerte, y luego, diez años después
y convertido en millonario y uno de los grandes expertos en la música
de su tiempo, el también será congelado. Su esperanza es que
en el futuro alguien se sienta intrigado por sus conocimientos musicales
y decida despertarle, dándole así la oportunidad de hacer lo
mismo por su esposa Ana y quizá curar su enfermedad.
Y el plan funciona y Drake despierta 500 años
en el futuro, pagado por Leon, un estudioso de la música del siglo
veinte que desea su ayuda para completar su obra de toda una vida. Pero Ana
no puede ser curada. Así que Drake escapa de nuevo al futuro, robando
el cuerpo de Ana que se encuentra en la luna Caronte y una nave espacial
que le permitirá un viaje relativista hasta la estrella más
cercana y de vuelta. Pero durante el viaje comete un error. Para reforzar
su propósito, abre el contenedor de su esposa para volver a verla,
con el resultado de dañar su cerebro. Cuando regresa a la Tierra,
la tecnología de otros varios cientos de años lo más
que puede ofrecer es la clonación de Ana y permitir a Drake que vuelva
a dormir en busca de otro futuro en que su verdadera esposa pueda volver
a la vida.
Comienza así una serie de despertares en futuro
cada vez más remotos. En uno de ello le informarán que su cuerpo
ya no puede seguir congelado, que los efectos cuánticos lo acabarán
destruyendo y que su mejor opción es pasar a almacenamiento
electrónico. Y no, Ana sigue sin poder ser resucitada. Pero hay una
esperanza. El universo ha resultado ser cerrado, y según algunas
hipótesis científicas, es posible que en su final se produzca
la acumulación de toda la información total del cosmos, incluyendo
la personalidad de Ana. Y en ese punto, quizá sea posible recrearla
tal y como fue. Y con esa esperanza, Drake vuelve a dormir. Dormir hasta
el sorprendente final en el punto que lo contiene todo.
Sheffield ha hecho algo realmente extraordinario: ha
creado una novela de ciencia ficción que recorre la historia del cosmos
desde el siglo XXI hasta el final del universo, pero lo ha hecho conservando
la unidad narrativa y dándole siempre al lector un punto de referencia
al que anclarse. Pero no ha sacrificado por ello la lógica, y ése
es uno de los puntos más interesantes de la obra. En uno de los
despertares más tristes, Drake debe ayudar a defender la galaxia de
una amenaza exterior. La humanidad del futuro, tan evolucionada electrónica
y mentalmente que casi no es humanidad, es incapaz de luchar una guerra porque
esos rasgos belicosos de la naturaleza humana ha desaparecido. Drake, pacifista
cuando era de carne y hueso, es para ellos un superguerrero y un maestro
de la estrategia militar. Pero ¿cuánto tiempo llevaría
luchar una guerra a escala galáctica? Millones de años,
naturalmente. Y eso es lo que sucede, con Drake clonándose y
reproduciéndose interminablemente para atender a todos los frentes
(ahora no es más que una personalidad electrónica). Y cuando
la guerra termina, debe atender a todos los huérfanos del conflicto:
los billones, trillones, de copias de su personalidad que vagan por ahí,
integrándolos nuevamente en él mismo, con las consecuencias
que ello conlleva.
Pero lo más extraordinario de todo es que la
novela no llega a las 400 páginas. El esfuerzo de concisión
conservando la amplitud temática es extraordinario. Porque realmente
se nos cuenta por el camino la historia de varios aspectos de Drake: la
patética historia del cuerpo físico resucitado, la aventura
de una de sus copias electrónica perdida en una galaxia lejana y que
tarda tanto en volver a casa que el universo ya se encuentra en
contracción. Tomorrow and Tomorrow es una de esas novelas
que se toma la ciencia ficción y a sus lectores completamente en serio.
Un esfuerzo que merecía haberse premiado con un Hugo.