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M E N E T E K E L Mis (t)errores favoritos: Traductor, traidor 27/11/2000 Me debo estar volviendo viejo y engreído, porque cosas que antes no me afectaban demasiado, más bien me las tomaba como anécdota que contar, ahora consiguen sacarme de quicio. De verdad. Prueba de ello es toda la parrafada que le dedico al asunto de la traducción en la reseña de Vurt. Aunque el asunto de Vurt es comprensible por los contextos y lenguajes empleados, que pueden ser o no familiares a un determinado traductor, el cual hará las cosas con mayor o menor capacidad sin que ello suponga una prueba definitiva sobre su competencia general. Pero… Las traducciones al español que encuentro en las grandes editoriales empiezan a alterarme de verdad. Sigo siendo un miserable que no tiene que vérselas con ningún juez de su trabajo, y por tanto puede que no tenga la experiencia necesaria para juzgar objetivamente un asunto como el de la traducción, pero mi madre tampoco (ni siquiera sabe inglés) y eso no le impidió montarle una buena bronca al creador de esta página, Jorge P. Romero [nota del creador: Se trata, evidentemente, de un chiste. Mi nombre es Pedro Jorge Romero. Jorge es apellido] por su labor en un libro de la colección Nova. De todas formas, el punto de vista de mi madre es completamente defendible (ruego me disculpen si empiezo a sonar como Norman Bates hablando de su mamá): es una cliente que ha adquirido un producto y al disfrutar de él se encuentra con que tiene defectos de fábrica difícilmente achacables al diseñador original. Romero escondió el bulto en esa ocasión poniendo por delante de él a un zombie empresarial llamado corrector de estilo. Y también tiene razón, porque se supone que esa figura (junto con la del corrector de galeradas) son los encargados de medir la calidad del producto antes de su puesta en circulación, así que si el fallo es muy evidente, la culpa no es sólo (supuestamente) del traductor. Y sin embargo… Mi error favorito de todos los tiempos, por ahora, es el de Miles Vorkosigan sintiendo que lleva pintado un "ojo de buey" en el casco en medio de un tiroteo al que se expone temerariamente (Danza de espejos). Es lo surrealista del asunto lo que me llama poderosamente la atención de este fallo en particular. El favorito reciente de todo el mundo (hasta que llegue el próximo) es ese "barata pero excitada" que lleva un libro bastante malo (en mi humilde opinión) a casi los estantes en la librería donde está colocada la colección "La sonrisa vertical". Humor involuntario, llamaba a esto mi profesor de lingüística. Terror, diría yo, ya que parece que ni un contexto explícito (el texto original) es suficiente para detener a un traductor enloquecido dispuesto a vengarse en el infortunado lector que pille a mano. Quizás el mejor (y más "barato" en ambas su original y nueva acepción) ejemplo lo encontrará un lector con conocimientos de inglés al leerse Nocturno de Dean R. Koontz. Un supuesto thriller que sólo empezó a darme escalofríos cuando me dediqué a re-traducir al inglés y luego al español unas cuantas construcciones que me parecían demasiado extrañas (incluso para Koontz). Las construcciones (tal y como las recuerdo) eran de este tipo: (el protagonista a su perro) "respiras como un perro, pero te quiero". (el hombre corrió agachado por entre la basura) "hacia un Dumpster". (al teléfono) "sabía que era un extranjero porque hubiese reconocido la voz de un amigo". Y así unas cuantas. El ejercicio para el lector de esta página puede ser perfectamente explicar por qué demonios no aparecen en el texto cosas tales como: "tienes aliento de perro, pero te quiero" "hacia un contenedor de basura" "sabia que era un extraño" que casan mejor con los contextos, aunque por ejemplo la primera sea casi una traducción literal de una frase hecha, pero, eso sí, más comprensible que la que aparece en el texto editado en español. Después de todo, uno puede pensar que este caso no es demasiado relevante, ya que la obra de Koontz no está destinada precisamente a pasar a la posteridad o al Olimpo de los dioses (yo particularmente sólo le pedía que fuese entretenida). Uno puede pensar que otras obras, que se pueden considerar de más relevancia en otras editoriales o en otras líneas editoriales, serán tratadas más competentemente. Error. En el caso más reciente, la traducción de Haciendo historia de Stephen Fry en Espasa, una editorial "sólida y de prestigio" me ha reservado un par de desagradable sorpresas. Resulta que el protagonista de la obra, Michael, al cambiar la historia también a eliminado del español la palabra y el país "Líbano", porque si no, no me explico qué es un "Cedro del Lebanon". Tampoco entiendo porque un joven "físico" se está labrando una carrera como "médico de pueblo". Y en el mundo original que describe la novela (el que se parece al nuestro), tampoco debe existir la ciudad italiana de Pisa, ya que en ese mundo lo que ha escrito Ezra Pound son los "Cantos Pisan". Más humor involuntario. O más terror, porque esto demuestra que el mensaje original de La invasión de los ladrones de cuerpos o de El día de los muertos vivientes es completamente cierto. Están en todos lados. Nos rodean. No hay escapatoria. Así que, cuando se lleven algo para leer a su casa, examínelo detenidamente, porque puede usted puede ser la próxima víctima. © Xavier Riesco Riquelme 2000 |
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