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O P I N I Ó N La planta de Stephen King 12/2/2001 Quizá nadie lo haya intentado con tanto fervor como Stephen King, y quizá nadie con tantas posibilidades de éxito como Stephen King. Después de todo, su carrera de escritor está llena de jugosas anécdotas: que si en una ocasión cobró un dólar como derechos de autor, que si en una ocasión realizó una gira promocional, en moto, para firmar en pequeña librerías independientes, que si se atrevió a escribir una novela por entregas... Por tanto, era natural que decidiese probar suerte en Internet. Un hombre al que parecen sobrarle las ideas bien podía dedicar una pequeña parte de su tiempo a divertirse con una nueva forma de distribuir su obra. El primer intento fue Riding the Bullet que tenía el defecto de exigir un programa especial para su lectura y cuya encriptación fue inmediatamente desbaratada por los hackers. Para el segundo intento, recuperó la idea del serial, hay que mantener al público enganchado, y ofreció unas condiciones más interesantes. Bastaba con descargar cada parte, pagarla luego, y si el número de compradores se mantenía por encima de un cierto porcentaje, la historia seguiría, en caso contrario, el autor lo sentía mucho pero tendría que dejarlo. No es un sistema nuevo. Después de todo, los programas shareware han actuado de forma similar durante mucho tiempo, algunos de ellos con gran éxito. De igual forma, uno era muy libre de bajarse cada capítulo de The Plant, pero se confiaba en el honor de cada uno para realizar el pago correspondiente (pago que se efectuaba a través de Amazon.com). Nada de códigos especiales, nada de encriptación, simple y pura confianza en la honradez humana. Después de colocar en Internet la sexta parte, gratis, Stephen King dejó de escribir The Plant. Mi percepción, y supongo que la de muchos, era que el experimento había sido un fracaso y que al no haberse logrado los objetivos previstos, el autor lo abandonaba. Imagino que era así por la imagen generada por la prensa, a la que nada gusta más que hablar sin parar de la última moda, e Internet en la visión pública lo es, para luego contarte lo falso que esa moda, como el torrente actual de noticias y opiniones sobre lo mal que va Internet. Por tanto, recibí una buena sorpresa al pasarme por la página web de Stephen King y encontrarme con el informe de gastos e ingresos de The Plant. Los resumo. Los gastos de poner The Plant en Internet fueron de 257.616'34 dólares, es decir, unos 45 millones de pesetas. De ellos, unos 24 millones dedicados a la publicidad, dos millones y medio al diseño y otros dieciocho millones para el hospedaje web. Los ingresos fueron de 721.448'61 dólares, unos 126 millones. Resultado: un beneficio neto de 463.832'27 dólares, o, es decir, más de ochenta millones de pesetas (al cambio actual). Claro, para Stephen King ochenta millones de pesetas debe ser como calderilla en el bolsillo. Aún así, por cualquier definición, la aventura de The Plant debe considerarse un éxito. El autor no sólo no ha perdido dinero, sino que, en unos pocos meses, casi ha triplicado su inversión inicial. Y eso con una historia que dormitaba en un cajón desde hacía veinte años porque a su autor no se le ocurría cómo continuarla. Evidentemente, pocos autores son Stephen King, capaces de movilizar a su gran base de lectores para llevarlos hasta su página web y hacerles pagar un dólar por capítulo. Pero también es evidente que muy pocos se han atrevido a hacerlo. De hecho, Stephen King ya anuncia que The Plant volverá a Internet en cuanto termine con otros compromisos. ¿Significa esto que cualquiera puede publicar su obra en Internet y ganar millones? No, claro. Estamos lejos todavía de la literatura-shareware. Pero quizá demuestre que después de todo no es imposible y que pequeños mercados en Internet pueden obtener beneficios. (Eso sí, no esperen leer en la prensa noticias sobre personas que ganan dinero en Internet, que las hay; no encajan con el paradigma actual.) Los autores que quieran acceder a la publicación en Internet tendrán todavía que enfrentarse a muchos retos, aunque posiblemente el legado del experimento de Stephen King pueda ayudarles: Amazon Honor System. Pero de eso les hablaré la próxima semana. © Pedro Jorge Romero 2001 |
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