El archivo de Nessus

RESEÑAS | ARTÍCULOS | COLUMNAS | REVISTAS | ENTREVISTAS

Pedro Jorge Romero

Tito en el espacio
21/05/2001

Harry Potter y la caverna de Saramago
12/03/2001

La planta de Stephen King
12/2/2001

¿Qué hacemos ahora con El archivo de Nessus?
13/11/2000

El futuro ya no es lo que era
9/2/2000

Todas las columnas de Opinión

O P I N I Ó N
El sombrero de Amazon.com
26/02/2001

por Pedro Jorge Romero

¿Cómo se paga una página web? Pues muy mal, la verdad.

El problema (vale, uno de los problemas) de una página web es la imposibilidad de cobrar. En el mundo real, la cosa es relativamente simple. Uno crea su producto, por ejemplo, una revista de comentarios de libros, y va por ahí a venderlo. El comprador da su dinero y a cambio recibe un objeto físico. También recibe información, sí, pero en principio es un objeto físico.

En la web, la misma situación no se da. Uno va navegando por Internet y toda la información está ahí disponible para quien quiera cogerla. Sólo se intercambian intangibles, y la impresión inicial es que los intangibles no hay que pagarlos. Los intentos de vender información en Internet por lo general han fracasado, excepto en los campos de la información financiera especializada y, claro, la pornografía.

Por tanto, las páginas web de contenidos, como El archivo de Nessus, recurren a distintos esquemas para financiarse y pagar, al menos, los costes de alojamiento. El más habitual es la publicidad, aunque sólo páginas con un gran número de visitas pueden realmente sacarle provecho. También es habitual un programa de afiliación, en el que una página pone en contacto a un visitante con un posible producto para su compra, y a cambio la página recibe una pequeña comisión si la venta se produce.

(En las reseñas de El archivo de Nessus es habitual encontrar enlaces a librerías. Si un lector compra el libro, nosotros recibimos una pequeña comisión por la venta. Por tanto, una forma de ayudarnos es comprar ocasionalmente algún libro entrando en la librería por alguno de nuestros enlaces.)

Otro posible esquema, muy prometedor, es la sindicación de contenidos. La página vende sus contenidos a otros sitios web para su inclusión. Por ejemplo, alguna página educativa podría estar interesada en incluir alguna de nuestras reseñas de libros científicos. En ese caso, no tendría más que pagar una pequeña cantidad, mucho menor que el coste de producir el contenido por sí misma, y hacerse con los derechos de reproducción.

Y otra solución es simplemente solicitar una aportación. Pasar el sombrero, vamos. Solicitar que aquellas personas que disfruten del sitio web y que encuentren su contenido útil o interesante, realicen una pequeña donación para su mantenimiento.

Es problema está en que es muy difícil cobrar pequeñas cantidades en la web. Dejando de lado los problemas técnicos de establecer un sistema de cobro por Internet, las comisiones bancarias y de las tarjetas de crédito se comerían cualquier posible ganancia. Eso, sin contar con el problema añadido de convencer al donante de la protección de sus datos.

Ahí tienen, por ejemplo, el caso de Stephen King del que les hablaba la semana pasada por lo de su planta. Pedía un dólar o dos por capítulo, pero ¿cómo cobrarlos? Pues muy fácil, a través de Amazon.com.

Una opción, todo hay que decirlo, muy inteligente. Muy posiblemente, los lectores de Stephen King dispuestos a leer The Plant eran compradores de libros por Internet y por tanto también era probable que hubiesen usado Amazon.com en alguna ocasión. De esa forma, Stephen King resolvía dos problemas de un plumazo: cobrar una pequeña cantidad por su obra en Internet y superar la desconfianza ante el pago on-line.

Quizá fruto de todas estas experiencias (o quizá no), Amazon.com desveló hace poco su sistema de pago por "honor". En una página web que lo use aparece una cajita de Amazon.com solicitando una cantidad de dinero (normalmente muy pequeña) como contribución al mantenimiento del sitio web. Si se pulsa en el botón correspondiente, salta uno a la página de Amazon.com donde se puede "comprar" esa donación como si de un producto cualquier se tratase (incluyendo, la posibilidad de pedir una devolución del dinero).

De esa forma, páginas sin estructura comercial pueden recibir pequeñas aportaciones, e incluso, cobrar por algunos contenidos específicos, sin preocuparse de ningún detalle técnico. Desde el punto de vista del usuario, la situación también tiene sus ventajas, porque si lo desea puede seguir disfrutando del contenido sin pagar, o de decidir hacerlo puede depositar su confianza en una entidad razonablemente de fiar como es Amazon.com. La situación es análoga en el caso de esas actuaciones callejeras en las que uno deja caer unas monedas en el sombrero o no, pero sabiendo siempre que no arriesga más que eso.

¿Qué gana Amazon.com? Pues mucho, para ser sinceros. No sólo se queda una fuerte comisión sobre los cobros realizados, sino que además, su nombre aparece en todas las páginas web que usen el sistema, con lo que eso implica para la visibilidad de la marca. Además, Amazon.com intenta obtener beneficios durante este año 2001 y su Honor System podría ser uno de los pilares para conseguirlo.

¿Qué gana el sitio por usar Amazon.com? Primero, la posibilidad de contar con la posible contribución de los casi treinta millones de clientes de Amazon.com en todo el mundo. Hay otros sistemas para cobrar pequeñas cantidades en Internet, pero ninguno puede presumir de tales cifras de usuarios. Segundo, obtener algunos ingresos para cubrir los gastos de la página que, a pesar de las comisiones del sistema, serían mayores que de no ofrecer esa posibilidad.

Es mejor dar algunos ejemplos. Aquí tienen al SETI Institute Online, que través de ese sistema puede pedir contribuciones menores (10 dólares) frente a la donación habitual que realizan sus miembros (45 dólares). O el caso de Killfrog.com, que ofrece divertidas animaciones online (y cuyo lema, para solicitar la donación es "¡por favor... no queremos tener que buscar trabajos de verdad!").

Ahora, el lector podría hacerme dos pregunta. ¿Estaría yo, Pedro Jorge Romero, dispuesto a realizar una contribución usando ese sistema? ¿Pondría yo, Pedro Jorge Romero, una cajita similar solicitando donaciones para El archivo de Nessus?

Respondiendo a la primera pregunta, no sólo estaría dispuesto a pagar, sino que dos horas después de conocer la existencia del sistema ya había hecho una pequeña contribución, la que pedían, a mi página web favorita (www.useit.com). Aunque otros no parecen tenerlo tan claro, como es el caso de la periodista Michelle Slatalla que en su artículo "Thanking web sites, with cash" no encuentra ninguna razón para pagar. Después de todo, argumenta, ¿por qué pagar por algo que es esencialmente gratis?

Y como respuesta a la segunda pregunta, pueden apostar que lo haría. Si la cajita no aparece en El archivo de Nessus a estas alturas es simplemente por limitaciones del sistema que lo restringen a Estados Unidos.

Una página web incurre en muchos gastos ocultos, desde los relativos al alojamiento físico y el ancho de banda, hasta el trabajo de sus colaboradores. Muchos de ellos no se podrán cubrir nunca, pero otros es posible limitarlos mucho. Ninguna de las formas que he señalado aquí cubrirá todos los posibles costes de una página web como ésta, pero al menos se puede intentar.

Y por otra parte, es agradable saber que uno se puede convertir en mecenas a golpe de tarjeta de crédito y pagando sólo un dólar, ayudando a sostener un sitio web que nos guste o nos ofrezca un servicio.

Boletín de informaciónSUSCRÍBASE A NUESTRO BOLETÍN

NOVEDADES EN LA PÁGINA
El señor Mee de Andrew Crumey
Grupo abeliano de Cid Cabido
El técnico de sonido de Marcel Beyer
Dioses menores de Terry Pratchett
Baudolino de Umberto Eco
Estrella doble de Robert Heinlein
Drácula desencadenado de Brian W. Aldiss
La estación de la calle Perdido de China Miéville

PRINCIPAL | RESEÑAS | RECOMENDADOS | ARTÍCULOS | COLUMNAS | REVISTAS | ENTREVISTAS