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| Pedro Jorge Romero: ¿Por qué comenzaste
a escribir?
Rafael Marín Trechera: La verdad es que nunca me lo he planteado. Sí sé cuándo, y hasta cómo: En tercero de bachillerato (plan antiguo), el profesor de literatura nos mandó hacer una obra de teatro a cada alumno. Yo hice dos, una de humor y otra épico-medieval. Le cogí gusto a la cosa y continué escribiendo después, ya novela. Empecé así, directamente, con la novela, sin pasar por los relatos. Naturalmente, nunca acabé nada. Mis influencias entonces eran las novelas de a duro (curiosamente, la que más me gustaba de todas resultó ser de mi ahora entrañable amigo Angel Torres Quesada, también gaditano), y el Flash Gordon de Dan Barry (más que de Raymond), incluyendo algún que otro personaje sacado directamente de Jack Kirby: ¡Qué difícil era inventar sin que se notaran las influencias! PJR: ¿Por qué ciencia ficción?
PJR: ¿Cuales eran tus ambiciones? RMT: La fama, la gloria en vida, el éxito. Supongo que cuando empecé en esto tenía muchísima más confianza en mí mismo y creía que el "mundo exterior" era menos estreñido, más dispuesto a reconocer mis cualidades. Ingenuo como soy, aunque ni yo me lo crea (también soy tímido, pero no se lo creen ni mis alumnos), tenía una visión de escritor made-in-Hollywood: Esas películas donde el chico de provincias lleva el libro al editor, y en el siguiente plano se ve ya publicado y en los escaparates, la gente comprándolo, pidiéndole autógrafos... Lo que no es. Como le escribí en la dedicatoria que le hice a un amigo poeta de Lágrimas de luz: Lástima que la literatura sea una cosa pequeño burguesa y bastante cutre. PJR: ¿Escribir sirve como valor catártico? ¿Te enseña algo sobre tu propia personalidad?
PJR: ¿En qué sentido tu vida te impulsó a la escritura, puedes indicar alguna tendencia temprana?
PJR: ¿Cómo te llega la inspiración? RMT: La inspiración, para mí, no existe. Existe el trabajo, la constancia, el rodaje. Una cosa es la idea, la chispa, el petardazo que te puede llegar en cualquier momento, y luego otra muy distinta es ponerte a rellenar hojas y hacerlo con un mínimo de calidad y de coherencia. Las ideas pueden ser geniales, pero si no están bien escritas no hay nada que hacer. PJR: ¿Hasta que punto se te puede conocer por lo que escribes?
PJR: ¿Escribes a varios niveles? ¿Hay mensajes ocultos en tus escritos?
RMT: Hay muchos matices, muchísimos, tal vez demasiados. Yo
no pongo una palabra al azar, me lo pienso mucho. Escribo para mí,
y así me va. Si eres lector de ciencia ficción, entenderás
sólo una parte de Lágrimas de luz. Si nunca has leído
a Umbral, por ejemplo, te perderás muchos matices en las escenas
lírico-eróticas. Si crees que la fantasía heroica debe
ser una repetición machacona de Conan y lo peor de El señor
de los anillos, entonces La leyenda del Navegante te parecerá
un plomo y una mierda. PJR: Me comentabas que durante dos años no pudiste escribir nada que no pareciese salir de la boca de Hamlet Evans. ¿Te sucede lo mismo con todos tus personajes?
RMT: De momento, sólo con Hamlet, aunque es cierto que
después de La leyenda del Navegante no he escrito más que algunos
relatos sueltos, de temática "normal", y una novelita corta situada
en el mismo universo narrativo de Lágrimas de luz. Con Hamlet
me quedé completamente vacío, y tardé muchísimo
en escribir algo nuevo. PJR: ¿Puedes describir tu estilo, o tu carencia del mismo? Me comentabas que al principio aspirabas a escribir cada cuento en un estilo completamente diferente, sin embargo yo resaltaría que muchos de tus cuentos están escritos en primera persona, por ejemplo.
RMT: Mi estilo ha ido cambiando, no sé si conscientemente o
no, según lo que haya tenido que escribir: Acido, cortante y burlón
en "Nunca digas buenas noches a un extraño"; poético y rebelde
en Lágrimas de luz; recargado y casi renacentista para ir
estilizándose en La leyenda deal Navegante. Y luego los relatos
son más pintorescos: llenos de tacos y expresiones vulgares en "Un
payaso arrepentido", completamente descriptivos y no narrativo en "Nocturno",
erótico-reflexivo en "La luna pálida"... yo que sé.
Siempre he querido creer que cada relato debía tener su tempo, su
estilo, su forma de ser contado que debía ser esa precisamente y no
cualquier otra. Me ha pasado, por ejemplo, con una historia que lleva cuatro
o más años rondándome en la cabeza: "Ebano y acero",
monólogo estilo "Un payaso arrepentido" de un trabajador-esclavo negro,
ahora convertido en mendigo sin piernas, que cuenta la historia de una huelga
salvaje en una mina del espacio. Había que escribirlo tal como
teóricamente hablaría un negro analfabeto y completamente alienado:
"emana, emana, ven, asme un fabó, dale al pobesito Yundibé
una limonna, emana". Como si lo escribiera Ivá el de la Puta Mili. PJR: ¿Hay algún tema recurrente en tus escritos?
RMT: No lo sé. Lagrimas de luz estaba lleno de
pretensiones, de ganas de hacer literatura, de trascendencia. Sin embargo,
La leyenda del Navegante es simplemente una fantasía cotidiana,
donde todo es muy pastel, muy pre-rafaelista, muy Barry Smith, donde no hay
grandes soliloquios ni grandes juicios de valor. PJR: ¿Puedes describir la rutina que sigues para escribir?
RMT: No sigo ninguna rutina, entre otras cosas porque soy muy vago
y ahora con la excusa de las traducciones escribo más bien poco.
Lágrimas de luz la escribí enterita en la cocina de
mi casa, todas las tardes, desde las cinco o las seis hasta las nueve de
la noche, en nueve meses sin interrupción. Los relatos varían:
lo mismo los hago (o los hacía) de una sentada que paso años
sin acabarlos. La leyenda del Navegante la empecé hace un
montón de años, pero no la continué hasta que no le
cogí el truco al estilo y tuve ya el ordenador, y entonces
prácticamente hacía unos cuatro o cinco folios al día. PJR: ¿Tienes algún tipo de libreta para las ideas interesantes que se te ocurren?
RMT: No. Todo lo almaceno en la cabeza. Una novela que no escribí,
"Y sobre estas piedras" (no te cuento de qué va por si me la plagian,
que siempre queda la posibilidad de escribirla algún día),
empecé a apuntarla en una libretita la mar de mona. Lo dejé
cuando me dí cuenta de que en realidad estaba escribiendo ya la historia
en plan light y sin llegar a la altura. PJR: ¿Tienes alguna superstición sobre la escritura? RMT: Ahora sí. Cuando se habla de las cosas, se chafan. El puñetero Lágrimas de luz tardó una enormidad en publicarse, y no puedo por menos que pensar que se debe a que lo fui pregonando a los cuatro vientos. Lo de La leyenda del Navegante clama al cielo. El mismo amigo poeta que citaba antes me pidió algo para una revista de por aquí, Fin de Siglo. Como me pedían tres folios y no tenía nada escrito, le llevé un fragmento de la novela que en esos tres folios tenía más o menos una unidad temática. Y el tío escribió, delante de mis narices: "Fragmento de La leyenda del Navegante, novela de próxima publicación". Recuerdo que mi sentido arácnido vibró en ese mismo instante. Terminé el libro un par de años después y por ahí lo tengo, sin que nadie quiera publicarlo. Me lo gafó, el hijo de su madre. PJR: ¿Te molesta la soledad que implica el escribir, o te molestaba? RMT: Todo lo contrario, me encanta. Soy muy charlatán, muy abierto y comunicativo, pero en el fondo soy muy apagadito, muy metido en lo mío. Cuando me pongo a escribir, la soledad es necesaria y a mí me viene bien. Habría que preguntar a la familia si no les molesta. PJR: ¿Tienes necesidad de discutir tu trabajo con alguien? RMT: Tengo necesidad de que me mimen, de que me quieran, de que me alaben, supongo que como todo quisque. La vanidad. Pero luego te pones a conversar de lo que haces con los amigos y te das cuenta de que cada uno te sale con una manía propia distintiva y ve lo que haces en virtud de eso, así que prácticamente da igual discutir o no. Siempre he sostenido de quien más sabe de lo que hace es el propio autor, no el crítico. PJR: ¿Cuál es la historia más difícil que has escrito? ¿Por qué?
RMT: Cada una tiene su dificultad, el cogerle el ritmo, el estilo,
la música, el tempo que decía antes. "La luna pálida",
por aquello de contarlo en primera persona de reflexivo, haciendo cosas que
uno no puede hacer por pura imposibilidad física, rompiendo las reglas
de la gramática pero respetándolas: "Me beso los labios, dobles
manos mis manos me acaricio", etc. PJR: ¿Investigas mucho antes de escribir un libro o un cuento?
RMT: Más que investigar, lo que hago es plasmar inquietudes
o cosas que me interesan. Lo que tiene de fácil la ciencia ficción,
al menos tal como yo la escribo, es que no tienes que documentarte sobre
cómo eran las monedas en el siglo XVIII, a cuánto estaba el
kilo de pan en el Madrid de la postguerra, qué programas de radio
eran más populares cuando Azaña era un bebé. Tú
eres dueño y señor de lo que haces (porque de ciencia sé
bien poco) y te ahorras un montón de problemas. PJR: ¿Has dejado de escribir definitivamente? Si es así, ¿podrías explicar qué razones te han llevado a tomar esa decisión?
RMT: No creo. Hombre, que uno siga aquí y que después
de cuatro años de escribir un libro que tú sabes es bueno y
al que calidad literaria le sobra y ves que se te va a pudrir entre las manos
porque nadie quiere publicarlo, cuando lo hacen con auténticas bazofias,
siempre jode, y muchísimo. Pero no creo que deje de escribir, lo que
pasa es que ya no tengo veinte años y la vida te va imponiendo un
montón de puñeterías contra las que entonces te rebelabas:
tienes que buscar un trabajo, llegas cansado a casa, hay que casarse, cuesta
un fortunón comprar un piso... Las traducciones te ayudan a estar
en contacto con el mundillo editorial, te dejan dinero, pero te roban mucho
tiempo. Y te planteas si merece la pena (que creo que sí), partirte
los cuernos trabajando en un libro equis meses sabiendo que como mucho vas
a ganar cien mil pelas, lo van a leer tres gatos, va a durar tres meses en
las librerías y después si te he visto no me acuerdo, cuando
en un mes te traduces un libro que te deja tres veces esa cantidad, con mucho
menos esfuerzo. Es triste que para vivir de la literatura en este país
haya que ser traductor y no creador, pero... PJR: ¿Te afectan las críticas?
RMT: ¿Existen? No he leído una sola crítica "formal"
a mi trabajo (me parece que, entre esta entrevista y la reseña
autobiográfica de Lágrimas de luz, mi mejor crítico
soy yo). Las conversaciones de amiguetes psé, uno ya sabe a qué
atenerse. Y que zanjen tu trabajo con una frasecita o dos renglones en un
fanzine o un periódico, no sé si es serio o no. Además,
he descubierto que cada uno te sale por peteneras, juzgando el libro según
sus propias neuras, por lo que no es. Si eres hard, que Lágrimas
de luz no tiene base científica; si eres pro-monstruero, que
tal personaje de La leyenda del Navegante no se vuelve malo porque
a él le gustaría así y santas pascuas; si te gustan
las batallitas nada más, que Hamlet charla mucho de chorradas que
no tienen que ver con la historia; si esperas leer Conan Bis que Salther
(el protagonista de La leyenda del Navegante) no mata a sangre
fría y es más bien tontito... PJR: ¿Volverías a escribir? RMT: En cuanto tenga tiempo. PJR: ¿Cómo te afecta lo que escribes? RMT: No lo sé. A veces me pongo de malos humos. Cuando escribo estoy en otro mundo. Si el personaje es cínico, me da por el cachondeo, si el personaje es triste, me deprimo. No al revés: es decir, el personaje no es cínico porque yo esté de cachondeo, ni me sale triste porque yo esté deprimido. Es justo al contrario (ya te comenté la historia de la cicatriz y el accidente). PJR: ¿Qué escritores te ha influencia más? ¿Han influido en tu estilo tus estudios de Filología Inglesa? ¿Te ha influido traducir?
RMT: Robert Howard, a un nivel muy remoto y principante. Raymond Chandler
(curiosamente, sólo había leído, en versión original
eso sí, Farewell, my lovely cuando hice "Nunca digas buenas
noches a un extraño", luego me tragué todo lo demás).
Francisco Umbral y Vargas Llosa en lo puramente estilístico y literario.
Stephen King (el relato larguísimo "A tumba abierta", modestia aparte,
está hecho conscientemente como si hubiera sido escrito por King;
claro que él lo habría hecho en una semana y yo tardé
año y medio). No sé, muchos autores. Todo lo que no es
traición es plagio, ¿no? Todo lo que uno lee se le queda dentro,
en mayor o menor medida. Y en mi forma de escribir y de contar hay influencias
que no sólo se deben a la literatura. Stan Lee, Harold Foster, los
comics en general, el cine... PJR: ¿Podrías describir cómo haces tus traducciones? RMT: Enchufo el ordenador, cojo el diccionario, abro el libro y a empezar. Normalmente, siempre llevo leídos un par de capítulos por delante de lo que hago. Me gustaría poder leérmelo entero antes de meterle mano, pero no da tiempo. Luego, una vez terminado, repaso y pulido general. A veces, me despierto por las noches (o sueño) con un término más apropiado para una palabra intraducible o caigo en la cuenta de algún error que se me ha colado. La manía americana de inventar palabros raros (caso de Radix o Neverness) me trae loco. PJR: ¿Te gusta traducir? RMT: Me gusta mucho, si no fuera así no estaría traduciendo, pese a que está bien pagado. Me sirve de aperitivo creativo y, además, es casi tan divertido como escribir cosas propias. Lo único que me jode es que, después de cuarenta y dos libros que llevo hasta ahora (aparte de descubrir que la vida media de un libro es de tres o cuatro meses, nada más, ya puede ser una auténtica virguería), te tienes que contentar con lo que te echen, y a veces son auténticas bazofias que no hay quien se trague. Y uno piensa que tienen que pagarle al traductor, comprar los derechos, pagarle al destructor (perdón, corrector) de estilo, linotipista... qué sé yo. Un libro sale por un pico y a veces yo, que lo estoy traduciendo, lo estoy interpretando, le estoy poniendo mi voz (y a veces mi estilo; lo más bonito que me han dicho de Tom O'Bedlam, por ejemplo, es que parecía que lo había escrito yo) me doy cuenta de que es un rollo patatero que no interesa a nadie pero que hay que publicar cualquiera sabe por qué, posiblemente para cubrir el expediente y los autores españoles muertos de hambre. PJR: En una ocasión dijiste algo así como que no te interesaba la ciencia y la tecnología, ¿podrías extenderte un poco sobre eso? ¿En que sentido lo dijiste?
RMT: Vamos a ver... Supongo que te referirás a mi
autointroducción en Máser. No es que no me interese
la ciencia (vivo en este siglo, ¿no?), lo que pasa es que, en literatura,
me interesan más los personajes, las ideas, que los inventitos y los
gadgets y las clases resumidas de ciencia cuando son sólo eso, una
clase donde el asimov de turno demuestra lo mucho que sabe y lo difícil
que va a resultarle al tonto de fulanito comprender su novela a menos que
haga un master por correspondencia. La literatura es otra cosa, al menos
para mí. Claro que yo siempre pienso en literatura como mayúscula
(aunque no lo escriba) y parece que en el género eso es poco menos
que tabú. Para ser escritor lo primero que hay que hacer es saber
escribir, ¿no? PJR: ¿Cómo ha afectado el hecho de escribir a tu personalidad y a tu vida? RMT: No puedo contestar a esa pregunta. No me lo planteo. soy lo que soy, que decía Popeye. Soy muy mío. Muy Original, muy protestón, muy inconformista. No puedo imaginarme sin escribir. No sería yo. PJR: ¿Cómo te relajas en tu tiempo libre? RMT: Entre clases y traducciones, yo diría que no tengo tiempo libre más que el justo para descansar sin que me de el telele (término andaluz, supongo, que debería adoptarse para traducir el ánglico stress). Pero, cuando no estoy metido en harina, he conseguido hacer un arte de no hacer nada. PJR: ¿Podrías decirnos uno de tus vicios secretos? RMT: Soy más comilón que bebelón: Antes tenía una cinturita de avispa y ahora... Leo tebeos por un tubo, más que libros (mea culpa, mea culpa). Me gusta ir al cien los lunes por la tarde, cuando no hay nadie, sentarme en la fila veinte sillón uno y poner los pies en el asiento de delante. Mi pero manía es que me arranco los pelillos de la barba: Todavía no he conseguido un apurado de anuncio. PJR: ¿Puedes describir un poco tus nevos proyectos, o algo que hayas escrito y no haya visto la luz?
RMT: ¿Aparte de La leyenda del Navegante, honra y prez
de las letras hispánicas, joya incunable que algún historiador
descubrirá para su gloria en el siglo veintiuno? (No puedo hablar
de un tocho de setecientas páginas sin echarme a llorar ni
destriparla). PJR: ¿Qué opinas de la ciencia ficción española? ¿Crees que es posible la existencia de una ciencia ficción española? ¿Qué opinas de los fanzines?
RMT: La verdad es que lo últmo que he leído ha sido
la trilogía de las islas de Angel, versión manuscrito, y como
el puñetero después me utiliza como conejillo de indias y cambia
las cosas de un libro a otro no recuerdo los libros tal como luego han salido
(he jurado que no volveré a leer nada suyo hasta que no esté
impreso, joder, que después no me entero de nada). Estoy deseando
leer el libro de Mundos en el abismo, aunque con eso de que es hard,
me temo que va a costarme entenderlo. PJR: ¿Cuál podría ser la solución para la ciencia ficción española?
RMT: Vengo diciendo desde hace años que el día menos
pensado un advenedizo cualquiera ganará los muchos kilos del Planeta
con una novela de ciencia ficción, y entonces él al menos se
forrará (no sé los demás). A lo mejor se produce un
boom autóctono y todo. Pero o sé si eso será una
solución o no. PJR: ¿Te mantienes al corriente de lo que se hace en ciencia ficción española?
RMT: En novela sí. En relato, no demasiado. No hay sitio donde
publicar (hace falta más que nunca otro Nueva dimensión),
y ya he dicho que no me llega ningún fanzine (menos no
ficción y BEM) desde hace años. Ese es el
gran mérito que tienen los fanzines, mantener al personal enterado
y en contacto, servir como Hispacón impresa. PJR: ¿Te reafirmas en lo que expresaste en tu carta abierta que apareció en Nueva dimensión? RMT: No sólo me reafirmo, sino que ahora es aún pero: Antes, al menos, había un Nueva dimensión al que escribir cartas abiertas... PJR: Para terminar, ¿cuál es en tu opinión tu mejor trabajo? RMT: No desprecio casi nada de lo que he hecho. En relatos, el que más quiero es "La luna pálida". En novela, La leyenda del Navegante me parece mucho mejor escrita que Lágrimas de luz, siendo completamente distinta, aunque de entrada sea menos grandilocuente y no haya querido dejar al público decir la última palabra. |