por Pedro Jorge Romero
El que esta novela se publique en una colección de literatura juvenil ha hecho que fuese ignorada por los lectores de ciencia ficción convencidos de que no era una novela de este género. Ha sido tan dejada de lado que ni siquiera apareció en la papeleta de votación de los últimos premios Ignotus. Es una pena, porque se ha ignorado una muy interesante obra.
La acción arranca en la segunda mitad del siglo XVI en la América de la conquista española. El protagonista es un niño mestizo llamado Ancay, o Diego, que finalmente es admitido a la casa de su padre (después de que la mujer legal de éste muera en un parto). Lo curioso de la América imaginada por Rafael Marín Trechera es que en ella las leyendas que hablan de extraños seres y fabulosos tesoros son ciertas. Los protagonistas pronto se ven en una expedición en busca de la Montaña del Trueno, un lugar de maravillas y magia, guiados por el mapa tatuado en la espalda del misterioso Sebastián.
La trama del libro es relativamente sencilla. Se trata de una historia destinada esencialmente a entretener, pero sin olvidar por ello la precisión histórica ni la calidad literaria. En estos aspectos, el libro es un buen trabajo. La prosa es elegante aunque está lejos de la exuberancia de La leyenda del Navegante. éste es el comienzo de la novela:
Todos los días, desde el cobertizo, veía pasar a caballo a mi padre. Alto y fornido a lomos de su corcel negro, con la coraza de oro y pluma roja de su tocado bailando al compás de los cascos de su montura, don Rafael de Estrada y Purullena, mi padre, corregidor de la región que ahora llamaban Nueva Toledo, parecía un dios barbudo y bizarro venido del otro lado del océano. Yo nunca había cruzado con él más que dos palabras.
El autor nos va metiendo poco a poco a lo largo de un párrafo en la piel de su protagonista. La dominación española, la inferioridad de los indios, los deseos de Ancay por conocer a su padre... todo está en ese primer párrafo. Sin olvidar el anzuelo de la última frase que nos introduce definitivamente en la acción en los problemas del personaje. Aunque ésa es simplemente la buena labor que se espera del autor de una obra magistral como La leyenda del Navegante. Simplemente, Rafael Marín Trechera sabe cuando la escritura debe ser más rápida, más titubeante, más precisa, más corta o más morosa para acomodarse a lo que se está contando.
Al libro sólo se le puede poner una pega. La justificación de la historia no está a la altura de un autor de ciencia ficción. Funciona perfectamente en una novela destinada a un público que no es lector habitual de ciencia ficción (como, de todas formas, debe ser el caso de una colección juvenil) pero es quizá demasiado simple para un lector habitual del género.
Estamos en suma ante una de las buenas novelas de autores españoles de ciencia ficción que se han publicado recientemente.
El final del libro promete otras muchas aventuras por venir (Ancay cuenta desde el futuro) y podría ser el comienzo de la serie. Esperemos que Rafael Marín se decida a continuar las aventuras de Ancay y Miraguano a publicarlas.
© Pedro Jorge Romero 1994
Pedro Jorge Romero (Arrecife, 1967) es licenciado en física, pero realmente se dedica a traducir, a la programación web y a escribir ocasionalmente. Ediciones B ha publicado recientemente su primera novela, El otoño de las estrellas, escrita en colaboración con Miquel Barceló.