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El temor de la Fundación
Gregory Benford Valoración del libro: 3.5 Valoración de la reseña: Regular En primer lugar decir que aún tengo muy reciente la lectura de este libro, y aún no me he recuperado del susto... porque Benford quiebra la primera norma de todo autor que se adentra en un Universo creado por otro: Quiebra la coherencia interna del mismo. Cierto es que en algún caso el propio Asimov había metido la pata, pero estos errores eran peccata minuta: Tardé mucho tiempo en darme cuenta de que existían, y la mayoría de ellos podían ser debidos a la ignorancia del propio mensaje... Podemos pasar por alto el hecho de que Trántor genere sus propios alimentos (Asimov había dicho que procedían de "25 mundos agrícolas". Pero de ahí a meter agujeros de gusano, y limitar los viajes hiperespaciales por culpa de eso mismo es grave. La tecnología, y todo lo que el Salto asimoviano implicaba tenían mucho que ver en la historia que se contaba, no sólo en la Serie de la Fundación, sino en toda la Serie Asimoviana. Lo de los extraterrestres y su exterminio tampoco tiene perdón de Dios. Un conocedor medio de la obra asimoviana sabe a qué es debido. La Serie Asimoviana tiene su inicio en un libro de 1953 llamado El fin de la Eternidad, donde la Humanidad viajaba por el Tiempo, pero no por el espacio. Para no chafar a los que no la hayan leído el final, decir que al final se cambia el pasado para que la energía dedicada a la investigación del viaje en el tiempo se dedique a la ingeniería nuclear, con todas sus implicaciones. Sin embargo, en dos ocasiones aparecen alienígenas en la obra asimoviana: En Némesis una forma de vida unicelular ocupa todo un planeta, y es un ser pensante (Asimov la menciona de pasada en su última novela de la Fundación: Hacia la Fundación, así que aunque en el prólogo de Némesis decía que no pertenecía a la Serie, pues a última hora debió cambiar de idea). En su cuento corto "Cefeo 18", aparece una raza extraterrestre que vive en ese planeta, de donde son "extraídos" por los agentes del Imperio Galáctico para su estudio. El final del cuento es una maravilla, y hace que el final de la Serie de las Fundaciones tenga un matiz un tanto siniestro. En este marco los extraterrestres (o lo que sea) benfordianos no están demasiado justificados, y parecen más bien una excusa para que Voltaire y Juana de Arco no aparezcan demasiado "desconectados" del relato principal. Porque esa es la gran tara de El temor de la Fundación: Los capítulos impares son un (buen) cuento de Serie de las Fundaciones, y los pares un (aceptable) cuento ciberpunk. Es una lástima que Benford se pusiera a mezclarlos, puesto que la historia de Juana y Voltaire daba para un libro completamente independiente (el amigo Riquelme dice que así es), pero aparece metida con calzador y su interés para la comprensión de la historia que narra el libro es bastante secundario (y si no, prueben a leerse el libro saltándose estos episodios). Un apunte más, esta vez acerca de Sark: Es la capital de un Imperio comercial que competía con el primitivo Reino de Trántor en el libro de la Serie del Imperio Las corrientes del espacio. Volver a El temor de la Fundación
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