Neverwhere
Neil Gaiman
Avon Books. Nueva York. 1998. ISBN: 0-380-78901-9
Valoración: 2.5
Impreso de http://www.archivodenessus.com/rese/0139/
por Xavier Riesco Riquelme
Gaiman es un fabuloso narrador de historias. Pero por ahora no es un novelista. Lo que no quiere decir que este libro sea malo, sino que le falta algo más que el estupendo cuento de hadas que cuenta para llegar a la altura, paradójicamente, de las otras narraciones de Gaiman. Quizá la razón está en una de las reseñas favorables de este libro citada en la contraportada: "... muy visual" (Minneapolis Star Tribune). Precisamente teniendo en cuenta que la mayor parte de la narrativa de Gaiman se ha expresado a travás del cómic y que esta misma novela es el proyecto de serie de televisión de Gaiman, quizá lo que pasa es que el medio se queda corto para lo que el autor quiere hacer: la descripción de un mundo de horror, aventura y magia justo debajo de lo mundano. Y la necesidad de tener que elegir entre ambos mundos una vez probado lo fantástico. La otra posibilidad es que directamente sea un producto para los incondicionales de Gaiman, donde ásten todas las cosas que se le dan bien hacer para solaz de sus fans y punto. Tambián es cierto que ásta es la primera novela en solitario de Gaiman, esta vez sin la mano de Pratchett (Buenos presagios) y por tanto posiblemente sea un proyecto personalmente más ambicioso en el campo de la prosa.
La historia, más o menos, es la siguiente: Richard Mayhew (cuyo nombre se prestará a todas las permutaciones posibles a lo largo de la novela) viaja a Londres, se establece allí, vive allí, trabaja allí, va a casarse y un día todo su esquema mental cambia de arriba a abajo con la irrupción, proveniente del subsuelo de esa ciudad, de una petición de ayuda en la forma de una joven perseguida por un implacable enemigo. En la mejor tradición del cuento de hadas moderno, Richard se baja de la acera (literalmente) y hace de caballero blanco y se encuentra metido en medio del lío, quiera o no. Como debe ser, la estructura del fantástico como realidad invasora -a amar o temer, según se quiera, pero imposible de dejar de lado.
Gaiman describe un Londres subterráneo, un mundo que por su propia naturaleza excluye al Londres de Arriba, cuyos habitantes no pueden ver lo que sucede bajo sus pies. Y lo describe con inventiva, con ingenio y con bastante humor. No hay que preocuparse demasiado por los personajes, dado el tipo de narración ástos encajan por sí solor: La niña-princesa en apuros (Lady Door), el hároe renuente (Richard), el bribón (el marquás de Carabás, aunque normalmente se parezca más al gato con botas), los siniestros perseguidores divertidos e increíblemente malvados (Mr. Vandemar y Mr. Croup), el mercenario (Hunter)... y toda la variada tipología de secundarios, buenos, malvados e indiferentes que necesita una historia de este tipo: los que hablan con las ratas, la gente del mercado flotante (que se celebra en cualquier lado, incluyendo los almacenes Harrod's), el viejo Bailey, vendedor de pájaros, el duque (Earl) y su corte, señor feudal de las líneas de metro... todo lo necesario, en suma. El sentido de los maravilloso en esta novela proviene, sin embargo, de la literalidad: Gaiman coge literalmente los nombres de las estaciones de metro -normalmente viejos nombres ingleses compuestos como Knightsbridge o Earlcourt- y nos propone que el mundo inferior sea un reflejo de esos nombres (aunque el caso de Knightsbridge sea un juego de palabras: night y no knight).
Sin embargo, como decía en el primer párrafo, pese a que el libro es ameno, brillante a veces, con un cierto sentido del humor y un estupendo final de revelaciones, batallas desiguales y heroísmo de último momento, carece de algo para ser redondo. Es probable que haya demasiadas referencias sin clarificar a otras zonas del Submundo, pero eso suele añadir complejidad a la representación mental que se hace el lector; la descripción de objetos, ambientes y personas es adecuada, aunque algo más de extensión sobre algunos puntos sería deseable. Quizá lo que más me rechine en la maquinaría novelística ser la facilidad narrativa con la que Richard acomete ciertas tareas, la Ordalía para conseguir la Llave de Islington (un ángel, anteriormente encargado de la Atlántida) o la caza de la Bestia Bajo Londres (un cerdo monstruoso), aunque se nos diga que es sólo una persona normal en un ambiente excepcional.
A lo que más recuerda esta novela sería a un curioso cruce entre Bosque mitago de Robert Holstock y Dentro del laberinto de Jim Henson, moviándose entre lo mítico y lo brillante del cuento de hadas.© Xavier Riesco Riquelme 1999
Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.