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Portada de Fundación y caos de Greg Bear
Valoración: 3 1/2 estrellas de 5

Ediciones B. Colección Nova ciencia ficción nº 124. Barcelona. Junio 1999. Título original: Foundation and Chaos (1998). Traducción: Carlos Gardini. ISBN: 84-406-9291-9

Fundación y caos

Greg Bear

por Xavier Riesco Riquelme

La segunda parte de la nueva trilogía de la Fundación. Esta vez le toca el turno a Greg Bear de meter la pluma en el universo creado por Asimov, despuás de El temor de la Fundación de Gregory Benford. Comparada con los fuegos de artificio de la mencionada primera novela de la serie, Fundación y caos parece a primera vista bastante más aburrida, pero la gracia de esta novela está en la sutilidad con que juega con las premisas del universo asimoviano para contar otra aventura del -ahora- venerable en su senectud Hari Seldon.
Harí Seldon se prepara para enfrentarse a un juicio por traición ante la comisión de Seguridad Pública, organismo encargado de velar por los intereses de la comunidad. El grado de intranquilidad de Seldon es bastante bajo: los resultados de este juicio han sido previstos por Seldon usando sus ecuaciones psicohistóricas (así como el lector sabe que Seldon no es condenado porque la Fundación es un hecho inamovible del universo narrativo en el que se desarrolla esta historia). Sin embargo, hay factores que las ecuaciones de Seldon no pueden integrar. Uno de ellos es precisamente el que va a ser el motor de esta novela. Si Benford nos presentaba autómatas, extraterrestres y a Juana de Arco y Voltaire, Bear coge un hecho importante en el futuro de la Fundación para moldear la historia: los poderes mentales que darán origen al Mulo, amenaza imprevista y casi fatal para la Primera Fundación. Ésta es la historia -entre otras cosas- de los primeros psíquicos humanos en el universo de la Fundación y de cómo servirán a los planes del inefable R. Daneel Olivaw; mientras Seldon empieza a comprender las limitaciones de su psicohistoria frente a fenómenos impredecibles como ástos. Pero aún hay más. Si Benford nos presentaba entidades memáticas que vivían en el sistema informático de Trantor, inteligencias artificiales ni humanas ni robóticas que claman venganza contra un antiguo crimen robótico, Bear nos sorprende con una revisión de la historia robótica oficial del universo según la cuenta Daneel. Empiezan a aparecer diferentes facciones de robots, sectas en el más estricto sentido religioso, cuyas diferencias radican en las interpretaciones que hagan de las Tres Leyes de la Robótica o en la adopción de la Ley Cero. Así Calvinistas -adherentes de las tres leyes sin modificar, seguidores de Susan Calvin- llevan batallando durante milenios en una guerra civil mecánica contra los Giskardianos (por R. Giskard, primer robot con facultades psíquicas de la
historia) de Daneel. La ironía de la situación es deliciosa: una guerra de religión entre robots donde los Calvinistas -pese al nombre- son el equivalente de los Católicos frente a la reforma Protestante de Daneel (cuya facción es la dominante en la galaxia). Y para acabar de rizar el rizo, la presencia de la última católica del universo, la personalidad reconstruida de Juana de Arco, declaradamente de parte del apostata Daneel mientras el racionalista Voltaire se dedica a jugar a otro juego con las leyes de la robótica…
Porque para acabar de liarla, un nuevo factor se introduce en la ya tensa situación entre humanos, psíquicos, robots y entidades de todo tipo:
Un robot, Lodovik Trema, que ya no debe obediencia a las Tres Leyes y descubre que tiene su propia opinión acerca de las manipulaciones de Daneel y de lo que ha hecho durante los últimos veinte mil años en nombre del supuesto bien de la humanidad.
Lo más brillante de esta novela quizás sea el título. "Caos" es el elemento introducido en el universo imperial por los mundos que experimentan un renacimiento tecnológico ya a finales de la decadente era imperial y que acaban en desastre absoluto. "Caos" es la situación contra la que ambas fundaciones tendrán que luchar en el futuro, lo imprevisto y salvaje de la naturaleza humana -una naturaleza que Seldon entiende que ha sido modificada por algo más que las manipulaciones de Daneel. Para que la creatividad tenga resultados tan desastrosos, hay algo en el pasado de la humanidad que Daneel oculta. Sin embargo, la novela no habla del caos, sino todo lo contrario. Habla de la Ley. La Ley del Imperio, por ejemplo, según la cual Seldon será juzgado por traidor, de las Leyes Robóticas y sus implicaciones para las comunidades de robots que llevan milenios en guerra por disputas de carácter casi teológico (despuás de todo los dioses existen para los robots: los humanos). Y las Leyes de la psicohistoria de un Seldon que repentinamente comprende que existen factores en el universo que amenazan al trabajo de toda su vida y posiblemente el futuro de la humanidad. Así, esta novela no habla sobre la expansión del Caos, sino acerca de los límites de las Leyes que gobiernan a las entidades sentientes, -robots, humanos…- en el universo asimoviano, siendo el Caos del título lo que yace más allá de las limitaciones de esas leyes, un enemigo implacable que es lo que causa la falta de creatividad, no esas Leyes impuestas como salvaguarda.

Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.

OTRAS OBRAS DE GREG BEAR

Su opinión:
Sin duda, no hay nada como Asimov - Pablo

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