El triunfo de la Fundación
David Brin
Ediciones B. Septiembre 2000. Título original: Foundation's Triumph (1999). Traducción: Rafael Marín. 400 páginas. PVP: 2.900 pesetas (17,43 €). ISBN: 84-406-9722-8.
Valoración: 4
Impreso de http://www.archivodenessus.com/rese/0142/

por Xavier Riesco Riquelme

La nueva trilogía de la Fundación tiene una extraña lógica interna que va más allá del hecho de que sean tres escritores diferentes tratando de consensualizar narrativas sobre el trabajo de un cuarto. Si el primer libro de la serie, El temor de la Fundación, era en tono de farsa, con bastantes momentos de humor y finales explosivos, el segundo, Fundación y caos, se decantaba por un aspecto más de drama y un humor más crepuscular, como corresponde a un a la biografía de un Seldon ya envejecido, presentando más problemas que soluciones en ese complicado universo que construyen Bear, Benford y Brin. Brin, el encargado de cerrar el ciclo, hace que este último libro de la serie tenga directamente la tragedia como motivo existencial, al menos hasta el final en el que se cierra el circulo con un nuevo optimismo.

La tragedia en este caso comienza rápidamente cuando Seldon, ya en sus últimos años, llega a una terrible conclusión acerca del trabajo de su vida: sea cual sea el destino final de la humanidad, su Fundación, su proyecto de una civilización resistente al Caos y al mismo tiempo creativa y osada, no es el futuro. Seldon lee el futuro para su desesperación -una desesperación ya aparente hacia el final del libro anterior- sólo para descubrir que aunque su Segunda Fundación pueda meter en cintura los impredecibles poderes mentales sueltos en el universo humano por culpa de Daneel -o que ocurren como reacción inmunológica del cuerpo de la humanidad contra la manipulación de los robots que pueden afectar mentalmente a los humanos, según otra teoría- la sociedad futura que sus ecuaciones dictan en última instancia es irrealizable.

Evidentemente Daneel es consciente de esto y tiene un plan propio para el futuro humano. Un plan que el lector de la serie original ya conoce, porque como Seldon, ya ha leído ese futuro.

Pero hay más tragedia. Está la tragedia de toda una sociedad galáctica que es mantenida ignorante de sus orígenes -la amnesia presentada por Bear- y donde la creatividad es descorazonada en nombre de la estabilidad. La tragedia de un grupo de humanos y robots que destruyen, por diferentes razones, la última esperanza de recuperación de ese pasado olvidado y gloria de la humanidad. La tragedia de todas las formas de vida no terrestres erradicadas de la galaxia para que la humanidad -sin que sepa el drama que se desarrolla delante de sus narices- tenga espacio donde expandirse a costa de la diversidad biológica e intelectual. La tragedia de los mundos como Madder Loss, Sark o Ktlina que experimentan la libertad de la verdadera creación sólo para acabar entre llamas y destrucción, víctimas de un enemigo al que no comprenden aunque piensan que simplemente es una extensión del conservador status quo del imperio que reprime su libertad.

En esta última narración Hari Seldon se embarca en su ultima aventura, una búsqueda de los últimos factores que integrar en su conocimiento del futuro aunque sólo para satisfacer su eterna curiosidad, una búsqueda en la que intervendrán diferentes facciones de robots -los Calvinistas introducidos por Bear, Lodovik Trema, robot y hereje no limitado por ninguna Ley- humanos - los vengativos supervivientes de un mundo renacentista tomado por el caos, dos representantes camuflados (¡sorpresa!) de dos grupos humanos que han averiguado (o heredado) el conocimiento sobre la historia secreta de la galaxia y sus guerras ocultas- y algunas otras entidades que no son fácilmente definibles -un chimpancá asesino de robots, por ejemplo o los ubicuos Voltaire y Juana, hilos conductores junto con Seldon de toda la serie aunque su papel sea secundario. Entre esos factores que Seldon busca y necesita encontrará…la Tierra, la última manipulación de Daneel para con la humanidad y la posibilidad de ver, personalmente, cómo será ese futuro en el que un tal Golan Trevize acepta el ofrecimiento de una mente planetaria como alternativa a las sociedades, inherentemente caóticas según el esquema de Daneel, de la Fundación.

Brin cierra magistralmente este experimento narrativo, especulando, cerrando preguntas y presentando creaciones propias dignas de los dos libros anteriores y engarzando en su libro tanto los Límites de la Fundación como otros relatos de Asimov tales como Un guijarro en el cielo, Las corrientes del espacio, "Callejón sin salida" o En la arena estelar, dándole a Seldon un paseo por el pasado antes que por el prometido futuro, en una ironía comparable a la de Bear y su "Caos", cuando de lo que habla es de la Ley. Mención especial merece ese fragmento de una obra de teatro trantoriana llamada "Soles, como Motas de Suciedad", que homenajea/parodia a Asimov dentro de su propio universo. De hecho la presencia de Asimov dentro de esta narración es afín al papel que jugaba el ya largo tiempo muerto Seldon en los cuentos de la Fundación: la figura del mentor ya desaparecido que, sin embargo, sigue guiando un universo entero. Un bonito homenaje.

Y ese final, donde Seldon recupera una confianza que dejó de tener al principio de la serie y le apuesta a Daneel que después de todo el trabajo de su Fundación servirá para algo más que como mera distracción en el interregno entre una sociedad humana y otra algo más que humana.

Puede que la Fundación psicohistórica o la Segunda Fundación mentálica no sean la semilla del futuro.

Pero había otro trabajo que hacer aparte de regir el destino de la humanidad. La excusa de la Fundación para existir frente a la burocracia del imperio de Trantor.

Seldon le apuesta a Daneel que dentro de mil años habrá todavía vendedores de enciclopedias.

De ejemplares de la Enciclopedia Galáctica.

Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.