Bienvenidos al caos. Este parece ser el tema de este libro de Priest, un escritor especializado en usar el lenguaje y la percepción como arma contra sus lectores. Si en The Prestige había un inteligente truco de magia en las páginas de un diario, en esta novela que asaltara a sus lectores y los perseguirá como un fantasma el truco está en el mismo sitio: la narración. Si The Prestige fuera un arma -de filo- The Affirmation sería entonces una bomba de muchos megatones.
La premisa del libro es bastante simple: Peter sinclair atraviesa una crisis personal y decide escribir su autobiografía. Peter Sinclair se vuelve loco y su biografía es algo que escapa al entendimiento de todos los que le conocen. Y he aquí el meollo del problema: ¿Qué es la autobiografía de Peter Sinclair? ¿Una invención? ¿Un metatexto? ¿Nada? Sinclair está guiado en su intento de plasmar su vida sobre el papel por dos motivaciones contrapuestas: un intento de sacar a la luz la relación de él, Peter Sinclair, con el mundo y sus objetos, de aclarar qué le conecta a él con las figuras de su vida y una creencia en una "verdad superior" en la que resuenan ecos del romanticismo inglés: lo bello es verdadero porque es bello, entonces lo ficcional -como el caso de la novela en si- es verdadero en un nivel que no tiene nada que ver con el de los hechos. Así Peter Sinclair en el intento de definirse a si mismo se pierde irremediablemente en una vida que no es la que otras personas creen que no le pertenece.
Dos veces.
Porque hay un Sinclair que vive en Londres y que relata la vida de un Sinclair en el Archipielago del Sueño y una biografía de este Sinclair del Archipielago que cuenta cosas sobre Londres. Ambos mundos son antitéticos para Sinclair: la verdad de uno destruiría la verdad del otro. Y dos veces hay que reconstruir a Sinclair a través de su narración ambas debido a una voluntaria destrucción de ese ego que busca definir a través de su escritura: una para escapar a su crisis personal y otra para conseguir la inmortalidad (ganada en una peculiar lotería borgeana). ¿Pero cual es el reflejo de cual? Al final, la verdad de la escritura como perteneciente a un reino de verdades superiores no nos muestra -a nosotros los lectores- nada en absoluto.
Sinclair es una criatura indefinida, que pertenece al reino de la transición entre esas dos verdades que se excluyen mutuamente, pese a su esfuerzo para conseguir definición, pese a los folios de papel que explican claramente lo que Sinclair debe ser para sí mismo, pese al intento de los demás por ayudarle en su búsqueda de algo que él mismo se niega, se oculta a si mismo.
La maestría de Priest se manifiesta cuando el lector está indeciso.
Cuando es imposible decidir cual de las versiones de Sinclair sobre su vida es la que realmente lo representa, cuando contrapesamos ese Londres que aparece en la novela y resulta tan sólido - o tan fantasmal- como el Archipiélago. Cuando la única manera de enfrentarse a esta narración consiste no tomar partido porque somos incapaces de llegar a ninguna conclusión válida.
Cuando el lector se convierte en Sinclair, o al menos la empatía con la voz de Sinclair le permite comprender la confusión, el caos, en el que Sinclair se desenvuelve durante su búsqueda de identidad. No la vieja y gastada identidad que no le sirve de nada, sino una nueva y brillante que le permita hacer frente al mundo que el mismo ha creado.
Cuando se sigue la pista de los manuscritos -uno de ellos la propia novela- para fracasar, como Sinclair en integrarlos plenamente. Y aquí como dije antes está el meollo de la cuestión: ¿cuántos manuscritos de la(s) vida(s) y obra(s) de Peter Sinclair existen?
Y en otro nivel, más profundo y más superficial, The Affirmation no deja de ser una reveladora reflexión sobre el arte de escribir. Una lectura fascinante que página tras página se convierte en obsesión creando un mundo ficticio que el lector sólo podrá abandonar con dificultad.
Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.