HE AQUÍ POSIBLEMENTE uno de los mejores escritores ingleses en activo, dueño de un brillante estilo propio, una asombrosa imaginación y un gran número de singulares obsesiones a la hora de escribir. También es culpable de algunos de mis más recientes dolores de cabeza.
Esto último no es una crítica negativa, sino sólo una afirmación personal. La prosa de Priest tiene un cierto elemento que quizá sólo he visto en Borges y es ese regusto que le queda al lector (o por lo menos a mí) de que al terminar un relato se le ha pasado algo por alto, que existe otra lectura a la que no se ha podido llegar en el momento, de que el texto está organizado como una serie de pistas y que el verdadero texto, en algunos casos, es otro. Pero, por favor, no deje que esta apreciación personal le transmita una imagen de prosa árida y hermética. La escritura de Priest es bastante simple a su modo, y este volumen de relatos es posiblemente uno de los mejores y más brillantes ejemplos de ella. Para empezar, el relato que da título al volumen, "Un verano infinito", comparte tanto un espíritu próximo a la ciencia ficción como a la pesadilla kafkiana, siendo en realidad, una vez eliminado el brillante artificio, una historia sobre sueños, aspiraciones y vuelta al hogar -aunque ese hogar sea un momento de memoria congelado en el tiempo. A continuación, el poco interesante "Rameras", ambientado en ese Archipiélago de Sueño que aparece en su espléndida novela The Affirmation. Pero, como ya dije antes, quizá en este cuento me esté perdiendo algo.
Sea como sea, "Vagabundeos pálidos", a continuación, es una obra maestra: un hermoso relato de paseos dominicales por el parque, viajes en el tiempo, la percepción del yo y la búsqueda del amor, ambientado en una sociedad futura que está barnizada de una descripción victoriana que se presta admirablemente bien a perfilar el ambiente -delicado y al mismo tiempo barroco- de esta historia. Y después de este clásico, Priesto vuelve a asestarle un mazazo al lector con "La negación", una especie de contrapartida de su novela anteriormente mencionada donde vuelve a intentar destruir los esquemas del lector mediante la deliberada inclusión del texto dentro del texto como arma arrojadiza. La metatextualidad como derrumbe de las expectativas. Este relato es un digno compañero de la novela e induce a la misma reflexión aunque la historia de todas sus manifestaciones sea en realidad -como indica el título- de signo contrario a esa "afirmación". Para terminar el volumen, se cierra con otro historia -al igual que la anterior- sobre el Archipiélago de Sueño y la percepción; "El observado", aunque quizá "Vigilancia" sea también un título apropiado, trata sobre la percepción una recursiva serie de vigilancias, la obsesión personal de un hombre y el resultado final de la acción de observar. Un brillante relato a medio camino entre la fantasía personal cumplida y el comentario sobre la antropología. Quién estudia a quién.
Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.