Ediciones B. Colección Nova 127. Barcelona. Noviembre, 1999. Título original: Infinity's Shore (1996). Traducción: Carlos Gardini. 544 páginas. ISBN: 84-406-9142-4.
CONTRAPORTADA
Jijo es un planeta prohibido, un mundo que se recupera lentamente de un grave desastre ecológico y al que, un millón de años atrás, los buyurs condenaron a permanecer cerrado a la colonización y al contacto interestelar. Sin embargo, el aislamiento ha sido roto por las Seis Razas (g'Kerks, hoons, humanos, qheuens, traekis y urs), seres inteligentes, a menudo huidos o perdidos, que han llegado a Jijo al margen de lo decretado por la compleja civilización de las Cinco Galaxias.
La segunda parte de la segunda trilogía de los pupilos o un ejercicio de contención. Lo de ejercicio de contención es por como Brin reserva algunos de los giros argumentales para este volumen en vez de empezar desde el principio de esta nueva serie con los fuegos de artificio, en este caso la aparición (esperada) del Streaker con su tripulación de humanos y delfines perseguidos por media galaxia por todas las razas sapientes, que van a caer en ese pequeño y problemático planeta que es Jijo, con sus seis razas okupas y sus idiosincrasias locales. Un auténtico barullo si se suma a esto la aparición de una astronave Jophur -una raza especialmente megalomaniaca- que busca al Straker y encuentra en Jijo la posibilidad de reanudar una venganza contra una especie a la que creían extinta y a la vez "rescatar" a unos primos perdidos, la posibilidad de un motín o regresión a la presapiencia por parte de los delfines del Streaker y la actividad psi generada por una misteriosa estructura cristalina sobre el planeta llamada el Huevo.
Cuesta un poco cogerle el hilo al esta novela al principio, pero es debido a que continua exactamente allí donde terminó Arrecife brillante, cuya trama, que iba a dar lugar a todas estas situaciones, era igual de complicada, pero una vez que las piezas caen en su sitio -o uno se relee Arrecife brillante- la narración se desenvuelve brillantemente, con golpes de ingenio, sorpresas a cada paso y grandes aventuras. Brin maneja bastante bien este libro, aunque tiene una cierta manía por recurrir a los deus ex machina en ciertas situaciones aparentemente insolubles -como que el antes mencionado huevo entre en actividad justo al final- pero son "deus" menores porque su presencia -y sus posibilidades- ya se ha hecho sentir durante la narración. Aparte de eso, creo que la mejor aportación de Brin en este libro y el anterior es ese sentido de la aventura, la posibilidad de contar historias clásicas con referencias a los clásicos (Twain, Melville ¿Arthur C. Clarke?) mediante los irónicos comentarios de sus protagonistas mientras sigue expandiendo el universo narrativo de su trilogía anterior.
Así, los ilegales habitantes de Jijo, un planeta en barbecho, lo que significa que está vedado a la ocupación por especies sapientes, se enfrentan a lo que creen que es una crisis anunciada previamente -su descubrimiento por parte de alguna especie de la galaxia y sometimiento a juicio- para descubrir que en realidad la política galáctica ha degenerado en una lucha constante por culpa de los descubrimientos de una nave humana, el Streaker, que pueden llevar tras la pista de los misteriosos antiguos antecesores de las razas dominantes. Jijo se convierte entonces en un campo de batalla entre los arrogantes galácticos y la sociedad jijoana que posee unos valores radicalmente diferentes a los de las culturas galácticas, una cierta tolerancia frente a la diversidad de la que carecen los altivos invasores, Y es de ahí, donde moralmente los jijoanos sacan la fuerza necesaria para oponer resistencia frente a una invasión que no es lo que ellos esperan de una cultura galáctica "civilizada". Una especie de Asterix y Obelix en plan space opera.
Muy entretenido.
Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.