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Portada de La fisiognomía de Jeffrey Ford
Valoración: 4 estrellas de 5

Ediciones Minotauro. Barcelona. Octubre, 1999. Título original: The Physiognomy. Traducción: Cristina Pagès. 304 páginas. ISBN: 84-450-7301-X

CONTRAPORTADA

En la tierra de la Ciudad Bien Construida, las formas del cuerpo y de la cara determinan el carácter de los hombres y mujeres, descubren los más ocultos de los secretos, y hasta predicen el futuro. En manos de un experto como el brillante y sardónico fisiognomista Class Cley, la fisiognomía imparte justicia, edifica o destruye fortunas, y hace o deshace destinos. Cuando Drachton Below, Amo de la Ciudad Bien Construida envía a Cley a una lejana región fronteriza par que esclarezca el robo de una fruta maravillosa, que puede otorgar la inmortalidad, el fisiognomista descubre el amor y también la arbitrariedad de la ciencia fisiognómica. El resultado de estas revelaciones es un tiempo de horror y destrucción; el mundo de los privilegios se disuelve en una odisea de pesadilla.

La fisiognomía

Jeffrey Ford

por Xavier Riesco Riquelme

Gran libro. No tengo ni idea de qué es. Quiero decir que parece una novela, los personajes se comportan como los de una novela, hay descripciones como en las de una novela y de hecho hay una trama como la de una novela... pero la lectura de este libro no parece ser la de una novela al uso.
Cuando se leen las reseñas de este libro en las solapas, las referencias que le caen a uno encima son Kafka, La Divina Comedia, Celestial Matters o El alienista de Caleb Carr. Pero uno se lee el libro y se le caen encima además Gormenghast de Mervyn Peake, The Pilgrim's Progress de Bunyan, el Lanark de Alasdair Gray y unos mil años de alegoría medieval, más Giordano Bruno y su palacio de la memoria. Todo eso en 300 páginas. Denso, ¿eh?
La trama: Cass cley, un fisiognomista de primera clase parte desde la Ciudad Bien Construida a requerimiento de El Jefe -una encarnación de ese poder opresivo kafkiano- a esclarecer el robo de una fruta de propiedades místicas en una remota región. Cley intentará averiguar quién cometió el robo ayudado de su ciencia de lectura del carácter mediante el rostro. Cley, por cierto, es un bastardo hijo de puta pagado de sí mismo que encontrará en ese viaje el camino hacia la redención... un camino que pasa por masacres de pueblos, la desfiguración de una mujer hermosa hasta convertirla en una gorgona y la perdida de gracia de Cley frente a la maldad mecanicista del Jefe, un viaje hacia el paraíso que es un infierno y un infierno que da paso a un paraíso. Cley, al final emprenderá la revolución como pago de sus pecados, que son tantos que el libro es tanto novela como confesión. Aparte de esto hay un misterioso Viajero petrificado y el robo de la extraordinaria fruta que parece conceder la inmortalidad a quien la coma.
Esta novela está llena de ideas sorprendentes y originales, de un cierto espíritu sombrío y de un curioso alegato contra el poder que se alimenta del miedo. Pero, como dije antes, no estoy muy seguro de que sea una novela: la forma de escribir de Ford parece indicar más una serie de cuentos enlazados entre sí -el viaje de Cley, los diarios del minero en la expedición en busca del paraíso, la estancia de Cley en la prisión (aquí los ecos de Kafka son los más fuertes) y la Ciudad Bien Construida -que es una imagen de la mente del Jefe- que una novela corriente en el sentido de una narración lineal y dotada de significado. Esto no es un defecto, el libro está más allá de cualquier posible crítica en ese sentido, pero es lo que contribuye inmensamente a ese aire de desconcierto que reina a lo largo de toda la lectura: Ford juega con la narración mediante la dislocación del orden cronológico -relatando cosas que debieron ocurrir mucho antes de los personajes de esta obra tomaran contacto entre ellos mediante unos cuantos trucos de narración: el diario del minero se convierte en los sueños febriles de Cley y de este modo toma parte en acciones en las que no podría participar de otro modo. La ficción zigzaguea constantemente y la geografía es tan fluida como la propia narración: Cley se encuentra con personajes y lugares donde no debería poder. El único lugar estático es la ciudad Bien Construida, que no es más que la realización física de la mente del Jefe, así Ford parece que intercambia las fronteras entre lo imaginario y lo real en su mundo de ficción y también sus propiedades: lo imaginario es sólido y lo real es fluido. A lo más que se parece en ese sentido es a Lanark de Alasdair Gray, quién también hace trampa con la cronología relatando las cosas en orden alterno y donde lo imaginario y lo real tienen valores mutables según la necesidad del narrador.
En suma, un libro muy recomendable, con un retorcido sentido del humor y estupendas ideas. También es un Premio Mundial de Fantasía. Sin embargo, me parece extraño que esta sea la mejor obra de fantástico del año en cuestión. Siendo un libro estupendo, no me parece lo suficientemente bueno para competir, por ejemplo, contra 253 de Ryman. Me pregunto que criterio se usa con las competiciones de este tipo.

Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.

Su opinión:

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