El desayuno de los campeones
Kurt Vonnegut
Anagrama. Barcelona. 1999. Título original: Breakfast of Champions (1973). Traducción: Cecilia Ceriani y Txaro Santoro. 272 páginas. ISBN: 84-339-6900-5.
Valoración: 4
Impreso de http://www.archivodenessus.com/rese/0191/

por Xavier Riesco Riquelme

Cuando uno se enfrenta a la retorcida retórica de Vonnegut, solo le queda esperar una muerte rápida, un final misericordioso o al menos algún anestésico de manos de un amable doctor Kevorkian que se dedique en sus ratos libres a la eutanasia de pacientes desahuciados. Pero Vonnegut no va a dejar que su lector escape tan fácilmente de sus garras. Normalmente Vonnegut disfraza su discurso como si fueran amables ficciones, fantasías especulativas con la que entretener un rato y conseguir que la víctima llegue hasta al final. Lo que hace este bastardo en realidad es coger a al lector y obligarle a mirar el mundo tal y como es, sin amables ficciones ni gloria de ningún tipo.
No sirve de nada, por ejemplo, pensar que Galápagos es una fantasía satírica darwiniana, detrás de la novela se encuentra agazapado un irónico vistazo a la estupidez humana. No sirve de nada pensar que Matadero cinco es sólo un agradable ejercicio literario con una perspectiva múltiple del tiempo al estilo de lo que luego haría Martin Amis; es la forma que tiene Vonnegut de hacer que las bombas sigan cayendo sobre Dresde una y otra vez: cada vez que alguien abre la novela por la parte equivocada, el drama se repite en la mente del espectador/lector. No sirve de nada pretender que Kilgore Trout, personaje emblemático de Vonnegut que aparece en casi todas sus obras, es sólo un trasunto ficticio de Vonnegut para expresar libremente algunas opiniones. De eso nada. Ese otro cabrón, alter ego o no, tiene más consistencia interna que muchas de las personas con las que me tropiezo en la calle, y sus opiniones son igual de insidiosas que las del propio Vonnegut. No sirve de nada creer en la posibilidad de una lectura amable cuando uno lee a Kurt Vonnegut…
Esta es una obra antigua, editada ahora por Anagrama. Concretamente del año 1973. Pero podría ser perfectamente una obra del año que viene. Vonnegut hace una declaración de principios justo al comienzo, dice: voy a comportarme como a) un niño un tanto malcriado, para poder decir algunos tacos y reírme de unas cuantas funciones biológicas de los humanos que la cultura en la que vivo se empeña en calificar de tabúes (caca, culo, pedo pis, polla y coño, y encima con dibujitos) y b) como lo que realmente es el autor con respecto a los personajes de su ficción cada vez que tienen la desgraciada idea de incluirse ellos mismos dentro de la ficción: DIOS.
De esta guisa acomete Vonnegut un asalto frontal a las expectativas del lector, el buen gusto (dibujos de ¡castores bien abiertos en el interior!) y las normas canónicas de la novela desde los tiempos de los románticos. No, esto no es "novela posmoderna", esto es pataleta pura y dura. Pero no hay que creerse que es sólo un ejercicio de un autor cínico desde un tono ingenuamente infantil para poner a parir valores, instituciones, comportamientos, creencias u opiniones. Vonnegut, para desgracia de sus lectores, es más mucho más inteligente que eso. Y lo demuestra con un desenvolvimiento increíble: en un momento dado, por ejemplo, Vonnegut-dentro-de-la-ficción conspira con el lector para presentarnos un estereotipo de artista, un gusano creído y pagado de si mismo al que le han pagado una millonada por una mierda de cuadro. La opinión del lector y la de Vonnegut coinciden, es un tipo desagradable y cuando en esta complicidad Vonnegut impulsa a otros personajes para que lo ataquen dialécticamente, exponiendo su falsedad, Vonnegut cambia repentinamente de bando y le permite un discurso en defensa de su arte que hace que las marionetas de Vonnegut enmudezcan. Y los prejuicios del lector con ellas.
El truco en este caso sólo funciona si se hace caso omiso de lo que digan las tendencias críticas -puñeteros deconstructivistas- acerca del autor: el personaje que se describe como Vonnegut dentro de la ficción, la persona que responde a ese nombre que es ciudadano de los Estados Unidos y el mismo nombre que figura como autor de un libro llamado El desayuno de los campeones son la misma entidad. La frontera entre realidad y ficción queda abolida para este personaje de una forma que probablemente no funcionaría para ningún otro escritor. Vonnegut consigue que su voz llegue clara y alta a través de un medio que no fue diseñado para la transmisión acústica: Vonnegut se ríe; con el lector, del lector y para el lector.
Aparte de esto, hay un Vonnegut que tiene una historia que contar, y lo hace interviniendo lo menos posible en un principio -pese a que es DIOS- y luego jugando con lo que de la gana en la narración para guiarnos hacia esas anti-moralejas que son el final de todas las obras de Vonnegut. Quedamos advertidos desde un principio de que Kilgore Trout salva al mundo (otra vez), de que Dwayne Hoover está loco y creará problemas y de que Dios es un cínico escritor de novelas que utiliza su narrativa como excusa para presentarle batalla al mundo en el que vive. Sea en el 73 o en el 2023, Vonnegut habla de lo mismo y de sí mismo porque en realidad la gente no cambia y los escritores como Vonnegut existen por razones justificadas: siempre tiene que haber alguien que le escriba estas cosas para sacudirnos de la complacencia en la que sin querer nos encontramos instalados un día cualquiera en el que se nos ocurre pensar tonterías tales como "bien pensado, la vida no es tan mala...". Así Vonnegut cuenta la historia de cómo Kilgore Trout se embarca en un viaje hacia un congreso sobre las artes dispuesto a dar gratuitamente una lección sobre los que fracasan intentando hacer literatura: el mismo como ejemplo, con los pantalones raidos y sin zapatos. Durante el viaje Trout observará el mundo a su alrededor con un candor envidiable hasta que se tropiece con el otro protagonista de la obra (Vonnegut mismo excluido), Dwayne Hoover, un vendedor de coches desquiciado cuyo encuentro con Trout tendrá el efecto de una bomba sobre la pacífica ciudad en la que Hoover habita. ¿Qué hace Trout para crear el caos, alterar la tranquila vida de una ciudad y convertirse en el salvador de la humanidad? Darle al pobre hombre una revelación (DIOS mediante, claro está).
Y si no tienen bastante con esto o con las mencionadas Galápagos, Matadero cinco, Las sirenas de titán, Birlibirloque, Madre noche o cualquiera de sus otras obras, entonces léanse también Timequake, la mejor novela de terror de finales del siglo 20...

Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.