Un mago de Terramar
Ursula K. Le Guin
Ediciones Minotauro. Barcelona. Febrero 2000. Título original: A wizard of Earthsea. Traducción: Matilde Horne. 216 páginas. ISBN: 84-450-7333-8
Valoración: 4
Impreso de http://www.archivodenessus.com/rese/0200/

por Xavier Riesco Riquelme

Movido por un impulso que todavía no he descifrado, me releí esta magnifica novela de fantasía, para encontrarme al día siguiente con la orden ejecutiva del inefable Pedro Jorge romero de que hiciera la reseña. Reedición en Minotauro, supongo. Pero bueno, si alguna novela que no me molesta reseñar aunque sea más antigua que la Biblia, supongo que es esta.

Lo peor que se puede decir de esta novela es que está escrita en la estela de El Señor de los Anillos. Lo mejor, que pese a eso -o precisamente por eso-, no se parece en nada. Es un cuento de fantasía, vale, con magos y dragones en un universo diseñado para que se cuenten este tipo de historias... pero creo que el la pluma de Le Guin fue más allá de las convenciones del género -convenciones creadas por Tolkien- para escribir una novela de aventuras fantásticas donde, paradójicamente, casi no ocurre nada y ocurre de todo.

Desde luego, en esta relectura, me he dado cuenta de que el tono es mucho más sombrío de lo que jamás llega a ser la obra de Tolkien, y de que la manipulación de Le Guin de el personaje de Gavilán es muy diferente de la épica tolkieniana: donde uno sitúa un enemigo externo como base de la narración, una imperiosa necesidad de sanar una tierra herida por el mal, la otra escritora habla del poder y del coste del poder, y en último termino el enemigo es interno, no hay amenaza de corrupción para Gavilán -mago y futuro Archimago, niño bendecido con poder mágico y héroe profetizado, que es punto focal y protagonista absoluto de la historia- que no provenga en el fondo de el propio poder que le ha sido concedido. Y corrupción es quizás una palabra demasiado fuerte, expiación o no de los pecados cometidos quizás una mejor definición. Sí, en este cuento hay artes mágicas, entidades malignas y peleas contra dragones, pero, aún así sólo son anécdotas del verdadero conflicto de Gavilán, y como tal son contadas. Pese a la apariencia de cuento infantil de Un mago de Terramar, debajo subyace otro tipo de novela más adulta, una en la que el lector no es recompensado con una catarsis final después de que el protagonista haya superado las pruebas de rigor, sino que es empujado a elaborar una relación de todo lo que ha leído hasta el último momento. Como dije antes, la novela transmite la impresión de usar los lugares comunes de la fantasía de este tipo de manera anecdótica, como quien describe lo que ha comido para el desayuno mientras construye un ambiente más "realista" en el que las motivaciones de los personajes son el verdadero motor de la historia y el resto, las llamaradas del dragón y las artes de la maléfica corte del Terranon (por ejemplo), son sólo accesorios narrativos. Esta obra tendría su culminación en el tercer libro de la serie, donde los mismos temas de éste serán llevados a sus extremos, creando una obra de una profundidad pocas veces alcanzada en un campo tan menor como este. Pero como preparación Un mago de Terramar es un magnífico libro por si sólo, en el que no se presta atención al detalle más allá de lo debido -olvídense de descripciones de cortes imperiales y tesoros de dragón y den la bienvenida a páginas sobre el arte de construir barcas- en un mundo donde la vida diaria de sus personajes contrasta fuertemente con los temas de sus sagas épicas: chozas de barro frente a las grandes gestas de la antigüedad, la cría de cabras frente a las hazañas de gente que hunde islas enteras. Y en el que, cuando Gavilán pasa a formar parte de una saga propia, lo hace de tal manera que prima todavía la sensación de amenaza, de in completitud de la tarea antes que la de "hazaña". Gavilán se mueve hacia un futuro de gloria, todo el mundo se lo dice, entonces ¿por qué esa sensación de desanimo? Por que el protagonista de este libro adquiere por el camino un par de lecciones muy duras sobre el miedo y el uso del poder. Y lo mejor de todo es que el lector las adquiere con él. Es muy fácil predecir que algo saldrá mal de las impetuosas acciones de Gavilán, pero el conocimiento que Gavilán adquiere al final de esta obra, el nombre verdadero del mal que le asedia, ése es un conocimiento que ilumina tanto al personaje como al lector.

Le Guin convierte ese lenguaje parco entes mencionado en una fuente de poesía (como escritura creativa), propia que justifica el porqué esta novela se ha convertido en un clásico por derecho propio. Quizás no tan relevante como las fuentes en las que bebe o tan conocido como los posteriores imitaciones de esas mismas fuentes, pero sí una obra de leguaje e intenciones propias, aparte de todo lo demás y que debe ser leída y justificada por si misma sin atender a nada más… Un mago de Terramar se merece un puesto de honor en los rangos de la fantasía ¿épica?

Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.