La felicidad de los ogros
Daniel Pennac
Mondadori. Barcelona. 2000. Título original: Au bonheur des ogres (1985). Traducción: Manuel Serrat Crespo. 228 páginas. ISBN: 84-397-0459-3.
Valoración: 4
Impreso de http://www.archivodenessus.com/rese/0201/

por Xavier Riesco Riquelme

¿A que es un bonito título? La novela es aún mejor.

Pennac es un conocido crítico francés cuya obra como una novela indaga en el proceso de construcción de la literatura con un ingenio pocas veces visto. Cuando aplica ese mismo ingenio a la tarea de construir una novela de verdad el resultado es magnífico. La prosa de Pennac está llena de sentido del humor y de referentes de novela negra, de tragedia y maldad y también de una curiosa inocencia. Además Pennac inaugura un nuevo género el solito: el martirologio moderno o las vidas de santos ficticios actuales. Pues Benjamin Malaussène es el último de los santos, cuya ermita es el indescriptible Almacén y cuyas tentaciones son las guapas ladronas a las que ayuda a eludir la seguridad del almacén, llamadas genéricamente "tía Julia". La vida de Benjamin no discurre plácidamente, puesto que su trabajo es el de Chivo Expiatorio, figura encargada de recibir las broncas cada vez que un cliente (justificadamente) viene a reclamar al Almacén la pérdida de bienes materiales ocasionados por uno de los defectuosos productos que sirven, y encargado de evitar las demandas al Almacén interponiendo su patética persona entre el corazón del agraviado y la empresa para la que trabaja, Pero sus días de no placidez desembocan en el caos más terrible cuando alguien empieza a poner bombas sistemáticamente en el Almacén y Benjamin se convierte en el primer sospechoso… después de todo, tiene razones para estar resentido.

Aparte de este santo varón enfrentado a las bombas, Pennac nos presenta a unos cuantos personajes increíblemente divertidos: Thèo, el Rey de la Carpintería; una autentica reinona que convierte cada día en un desfile de modelos mediante el fotomatón del Almacén y que tiene a su cargo una hueste geriátrica de abandonados a los que permite deambular por el Almacén enfundados en unas batas grises que le permiten identificarlos. También tenemos a Julius, el perro de Benjamin de quien éste descubre en el momento más inoportuno que es propenso a la epilepsia. Los hermanos de Benjamin también se las traen: el Pequeño, obsesionado con ogros Papa Noel y dispuesto a escuchar ávidamente cualquier historia sobre antropofagia que Benjamin tenga a bien contarle; Jérémy inteligente e hiperactivo escolar con afición a las historias policiacas (Benjamin tiene que contar historias de ogros y policías para mantenerlos contentos a los dos), Clara, hermana obsesionada por fotografiar todo lo fotografiable y Thèrèse, adicta a la astrología que descubre de una manera a-lógica parte de la trama en la que Benjamin se haya envuelto. Y sin mencionar más que de pasada a la última "tía Julia" de Benjamin (reportera de investigación), al inmutable guardia de seguridad del Almacén con su misticismo eslavo o a los variopintos policías que también pretenden llegar a la solución del enigma.

Narrada con mucho humor y una capacidad envidiable para esbozar personajes y situaciones con apenas dos palabras, esta es también una novela en la que alguna forma lo fantástico se insinúa. Partiendo de una intriga -algo surrealista, pero dentro de los límites de lo posible, los personajes se asoman de vez en cuando al abismo de lo fantástico cuando miran las extrañas relaciones entre los atentados y las víctimas, y el recurrente tema de los ogros que es la base de la novela. De una manera un tanto insospechada, asoma su fea cara la más famosa bestia del siglo XX, mi querido Aleister Crowley. Y a partir de ahí una historia de intrigas detectivescas y palizas -a lo Chester Himes, según reconoce el propio Bemjamin-, portentos y fotografías enlazadas más con la lógica de un Eco que un Simenon.

Un libro irrepetible, que se devora en unos instantes, con el que el lector se ríe y se estremece, le recomiendo a todo al que le interese que intente averiguar, junto con el impagable Benjamin Malaussène, cual es esa Felicidad de los ogros.

Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.