Los límites del cielo
David Brin
Ediciones B. Barcelona. Abril 2000. Título original: Heaven's Reach (1998). Traducción: Carlos Gardini. 448 páginas. ISBN: 84-406-9581-0.
Valoración: 3.5
Impreso de http://www.archivodenessus.com/rese/0205/

por Xavier Riesco Riquelme

Brin concluye con este libro su nueva trilogía de los pupilos. Bueno... concluir es un término demasiado estricto, porque al mismo tiempo que revela interrogantes planteados en los libros anteriores, Brin presenta otros mucho más atractivos que los que resuelve. En este libro parece que haya ejercitado su imaginación para aproximarse a las obras de otros escritores antes que seguir con la misma space opera que de costumbre. Su visión aquí esta más cerca de ser una especie de recreación desenfadada de la serie del Centro Galáctico de Benford antes que una repetición de los esquemas que le dieron la fama con su primera trilogía. Es el libro más lleno de sorpresas de toda la serie, de ideas y abandona definitivamente el trasfondo de Jijo -el planeta ilegalmente ocupado por un número indeterminado de especies sapientes- para dedicar su atención a los problemas de una escala más amplia: el predicho Tiempo de Cambios y el papel que juega en él la astronave terrestre Streaker. Con su tripulación de humanos y delfines y sus reliquias arrancadas a un cementerio de astronaves que son la causa de toda la conmoción actual en las galaxias habitadas. Sin embargo, Brin comienza de manera desconcertante...

Porque el primer personaje introducido es un chimpancé bastante mosqueado porque el espacio metafórico en el cual está patrullando ha decidido adoptar un suelo de cáscaras de plátano como ofensa personal hacia él. Luego tiene que evitar ser devorado por unas cuantas memes carnívoras y mucho más adelante rescatar a una inteligencia máquinal que lleva a bordo unos pasajeros bastante especiales... También tenemos al Streaker, que parece haber sido seleccionado para la Transcendencia (uniéndose al éxodo de las razas superiores de la galaxia) pese a la opinión de sus tripulante, un montón de caos por culpa de un fenómeno que parece que va a colapsar todos los portales de salto entre las galaxias y un bonito mensaje en forma de una cadena de supernovas sólo para decirle a alguien ahí fuera ¡hola! Todo eso sin contar un nueva secta alienígena que preconiza el Martirio de la Tierra como base de una nueva religión basada en el ego antes que en las especies, el campo de batalla en el que se ha convertido el sistema solar durante dos años, una oferta de viaje a la tripulación de una nave que recuerda sospechosamente a Star Trek y la aparición estelar de un par de deidades invitadas sólo para molestar un poco más a los protagonistas.

Brin es un especialista en utilizar el Deus Ex Machina para posibilitar los apurados escapes de sus personajes, pero antes que un defecto, es una virtud en una space opera como esta; los dioses de Brin no tienen muy claras sus motivaciones y mayormente son unos hijos de perra con muy pocos escrúpulos. Así una de las mejores venganzas de uno de los personajes consiste en responder que no se lo pidieron por favor antes de dar al traste con los increíblemente complejos planes de una raza superior (superior y que sin embargo es tan estúpida como para ponerse a tiro de un vengativo humano). O sus planes son tan megalómanos que los humanos tienden a salir corriendo incluso de aquellas entidades algo más amables que aparecen en la novela. La principal virtud del clan de la tierra parece ser el llevar el desastre allí donde quiera que va como apunta el ordenador de la nave Streaker... Ésta es una novela de chauvinismo humano -al final todo se resuelve a favor de los habitantes de la Tierra y de sus pupilos... más o menos- pero muy entretenida por el alcance de sus ideas, la diversión con que está escrita y el espíritu de aventura que la invade.

Eso sí, como dije antes, quedan demasiados interrogantes abiertos como para que Brin no aproveche el filón.

Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.