por Xavier Riesco Riquelme
VARIOS ARQUEÓLOGOS Y expedicionarios ingleses en el desierto de Libia desaparecen sin dejar rastro, una antigua maldición se cierne sobre el área y entonces es cuando envían a Hellboy, investigador paranormal, a afrontar el peligro y pedir explicaciones a lo sobrenatural a fuerza de puñetazos, tiros, bengalas y frases llenas de chistes malos mientras salva del peligro a un antiguo amor, al mundo entero, y combate una horda de muertos vivientes de unos cuantos milenios de antigüedad.
Cuando algo genera el suficiente mercado, ocurren cosas como esta. Hellboy es el proyecto lovecraftiano, gótico y a veces cómico de Mike Mignola, uno de los mejores ilustradores que se puede encontrar por ahí en el negocio de los cómics norteamericanos. Dueño de un estilo propio y sombrío, da vida a sus historias mediante un dibujo exquisito… aunque los guiones no vayan muy allá. De hecho, me temo que Mignola no destaca tanto en el arte de hacer historias como en el de contarlas de manera sumamente atractivas. Este libro, me temo, es fiel entonces a la obra de Mignola. El mayor éxito de Mignola es este personaje, Hellboy, un humanoide rojo con aspecto de demonios, cuernos limados hasta los muñones que trabaja como investigador paranormal para una agencia de seguridad del gobierno de los Estados Unidos.
Pero, eso sí, el mismo defecto implícito en la existencia de este producto (la franquiciedad) le confiere una cualidad que pocas veces he visto en libros de una franquicia de personaje: la historia se adapta perfectamente al modelo, es entretenida y da lo que debe dar -con algún extra. No es que sea bueno, pero tiene un sabor a pulp clásico -combates, zombies, muertos vivientes, hermosas jóvenes en peligro, cenagosos y tentaculosos monstruos malignos, carnicerías varias, personajes enloquecidos, arañas gigantes, amuletos malditos, sacrificios rituales- que hace que su lectura sea de lo más divertida si se encuentra uno en el punto de vista adecuado: no es un libro, sólo es otro cómic de Hellboy con más palabras donde deberían ir las viñetas. Leído así, resulta hasta refrescante, divertido, casi simpático.
Y con ilustraciones de Mignola.
Sí, sólo para incondicionales, pero no es pecado disfrutarlo con una sonrisa.
© Xavier Riesco Riquelme 2000
Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.