Corazón de perro / La isla púrpura
Mijaíl Bulgákov
Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. Barcelona. 1999. Traducción: Ricardo San Vicente Urondo y Selma Ancira. 304 páginas. ISBN: 84-8109-248-7.
Valoración: 4
Impreso de http://www.archivodenessus.com/rese/0225/

por María Castro

Existen obras irremediablemente unidas al contexto histórico en el que fueron escritas; para las mediocres esto suele convertirse en su sentencia de muerte, para las grandes constituye su pasaporte al futuro. No sólo logran reflejar a la perfección un época, sino que la trascienden, consiguen representar absolutos, con los que cualquier lector puede identificarse, a pesar de la distancia temporal, geográfica o cultural. Existen obras, en fin, que alcanzan su máximo valor, que adquieren una dimensión plena, al ser contempladas bajo la luz de los acontecimientos vitales que acompañaron al autor en su creación.

Quizás por este motivo Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores, en su colección "La Tragedia de la Cultura", ha querido acercarnos a grandes autores rusos represaliados y silenciados durante el terror estalinista, presentándonos junto a sus obras, de enorme valor por sí mismas, un apéndice documental que pone ante nuestros ojos el precio que tuvieron que pagar por empeñarse en plasmar sobre un papel lo que veían y sentían.

En el caso del presente volumen, dedicado a Mijaíl Bulgákov , acompañan a una novela corta y a una obra teatral copias de los documentos recuperados de los archivos de seguridad soviéticos: informes de arrestos y registros domiciliarios, cartas del escritor solicitando la libertad para escribir o, al menos, la libertad para abandonar la Unión Soviética y fragmentos de su diario personal, que reflejan su progresiva desesperación al no conseguir ninguna de las dos cosas.

A pesar de ello, el vehículo que utiliza Bulgákov para introducirnos en el mundo que le tocó vivir es el humor, probablemente persuadido de que la complicidad de la risa inteligente es en ocasiones el único recurso que le queda a un hombre acosado para transmitir la profunda estulticia de lo que le rodea.

En "Corazón de perro" un médico que investiga el rejuvenecimiento humano implanta en el cerebro de un vapuleado, pero amable y reflexivo perro callejero, la hipófisis de un delincuente. El perro, lejos de rejuvenecer, se transforma en un ser humano física y moralmente repulsivo, que termina por afiliarse al partido comunista y consigue ser nombrado "subdirector del subdepartamento de limpieza de animales vagabundos", convirtiendo la vida del atribulado científico en una pesadilla. El médico, cuya oposición al régimen soviético parece ser fundamentalmente de tipo formal y estético, se ve obligado a convivir con aquello que más detesta y renegando de su asombroso descubrimiento devuelve al perro a su estado natural.

En "La Isla Púrpura" asistimos al ensayo general de una obra de teatro. Nadie en la compañía, excepto el propio autor, ha tenido ocasión todavía de leer la obra, pero, aún así, se ven obligados a representarla ante los ojos del censor que debe autorizarla. Así pues, con la participación del propio director teatral y del autor como improvisados actore , la ayuda de un tramoyista que alterna sus funciones con la representación de un papel y la colaboración de un grupo de estudiantes que se encuentran en el teatro, comienza el ensayo.

La obra resulta ser un absurdo delirio sobre la lucha de clases y la revolución en una perdida isla tropical. ¿Protagonistas?: los esclavizados aborígenes rojos, los árabes blancos que los gobiernan, un rey que muere accidentalmente, su guardia, los oficiales y ministros que se van traicionando alternativamente en su lucha por hacerse con el poder, un grupo de colonialistas europeos que llega a la isla con el fin de cambiar perlas por baratijas, sin olvidar a los criados y a los marineros del barco que acaban amotinándose... la parodia no puede resultar más burda y el absurdo llega al paroxismo con los sucesivos cambios que se van introduciendo en la obra, tratando de acoplarse a las indicaciones del censor y a sus consignas ideológicas.

La superposición de ambas acciones, el ensayo de la obra y la obra en sí misma, resulta hilarante de puro absurda y, por lo mismo, absolutamente patética. A estas alturas ya nadie puede dudar de que la total ausencia de sentido del ridículo y de mesura de los regímenes dictatoriales constituyen tan solo uno más de los elementos que pueden convertir la vida de las personas en auténticas pesadillas surrealistas. El caso de Bulgákov, escritor apasionado y director teatral él mismo es sólo un ejemplo más. ¿Tozudez, valentía, amor a la literatura o tan sólo la necesidad imperiosa de comunicar y expresarse? ¿La escritura como denuncia, como compromiso moral o como único refugio ante la amenaza de la locura?

En el informe que el agente soviético encargado de espiar a Bulgákov escribe tras asistir a una velada literaria en la que se lee "Corazón de Perro" se nos dice que: "....la obra será del agrado de los lectores malintencionados, de las señoritas frívolas y hará las delicias de los viejos degenerados". Disfrutadla pues, sea cual sea la categoría en la que os consideréis integrados.