Oveja mansa
Connie Willis
Ediciones B. Barcelona. Septiembre 1997. Título original: Bellwether (1996). Traducción: Rafael Marín. 272 páginas. ISBN: 84-406-7715-4.
Valoración: 4
Impreso de http://www.archivodenessus.com/rese/0226/

por Xavier Riesco Riquelme

Comencemos con una declaración de principios para sorprender a propios y extraños:

Oveja mansa es una novela de ciencia ficción dura.

De hecho, es la única novela de ciencia ficción dura de Connie Willis. Evidentemente tendré que elaborar. Si consideramos Cronopaisaje de Gregory Benford como una novela que esta dentro del paradigma de la ciencia ficción dura, entonces tendremos que adjudicarle el mismo valor a Oveja mansa.

En Cronopaisaje se habla de cómo es el mundo académico, cómo son las vidas de los investigadores, cómo es el trabajo de investigación, cómo funcionan las subvenciones en la ciencia y, lo más importante de todo, cómo afecta la labor de los investigadores a su esfera privada y cómo el producto de sus investigaciones afecta a su visión del mundo. El requisito "duro" de Cronopaisaje es que la ciencia detrás de todo sea una descripción valida sobre como funciona el universo o parte de éste. Cronopaisaje aborda la teoría de los mundos posibles, una de las interpretaciones de la mecánica cuántica que más éxito ha tenido en la ciencia ficción y que curiosamente, como demuestra Benford en la novela, se puede aplicar a un estudio crítico de la novela moderna.

Oveja mansa responde punto por punto a este criterio. La vida de una investigadora se va a ver complicada por culpa del objeto mismo que estudia, lo que llevará a replantearse su visión del mundo (al final de la novela, por supuesto), a encontrar extraños compañeros de viaje; especialmente, y por este orden: una descerebrada secretaria que crea el caos por donde quiera que va, un matemático que estudia el caos y consigue que éste se le presente en la puerta, un montón de jefes ineptos, un rebaño de ovejas y... un hada madrina (hablando de subvenciones). La pregunta que intriga a nuestra protagonista es uno de los misterios más grandes de las culturas y sociedades humanas: ¿cómo demonios se originan las modas? ¿De donde salen esas memes efímeras sociales y/o estéticas? La búsqueda de la respuesta llevara nuestros protagonistas investigadores a crear un par de deliciosas situaciones de enredo cómico y romántico, a un modelo teórico matemático acerca de cómo funcionan determinados sistemas y a ver como se expanden algunas de las modas más irritantes que haya visto nadie... porque, por supuesto, la respuesta a la pregunta que se hacen estaba bajo sus narices todo el tiempo.

Evidentemente, el registro de Willis no es el de Benford, pero lo simétrico de ambas novelas en algunos de sus puntos da que pensar. Donde Benford habla (entre otras muchas más cosas) de la posibilidad de recibir un mensaje del futuro (o de enviar uno al pasado, depende del punto de vista), Willis también tiene su peculiar exploración del tiempo (como no podía ser menos en una obra de Willis, la reobservación del pasado es fundamental para comprender el presente), en éste caso del pasado que se manifiesta mediante los párrafos introductorios de cada capítulo, donde Willis nos cuenta con mucho humor y, sin embargo, objetividad, algunas de las más estúpidas modas de las que han sido victimas los seres humanos y como han modificado la cultura en la que vivían; desde los gorros de mapache a lo Crockett hasta la fascinación por el color "pus" de los cortesanos franceses.

En resumen, una novela muy entretenida que posee una rara cualidad para mí: de vez en cuando abro este libro al azar y comienzo a leerme un párrafo. Me es casi imposible dejar de leer una vez que me he tropezado con los personajes otra vez disponiéndose a estudiar, interactuar, despedirse, saludarse, evitarse o ignorarse mutuamente...

Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.