Cthulhu 2000
AA. VV.
La factoría de ideas. Solaris Fantasía. Madrid. 2000.
Valoración: 3.5
Impreso de http://www.archivodenessus.com/rese/0229/

por Xavier Riesco Riquelme

HAN PASADO MÁS de 60 años desde la muerte de Howard Phillips Lovecraft y su espectro continúa dando vueltas por ahí. La intención de un volumen como éste es, más o menos, demostrar la salud de ese espectro y obligarnos a reconocer que Lovecraft ha encontrado su nicho bien ganado en el inconsciente colectivo, que cuando menos lo esperamos, mucilaginosas, preternaturales, vermiformes, primordiales y no euclidianas entidades saldrán de los rincones más insospechados de cualquier libro que estemos leyendo para guiñarnos un ojo y volver a ocultarse en lo innominado, demostrándonos la deuda de mucha de la fantasía y el horror de este siglo para con el extraño escritor de nueva Inglaterra. Y es que el Extraño Caso De H. P. Lovecraft no puede ser más curioso: pocas entidades literarias pueden reclamar haber evolucionado desde el légamo primordial del pulp hasta acabar en los Campos Elíseos de la pluma de Borges. Para bien o para mal, la obra de este escritor arcaizante y pretencioso por un lado, modernista y visionario por otro, ha contaminado la narrativa del siglo XX como pocas otras lo han logrado. Como dije antes, aparece en el lugar más insospechado. Como demuestra esta antología. Que no es exactamente una antología de Horror -aunque lo tiene- sino una antología de Homenaje a un Escritor del que casi no se puede escapar cuando uno se mueve en ciertos círculos.

Sin embargo y pese ha todo, ha pasado mucho tiempo y escribir como lo hacia Lovecraft está fuera de discusión. Sus modos y los de sus amigos han sido sobrepasados por el torrente de voces del siglo XX y muchas de las técnicas y temas de Lovecraft et al parecerían hoy ingenuas comparadas con los terrores de la posmodernidad -a la que prefiguran y aborrecen al mismo tiempo de una manera peculiar. Por ello, los cuentos de este volumen se dividen claramente en tres grandes categorías: Los Homenajes Serios, Los Homenajes Posmodernos y… Los Otros. Las dos primeras categorías retoman los lugares comunes de Lovecraft para volver a escribir historias donde la intención varia entre lo serio, lo cómico y la extraña mezcla de ambas características para sorprender al lector. Los Otros, parodiando con este nombre la escritura lovecraftiana, son narrativas que de algún modo contienen a Lovecraft pero no están en modo alguno limitadas por él, superando la intención del simple homenaje para convertirse en otra cosa…

Dentro de los homenajes "serios", cuentos con la intención de llevar al lector al territorio del Horror, comienza el volumen con "Los Barrens" de F. Paul Wilson. Una historia "modélica" de investigación del folklore popular y la amenaza de lo indeterminado. Comparte tanto el espíritu de horror intelectual que buscaba Lovecraft como algunas de las características de la narración de horror de la segunda mitad del siglo XX. Interesante dentro de lo que cabe, este cuento basa toda su posible fuerza en el concepto de un universo alienígena e incognoscible. Poppy Z. Brite, gamberra vocacional y espanto de almas sensibles, narra de Pe a Pa un cuento clásico de Lovecraft, pero rescribiéndolo con su estilo. Como resultado, un homenaje que haría que el viejo Puritano de Nueva Inglaterra se revolviera en su tumba al comprobar el verdadero alcance de la palabra "obsceno" aplicada al estereotipo de narración lovecraftiana y/o poeiana. Irreverente pero se ciñe estrictamente al mapa del territorio cartografiado por Lovecraft, Ashton-Smith y antes de ellos, Poe. El siguiente cuento de este volumen con la cualidad de "serio" es "Fat Face" de Michel Shea, donde empieza contando una historia actual de muerte, crimen y prostitución donde la presencia de lo lovecraftiano va tomando más fuerza desde su primera insinuación a medida que la narración avanza para desplazar completamente el entorno sucio realista del principio y volcarse en un final puramente lovecraftiano. No demasiado imaginativo pero respetuoso con la forma. "La Última Fiesta de Arlequín" de Thomas Ligotti es también un ejemplo de narración lovecraftiana, aunque tiene una forma mucho más interesante que la anterior, aunque al mismo tiempo mucho más clásica. Ligotti usa la figura del antropólogo, una constante en muchas de las obras de horror post-lovecraft, para diseñar un cuento de factura completamente clásica y sin embargo satisfactoria, respetando el "mapa del territorio" lovecraftiano al que me he referido antes, pero consiguiendo ser inquietante antes que terrorífico, con un cierto aire a lo Peter Straub cuando éste estaba en su mejor forma. El recuento de las narrativas "serias" termina con "Los Rostros de Pine Dunes" de Ramsey Campbell, no demasiado conseguido en mi opinión, pero interesante al fin y al cabo. Nunca he encontrado a Campbell escritor de mi gusto, pero opiniones hay para todos y tiene el mérito suficiente para estar en esta antología.

Después de los homenajes "serios", le toca el turno a otras obras de diverso talante, pero todas comparten en común el que juegan con la estructura y las ideas de la narrativa lovecraftiana para producir diversos efectos, entre la hibridación genérica y una especie de tierna parodia pasando por el cuento de horror autoconsciente, el cuento que conoce de antemano las reglas de la narración y se divierte desmontándolas para el lector. Para empezar, la broma de Lawrence Watt-Evans y su "Modem de Pickman", parodiando y homenajeando al célebre "Modelo de Pickman" en un cuento bastante tonto pero al mismo tiempo honrado: tanto el lector como el escritor saben enseguida cuál es el propósito de la narración y no pierden el tiempo con excesivas florituras. Directo a la broma. Fred Chappell consigue uno de los mejores cuentos de este volumen con una broma realmente retorcida sobre las propiedades de los grimorios descritos por Lovecraft en sus obras. El peligro en este cuento, no es ninguna entidad en sí, sino los efectos de un libro determinado sobre… otros libros. Si los héroes lovecraftianos se enfrentan a la locura continuamente al abrir viejos libros encuadernados en cuero, ¿cuál es el horror latente en un librito que pone " Diario" en la portada cuando se le deja suelto en una librería de ocasión y rarezas bibliográficas? Pues que mata al libro que tenga al lado, vean ustedes. Después de Chappell, Kim Newman lleva la terrible hibridación interespecie que tanto preocupaba a lovecraft a un nuevo terreno, aunque es una hibridación genérica lógica y que ya se había hecho antes. Newman nos presenta la historia de un detective marlowenesco en los años cuarenta que acaba metiéndose en un enredo de mujeres fatales, gansters, psicosis de guerra en California, submarinos japoneses, productores de Hollywood y… tíos con escamas. Divertido e inteligente, Newman monta en este cuento los tópicos de dos géneros que siempre han estado cercanos, organizándolos de forma que se refuercen los unos a los otros en vez de entorpecerse mutuamente en una narración demasiado complicada o excesivamente tópica. Newman encuentra el equilibrio y este funciona bastante bien. Luego le toca el turno al Joanna Russ, veterana escritora, que toma como título para su pequeño ensayo lovecraftiano una frase de "El modelo de Pickman" y elabora una pequeña joya de cuento fantástico e inquietante con la presencia directa de la obra de Lovecraft y permitiéndose una broma amarga sobre la naturaleza de los deseos humanos. Gahan Wilson mete al propio Lovecraft en una narración también de homenaje, pero con una excusa mucho menos sofisticada que la de Russ. Es un relato directo y sin excesiva preocupación por ocultar sus intenciones, y funciona precisamente por eso, aunque sólo sea un guiño a los lectores amantes de Lovecraft. Este cuento ya había aparecido en El legado de Lovecraft de Martínez roca y no es ninguna sorpresa para el lector, pero bueno, sus virtudes tendrá para ser incluido en esta antología. Bruce Sterling, conocido escritor de tendencias ciberpunkis, toma por asalto el locus lovecraftiano, pone sus pies sobre un shoggoth a modo de taburete para descansar y cuenta una divertida visión de una guerra fría alternativa en un universo muy desquiciado y sin embargo muy familiar en "El inimaginable". T. E. D. Klein, autor de esa fantasía lovecraftiana autoconsciente que es Ceremonias Macabras hace un magnífico ejercicio de poner a funcionar otra vez las premisas del cuento lovecraftiano en "El Negro con una Trompeta" mientras el irónico narrador las va desmontando para el lector. Klein asume el papel de un relojero que le enseña a un cliente como funciona pieza por pieza un reloj, sin interferir en el mecanismo pero permaneciendo completamente consciente todo el rato de la posición de los engranajes. El relato de Klein tiene tanto de horror arquetípico como de crítica literaria. Volviendo al tema del desquicio sterlingniano anteriormente citado, Esther M. Friesner da vida a una interesante escritora de novela rosa con el seudónimo de H. P. Lovecraft que se enfrentará al terror de una Editora en Jefe, personificación del mal absoluto, con la ayuda de unos cuantos viejos (y viscosos) amigos de la familia. También es divertido por las mismas razones que el cuento de Sterling: Saquemos a Lovecraft de Ese Contexto tan Serio y Veamos que Pasa, sería el motto de ambos cuentos. La última narración de este grupo sería la de James P. Blaylock, que, con un estilo familiar para quien haya leído algo de su obra, propone un cuento donde no ocurre nada y todo se insinúa, filtrando la memoria de su narrador para construir lo fantástico, recorriendo un extraño universo personal a medio camino entre el mundo lleno de misterio que percibe un niño y la visión adulta del narrador.

Después de esto, bueno; luego quedan Los Otros. En estos cuentos la personalidad del escritor es más fuerte que la del elemento lovecraftiano, son obras en las que los universos son personales, aunque la presencia del escritor de Providence se insinúa directa o indirectamente. "El pozo número 247" de Basil Copper es un cuento extraño que insinúa muchas cosas y no admite directamente ninguna. Su fuerza está en un mundo sombrío que linda casi con una distopía o una historia postapocalíptica y que tiene unas leyes y una coherencia interna que provocan la sensación de inquietud. La prosa de Copper es curiosamente evocativa, explicando la presencia de este cuento en esta antología. Aunque no entre en el juego de la mención directa de lo lovecraftiano, como hacen muchos de los cuentos en esta antología, su ambiente subterráneo, cthónico, lo convierte en un digno candidato para esta colección de cuentos. Ya al final de este libro, se encuentran los otros ejemplos de este tipo de relato. Curiosamente, las firmas más célebres se encuentran también al final, lo que explicaría el predominio de la escritura personal de cada uno de estos relatos por encima del propósito por el cual se hallan en esta selección. En "Señor de la Tierra", Gene Wofe hace suyo el horror cósmico y lo interpreta a su manera. Wolfe tiene una prosa muy definida y es exigente para con el lector, una manera (y no soy el primero en acusarlo de tal cosa) casi borgeana de entender la literatura, de concebir la narración como un asunto casi detectivesco y metaliterario. Aunque este no sea un caso extremo de su prosa, esas características están ahí, lo que convierte a este cuento en una obra de Wolfe tangencialmente relacionable con Lovecraft más que una obra de Wolfe sobre Lovecraft: aunque el contenido sea lovecraftiano, la forma de expresarlo no lo es en absoluto. Es la forma de Wolfe hablando como lo hace Wolfe y de cosas que Wolfe ya ha explorado por su cuenta… no hay más que ver determinados párrafos de El libro del sol nuevo. La siguiente obra de este grupo sería "Sobre la Losa" de Harlan Ellison. Y tampoco es lovecraftiana. Es peor que eso. Sardónica y maliciosamente, Ellison nos cuenta una historia sobre algo peor que divinidades incomprensibles, universos sistemáticamente hostiles al hombre y horrores tentaculares: cuenta una historia sobre posibilidades perdidas. Partiendo de un tópico lovecraftiano cuya identificación directa es El color que cayó del cielo (esa granja maldita y de productos deformes), Ellison construye una historia con uno de esos finales que le son tan queridos al género y que subvierte las consideraciones previas del lector. Ellison menciona a Lovecraft como parte de esas cosas que hacen de Nueva Inglaterra un lugar especial, pero no le concede más mérito que ese en una narración sarcástica para con todo el género humano, haciendo un curioso eco de las posturas del propio Lovecraft en vida.

Cierra este volumen uno de los escritores más elegantes que haya tenido la fantasía y la ciencia ficción. Roger Zelazny nos cuenta una historia que no le debe nada a nadie más que a sí mismo y al momento (1985) en que la escribió. Pero en medio de esa historia, como digo al principio, unos seres escamosos hacen aparición, le hacen un guiño al lector para volver a sumergirse en el océano de lo imaginario y dejando que la historia continúe contándose sin interferir más. Zelazny ganó el Hugo con esta novela corta, y aunque hoy en día escribir de nuevo esta historia sería imposible porque se ha convertido en una especie de arquetipo que todo el mundo reconoce, en el contexto determinado Zelazny merece todos los elogios que se le hagan por su imaginación, su humor y, sobre todo, por esa elegancia con la que escribía que le permite hablar de cualquier cosa diestramente y con panache, esa cualidad para hacer las cosas aparentemente a la ligera y sin embargo con un profundo tratamiento. La inclusión de este relato, como dice Jim Turner en la introducción, obedece al hecho de que la aparición del espectro de Lovecraft sea tan natural, tan simple, aún en una obra como esta, donde prima la ciencia ficción más que la fantasía racionalista lovecraftiana. Pero, precisamente por eso, la parición de un extraño sacerdote de divinidades acuáticas en medio de este relato demuestra el objetivo de esta colección de cuentos… es imposible huir de la sombra de Lovecraft.

Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.