Cambio de esquemas
Robert J. Sawyer
La factoría de ideas. Solaris Ficción. Madrid. 2000. Título original: Frameshift. Traducción: Carlos Lacasa. ISBN: 84-8421-976-3.
Valoración: 2.5
Impreso de http://www.archivodenessus.com/rese/0230/

por Xavier Riesco Riquelme

Pierre Tardivel, al descubrir que posiblemente haya heredado (en una posibilidad del 50%) de su padre biológico una enfermedad degenerativa, la Corea de Huntington, se convierte en investigador genético y termina yendo a parar al Proyecto Genoma Humano. Con la ayuda de su esposa, se enfrentará a una amenaza a su vida mucho más directa que la de su posible enfermedad y penetrará en unos cuantos misterios que van desde la incierta aparición del hombre moderno hasta su todavía más incierto futuro.

Éste es un libro que se presenta bajo la forma de un technothriller al estilo de los de Crichton. De hecho es un libro que se anuncia comparando directamente al autor con Crichton, su supuesto "heredero canadiense". Sin embargo, por mucho que me pese, he de reconocerle a Crichton unas cuentas cosas cuando las comparo con los elementos de este libro. Para empezar esta obra para funcionar necesita a) dos sosias de un mismo personaje, b) una telépata y c) al menos un Dios en activo. Cuando Crichton construye una trama, al menos no necesita recurrir a tantos imponderables. En el caso de los parecidos, Sawyer resuelve el misterio de uno de ellos en base a una pequeña investigación genealógica y genética, pero el otro personaje al que se le adjudica la identidad equivocada en un momento de la novela no comparte más rasgo en común con el esquivo personaje al que se parece en que ambos son unos bastardos hijos de puta (en el sentido no-biológico). Al parecer esto sólo sirve para que los protagonistas anden despistados acerca de la verdadera identidad del malvado oculto en esta novela. Y es descubierto porque, por un casual, la esposa del protagonista lo encuentra en una de las páginas de la primera parte del libro ejerciendo de villano pervertido y odioso, que es para lo que existe. También sirve para ayudar en la identificación el hecho de que es un ex-nazi y presenta, por lo tanto, rasgos fenotípicos de maldad, que se manifiestan en el deseo compulsivo de eugenizar a todo bicho viviente por la vía dura. En cuanto a la telépata, cumple una función en la narrativa y sirve para desarrollar el teológico argumento final de la novela en la que, como parece ser costumbre de Sawyer, un Dios se manifiesta a través de sus obras (concretamente en los paquetes de ADN que explican unas cuantas cosas acerca de la humanidad y que posiblemente, según Sawyer, llevan codificados el copyright del autor).

Aparte del nivel de suspensión de la incredulidad necesario para que todas las partes del libro funcionen en la mente del lector, Sawyer intenta atacar también por la vía emotiva cuando se le presenta la oportunidad. El resultado depende entonces del estado de ánimo lector (y de cuan baja tenga la guardia), pero funciona en los casos necesarios para dotar a la narrativa de un sentido más allá de la pura aventura científica que presenta en un primer instante. Desgraciadamente, yo hubiese preferido sólo la aventura científica y dejar la metafísica final para los que la saben hacer bien. Y me temo que lo científico en esta novela está lastrado por esa intención final y por un fallo mucho más evidente en su estructura narrativa: existe una tensión, que reduce esa "suspensión de la incredulidad", entre los elementos que conforman la novela que parece debida a que en realidad Sawyer ha juntado las premisas de dos narraciones diferentes en la estructura de esta novela. Vamos, que parece que ha cogido dos novelas cortas, las ha cosido entre sí con la forma de una novela y después de descargarle 20.000 voltios a la pobre criatura resultante ha gritado "¡Vive, vive!".

Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.