El archivo de Nessus

RESEÑAS | COLUMNAS | ENTREVISTAS | ARTÍCULOS
Portada de Premio UPC 1998 de AA  VV
Valoración: 3 1/2 estrellas de 5

Ediciones B. Colección Nova 123. Barcelona. Junio 1999. 421 páginas.

Premio UPC 1998

AA VV

por Luis Fonseca

El presente volumen contiene las cuatro obras que resultaron más destacadas en la pasada edición del Premio Internacional UPC de Novela Corta de Ciencia Ficción. Se trata de "Universo monolítico" de R. J. Sawyer, ganadora del primer premio, "Ese relámpago, esa locura" de R. Martínez y "GRACOS" de G. Trujillo, ganadoras ex-aequo del segundo premio, y la merecedora de la mención UPC de esta edición, "Fuego sobre San Juan" de P.A. García Bilbao y Javier Sánchez-Reyes. A modo de complemento, este volumen se abre con la transcripción de la conferencia, "¡Pasajeros a bordo para el Escatón!: La CF y el fin del universo", dictada por S. Baxter durante el tradicional acto de entrega de los premios (también publicada en BEM 67), y se cierra con un breve recordatorio de la historia de este certamen a cargo de M. Barceló.

"Universo monolítico"
Robert J. Sawyer
Trad: Pedro Jorge Romero

En un siglo XXI, estrenado por poquitos años, Lloyd Simcoe al frente de un equipo de Física de Altas Energías del CERN va tras el bosón Higgs en un experimento singular. Pero no es esa exótica y añorada partícula lo que consigue sino regalar a la Humanidad con tres minutos de presciencia, tres minutos en los que absolutamente todos pierden noción de la realidad y asisten a cómo serán sus vidas 21 años en el futuro. Un regalo envenenado para algunas personas, desde luego. En primer lugar para aquellos que estaban al volante de un vehículo, y en segundo, para aquellos otros que deberán afrontar de forma temprana el fracaso de sus proyectos vitales. Tras unas páginas de sólida historia, la trama va a derivar hacia la organización de una segunda experiencia precognitiva, que para evitar desastres de magnitud, va a requerir una previsión, logística y concienciación que ríete tú del efecto 2000. Lo que acontece durante ese segundo "avistamiento" no lo voy a contar aquí. Baste decir que casi parece un pasaje de la conferencia de S. Baxter reproducida también en este volumen, y que de su particular experiencia 'astral' el protagonista deduce poco menos que estamos solos en el Universo. Acaba el libro con una agradable pirueta del protagonista que desmiente el título, y que no me esperaba yo de un personaje de R. J. Sawyer.

A mi entender, se trata la suya de una prosa desnuda, sin artificios, diríase "asimoviana", al servicio de la trama, al igual que sus personajes que muestran cierta dificultad para despegar del papel. Algo que no es bueno ni malo, tan solo depende de los gustos y del ánimo del lector. Lo que es seguro es que se trata de una forma de escribir que prioriza la historia contada, y en las de Sawyer, por fortuna, no suelen faltar ideas. Da la sensación, sin embargo, de que este autor escribe con patrón pues tiene cierta tendencia a perpetuar esquemas. De hecho, las similitudes formales entre esta obra, "Universo monolítico", "Psicoespacio" (la ganadora de la edición del año pasado), e incluso su premio Nebula El experimento terminal son notables. De hecho, suelen vertebrarse en torno a descubrimientos científicos y no suele ser inhabituales parejas en crisis. La verdad es que Robert J. Sawyer siempre tiene buen cuidado de que la trascendencia de dichos descubrimientos no sea meramente científica, sino sobre todo psicológica y sociológica, para remover la conciencia del lector y no acabar así escribiendo novelas hard demasiado planas. También es marca de la casa un voluntarioso enfoque didáctico-recreativo de la ciencia con profusión de iconos y nombres propios de la misma, e inefables adiciones culturales tanto tradicionales como modernas. Una novela, la presente, fecunda de ideas, en cualquier caso, aunque la tiranía de su corta extensión haga que algunas se queden en estado embrionario como las consecuencias lógicas de una Humanidad inmortal, entre otras.

"Ese relámpago, esa locura"
Rodolfo Martínez

Los parecidos con el año pasado no acaban con la repetición del triunfo de Sawyer y su obra de similar factura. La siguiente novela del volumen, "Ese relámpago, esa locura", tiene por base la duda 'teológica' al igual que "Soulsaver", la ganadora ex-aequo de la edición pasada. Frente a la prosa desnuda y carente de artificios de Sawyer, este autor asturiano contrapone unos párrafos de gran impacto y bella factura. Frente al sujeto-verbo-predicado narracional de Sawyer, nos encontramos en este caso ante un desarrollo narrativo no lineal y una doble voz temporal separada 25 años. Frente a la presentación clasicista y estática de los típicos personajes "cautivos" de Sawyer, R. Martínez nos ofrece varios personajes con algo que decir que van decantándose del propio texto de forma dinámica:

Pierre De Charden, nuestro narrador-protagonista, hombre de la Orden. Las debilidades y las dudas lo atenazan pero se mantiene y progresa dentro del sistema por comodidad y por vértigo a la nada. Lucas Picardo, típico representante oscuro del poder oculto de cualquier sistema. Clásico personaje maquiavélico que concita rumores y temores al tener y retener el control de la información, poder decisorio y ser a la vez brazo ejecutor. Involucrará a nuestro protagonista en una trama de la que no le dará detalles. Cara, a la que De Charden recurre para encontrar la información que Picardo le oculta. Osada cibernauta con una debilidad por el protagonista que acabará saliéndole como su nombre. De su mano nos introducimos en el ciberespacio, lo que le sirve de excusa para experimentar con la forma plástica de algunos pasajes de la novela. Isabel, adolescente pareja del protagonista, ¿una especie de Lolita? A la trasgresión de la relación profesor-alumna se añade, en este caso, el hecho de que el primero sea sacerdote. Como todas las Lolitas, a pesar de recibir instrucción por parte de su preceptor/amante, muestra mayor madurez que aquél en determinados aspectos. Por último, Karl Kennington. No sé si de forma subliminal las primeras sílabas de su nombre suenan bastante a Clark Kent, con quien comparte muchas cosas. Incógnito y poderes, para empezar. A diferencia de él, sin embargo, Kennington no es un superhéroe sino un dios. Un dios tímido a la postre, al que el Circulo Interno no logra hacer que se manifieste. Consciente, quizá, de aquella máxima oriental según la cual aquél que salva la vida de alguien queda en deuda con él para toda la vida, Kennington prefiere sacudirse de encima cualquier responsabilidad y no hacer uso de su poder. Por mucho que insistan en ofrecerle ese cáliz, él decidirá no beber de él.

Si la novela de R. Martínez es estructuralmente más ambiciosa, también tiene algo que contar, y goza de personajes más profundos y mejor presentados, ¿por qué no fue la ganadora de esta edición? Quizá porque a pesar de los buenos ingredientes, de los pronunciamientos favorables y de leerse fácil, a la novela le falla de alguna manera el tejido conjuntivo. Creo que tomada como un todo no llega a desarrollar toda las sinergías necesarias para forzar el rendimiento incondicional del lector. Uno de los principales puntos responsables de ello es, a mi entender, el de la credibilidad de la sobrenaturalidad del dios/superhombre. Atribuirla a la reescritura genética de su ADN y a la acción de nanomáquinas, sin una mayor elaboración, tiene la misma consistencia que la explicación de que los poderes de Superman se deben a haber nacido fuera del Sistema Solar. Es posible que al igual que J. Siegel y J. Shuster, el interés de R. Martínez por el origen de su personaje no supere lo anecdótico y prefiera el desarrollarlo en otros aspectos, pero creo que la poca elaboración en torno a este punto deja un poco coja la novela, sobre todo, porque se solapa con la falta de justificación racional de por qué la Orden, tras tres mil años de posesión en propiedad de un Dios tradicional, decide crear uno de carne y hueso.

"GRACOS"
Gabriel Trujillo

Su nombre nos da pistas sobre su origen, Genetic Research for Animal Conscience and Operativity. Son hijos de la paranoia de la Postguerra. Son infrahumanos y superhumanos, demasiado humanos en definitiva. Su aspecto no queda claro, no sabemos si se parecen más a un ángel o a un pterodáctilo. Son temibles, en cualquier caso, y son un tiro por la culata, porque ellos, los Gracos han escapado. Con forma plástica de bestseller, con una historia de guión de serie B (el propio autor menciona a Ed Wood) y con ambiente de episodio de Expediente X (también citado por el autor), G. Trujillo nos ofrece una novela muy apropiada para el fin del milenio: una trama de investigación genética que se escapa de las manos, de criaturas que pasan cuenta a sus creadores, nueva reedición del Golem o el mito de Frankestein, pero de génesis y propósito más cercanos al del Capitán América.

Una novela que como decía está escrita con un estilo fragmentado que permite saltar de una acción a otra, presentar una gran multiplicidad de personajes (demasiados, quizá, y todos con nombre y apellido) y explicar su participación en los hechos. Un estilo literariamente limitado pero ágil cuando se quiere relatar una progresión de hechos dramáticos con relación causal entre sí. Un estilo que permite leer rápido pero que suele dejar una huella superficial en lectores exigentes. También se expresan sentimientos, claro, pero están siempre supeditados a la acción y a los hechos, empleándose para ello frases cortas y premeditadamente intensas, lapidarias. Las derivaciones morales parecen dejarse para más adelante para no perturbar el quién, el cómo, el cuándo y el dónde de la historia. Efectivamente, el tono moral de los hechos acaecidos parece remontar el vuelo hacia el final de la novela, aunque hasta quizá demasiado tarde, la narración se centra en el experimento ido de las manos en perjuicio de la toma de autoconciencia de los gracos, lo que le hace perder envergadura como historia. Así, a pesar de la calidad fílmica de la novela no estamos ante el Espartaco del malogrado Kubrick, ni como obra escrita llega a la altura de obras parecidas como En caída libre de Bujold.

Entre lo menos logrado de la presente obra podemos citar que algunos de los múltiples hilos que componen la trama están un poco embrollados: al principio se hace bastante hincapié en el mito vampírico, y no sólo por la ingesta de sangre sino por el dominio de la voluntad ajena, pero esa idea acaba sin desarrollo y los gracos dejan de ser vampiros para pasar a ser una especie de replicantes sin disfraz humano con su particular Blade Runer tras ellos. También se da en esta obra alguna que otra incongruencia. La más fundamental, pero quizá la menos trascendente, es que el peculiar narrador nos relata hechos y detalles que difícilmente pudo ni podrá conocer. Por otro lado estamos hablando de una base 'secreta' a la que un granjero puede telefonear para inquirir acerca de sus incursiones aéreas, y no deja de sorprender las siete vidas del Comandante Duloth cuya facilidad para sobrevivir a explosiones cercanas bien podría pasarse al acervo genético de cualquier futuro soldado universal. Entre lo mejor de la misma, por otro lado, la atmósfera de algunos pasajes, el ritmo y la sensación de progresión, la reconstrucción de la zona fronteriza donde culminan los hechos, zona de narcos y espaldas mojadas, la campaña "goebbeliana" de desinformación y su posterior efecto bumerán, y el uso histriónico de la atomización de las agencias de seguridad y el secretismo con el que operan en zonas conflictivas. Pero sobre todo, la ubicación temporal elegida para los hechos: no pasarán en un futuro lejano o cercano, sino que acaban de tener lugar. Así las referencias a nuestro pasado cercano tienen cabida natural: el asalto de Waco, el atentado de Oklahoma, los desórdenes de Los Angeles. Y si no nos hemos enterado de nada de lo que ha pasado con los gracos es porque lógicamente todo está debidamente silenciado y clasificado, aunque de aquí treinta años vamos a llevarnos una sorpresa. Seguro.

"Fuego sobre San Juan"
Pedro A. García Bilbao
Javier Sánchez-Reyes

Manila, 1912, pero nada es lo que debiera ser. De entrada, España, que conserva sus territorios de ultramar, es una confederación, y Filipinas, uno de sus estados. Si en "Gracos" de G. Trujillo se respiraba cierto antiamericanismo, aquí, en una peculiar reescritura del Desastre del 98, P.A. García Bilbao y J. Sánchez-Reyes ponen al embrionario imperialismo yankee sobre las rodillas y le propinan unos sonoros cachetes. La novela empieza a toda máquina y con abundancia de léxico marinero. También hay riqueza en la descripción del armamento de la época, algo accesorio pero que viste bien la novela, como la hay de nuevo en el análisis estratégico de las confrontaciones. Buena labor de documentación, en suma, o estamos ante uno o un par de escritores diletantes que se han permitido escribir sobre lo que conocen o les interesa. Muy bien escrita, en esta obra no solo hay erudición, sino un muy buen ritmo y hasta algunos guiños para con el lector. A pesar de tratarse de un reconstrucción histórica alternativa hay frases célebres que no dejan de pronunciarse en circunstancias parecidas. A parte de las anécdotas, la reescritura alternativa de unos sucesos históricos, permite a los autores (les obliga, de hecho) a especular sobre su posterior evolución histórica y política. Una experiencia estimulante y poco habitual, que aunque en este caso sea menos arriesgada que en otros, no deja de requerir minuciosidad y rigor. Digo menos arriesgada porque dentro del terreno de la especulación es más difícil trabajar con el "qué va a ser" que con "lo que pudo haber sido" (el tiempo no va a desmentirnos, al fin y al cabo). Esta no es una novela histórica, o no lo es al cien por cien. Es una novela de viaje temporal y universos paralelos. De hecho, son dos las tramas que se desenvuelven en ella. La primera, la reconstrucción preciosista de los hechos del 98 que se vehiculan a partir de unos sucesos de 1912, primer momento en el que advertimos que nos encontramos en un universo alternativo. La segunda, que engloba a la anterior como caso particular, apunta desde el futuro a un asalto no identificado al continuo temporal y a los esfuerzos de rectificación de la autoridad competente. Es una trama apuntalada en un par de hechos más (un intento de colonización de Epsilon Eridani aparentemente fallido, y un acto de sabotaje en un universo paralelo) pero que apenas está esbozada a efectos prácticos. Y es que aunque los autores pongan punto final a la novela con un amago circular en torno al nombre del primer personaje que entra en escena, estamos ante una obra enteramente abierta. Una novela que en su forma actual parece ser el embrión o el extracto de algo más ambicioso. (Hacia algo así apuntaba el propio P.A. García Bilbao en BEM 68).

Me permito ahora una pequeña disgresión. Siendo mi posicionamiento natural de indolencia nacionalista y para más inri mi radicación periférica, me asaltó mientras leía una primera sensación de que esta reescritura histórica de lo acaecido en 1898 y el hecho de asociarle tanta trascendencia histórica (un Punto Jumbar, nada menos), no fuera sino un ejercicio justiciero a la sombra del centenario de los hechos. ¿Síntomas del síndrome del miembro ausente (el imperio, en este caso)? ¿Reedición democrática y republicana del mismo espíritu que animara a los aguerridos, y en otro tiempo políticamente correctos, Roberto Alcázar y Pedrín? Tras algo de reflexión no me parece descabellado sostener que aquellos hechos resultaran realmente históricamente decisivos, pues con ellos el que iba a ser el modelo imperialista agresivo y pragmático del siglo XX tomaba el relevo de un imperialismo decimonónico, "romántico" y caduco que no acertó a renovarse a sí mismo. El que las malas artes y tapaderas supuestamente empleadas por los unos, y el poco acierto en la defensa mostrado por los otros, dejaran un poso amargo por estos lares es harina de otro costal.

Su opinión:

Versión para imprimirVERSIÓN PARA IMPRIMIR

Boletín de informaciónSUSCRÍBASE A NUESTRO BOLETÍN

LAS MÁS LEÍDAS
Harry Potter y el cáliz de fuego de J.K. Rowling
Harry Potter y la piedra filosofal de J.K. Rowling
La larga huida del infierno de Marilyn Manson con Neil Strauss
Harry Potter y la cámara secreta de J.K. Rowling
Harry Potter y el prisionero de Azkaban de J.K. Rowling
La fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa

NOVEDADES EN LA PÁGINA
El señor Mee de Andrew Crumey
Grupo abeliano de Cid Cabido
El técnico de sonido de Marcel Beyer
Dioses menores de Terry Pratchett
Baudolino de Umberto Eco
Estrella doble de Robert Heinlein
Drácula desencadenado de Brian W. Aldiss
La estación de la calle Perdido de China Miéville

PRINCIPAL | RESEÑAS | COLUMNAS | ENTREVISTAS | ARTÍCULOS