Ægypto
John Crowley
Ed Minotauro. Barcelona. Diciembre de 1990. Título original: Ægypt. Trad. Matilde Horne. ISBN: 8445072986.
Valoración: 3.5
Impreso de http://www.archivodenessus.com/rese/0246/

por Luis Fonseca

Pierce Moffet, profesor de historia, no parece encontrar su lugar en el mundo. Quizá sea porque sin saber bien porqué añora un mundo que fue pero que ya no es. El paradigma de ese mundo y de su historia es Ægypto, un país distinto del Egipto que conocemos, de ahí su diferente grafía. Un mundo diferente, algo más mágico, algo más misterioso, algo más generoso. Crowley hace divagar a su personaje en torno a las pistas que esa historia secreta de ese mundo, que fue y que ya no es, ha dejado entre nosotros; pistas que cuestan de ver, como los restos de una ciudad antigua invadida por la jungla que ha dejado de ser reconocible, pistas como la razón por la que creemos que los gitanos pueden adivinar nuestra suerte, por qué a Jesús se le representa con un pez, por qué Moisés tenía cuernos y los judíos veneraron a un becerro de oro... Pero la búsqueda de Moffet no es la búsqueda sistemática de un detective, sino que es una búsqueda confusa, existencial, introspectiva y sesuda. Y todo ello tiene lugar en un libro cuyos capítulos tienen resonancias astrológicas; un libro que, como se reconoce en la nota del autor que lo encabeza, está hecho de muchos libros, pero no exactamente como cabría esperar (en sus fuentes) sino que también se construye a ratos con transcripciones de libros reales e imaginarios en los que a veces se atisban encadenamientos en bucle.

En el texto se dan cita Giordano Bruno, John Dee (astrólogo y consejero de Isabel I), Shakespeare, enviados astrales, videntes y, cómo no, las tribulaciones vitales de Pierce Moffet en la dura ciudad y en unas bucólicas montañas. Se trata de un libro al que encontrarle sentido del todo es una tarea ardua, ya que (me permito citar del libro y quizá no demasiado fuera de contexto) "el libro, considerado como tal, como novela, no era por cierto un buen libro; era un romance filosófico, remoto y extravagante...". Volviendo a la imagen de las ruinas invadidas por la jungla, también los pasajes con más sentido para el lector común están rodeados aquí por la maleza inquietante de elucubraciones menos domesticadas. Aun así, como todas las ruinas remotas, este libro exhuma una aura arcana y mística que le favorece, debido en buena parte (y ahora cito de la solapa) a "las extraordinarias dimensiones que el autor es capaz de poner en palabras". Un libro, en cualquier caso, de lectura exigente y de recompensa ambigua.

La lectura de este libro por mi parte coincidió en el tiempo con una visita a Dinamarca. Al carecer el país de canteras, allí las catedrales están hechas de ladrillo. Para los que no estamos acostumbrados resulta chocante comprobar como con dolorosa minuciosidad estas edificaciones, como el libro que nos ocupa, también se elevan hasta al cielo. En el interior, como feudo protestante que es, no se rinde culto a las habituales tallas de santos, de igual forma a como en el libro no se nos proporciona la "indulgencia" de una trama al uso. El ornamento se encuentra pues en otros elementos: en el órgano, en los tronos, en los bancos... donde se roza y, a veces, se peca de virtuosismo. Es, sin duda, otra forma de construir, otro estilo. Como no soy ningún prefecto de la fe romana, no abandero que el camino de la salvación sea único. Hay otras "religiones" y otras vivencias.

A vueltas con Dinamarca, además de catedrales también tienen museos, algunos con piezas egipcias destacables... ¿alguien adivina como se escribe Egipto en danés?