| RESEÑAS | COLUMNAS | ENTREVISTAS | ARTÍCULOS |
|
The Death Pit
Tony Strong Un misterio que se remonta a varios siglos en el pasado y que tiene connotaciones mágicas y sexuales. Un asesinato en la escocia de nuestros días. Dos investigaciones que de alguna forma se entrecruzan. El thriller de los últimos tiempos tuvo que adaptar la por aquel entonces ya obsoleta novela de detectives a los tiempos modernos mediante varios trucos. El más obvio fue la recuperación del detective hardboiled y los ambientes urbanos, o la revisión desde el conocimiento, como ocurre con James Ellroy. Otro menos evidente fue la recuperación del gótico, el contar historias de investigación y asesinato como si fuesen cuentos de fantasmas o de actividad sobrenatural (Peter Straub, por ejemplo), poniendo cuidado en el simbolismo y en la ambientación. Sin embargo, el truco de más éxito fue la cientificidad de la investigación policial -creada en el género de detectives racionalistas- pero poniéndola al servicio de un ambiente a medio camino entre el terror y el naturalismo, como ocurre con la exitosa serie de novelas patológico-forenses de Patricia D. Cornwell.El thriller puede ser considerado un género aparte porque tiene características propias, aunque tomadas de otras fuentes, que se amalgaman de forma curiosa. Por tanto, puede sufrir contaminación de las más diversas fuentes, desde las mencionadas anteriormente hasta la ciencia ficción, la novela histórica o el terror sobrenatural o el psicológico. The Death Pit es una novela que tiene dos de los grandes modos del thriller actual, el de investigación histórica académica, normalmente asociado a ambientes ominosos/sobrenaturales de repetición cíclica de hechos cruentos, y la investigación patológica-forense (en este caso, arqueológica-forense, aunque el crimen así estudiado es reciente). Lo curioso en este libro, evidentemente es ver como los dos modos terminan superponiéndose aunque los objetos de referencia de cada uno estén separados temporal y espacialmente. Para empezar, Terry Williams, doctoranda y lesbiana sin mucha vocación, llega a escocia para estudiar la correspondencia de una mujer, Catherine McCulloch, quemada por bruja en siglo XVII. Al mismo tiempo y en la misma población, Ian Pulloch, arqueólogo forense, trata de determinar la probable fecha de la muerte de una joven encontrada en un pozo donde los granjeros, por ley, echan los cadáveres de los animales no aptos para el consumo. Si la parte inicial del personaje de Terry es puramente intelectual, la búsqueda de una verdad esquiva entre los registros y los libros, la parte de Ian es el descenso a los infierno carnales con una expresión clínica. Curiosa y paradójicamente, lo que evita la parodia, es el humor que se encuentra ellas. Terry quiere demostrar en su tesis que el crimen de Catherine no era la brujería, sino la homosexualidad, mientras que su anfitrión, Magnus McCulloch pretende lo contrario para poder montar un museo del horror y la tortura sobre la historia de su antepasada.Por otro lado, Ian descubre muy a su pesar que a las mujeres las prefiere quietecitas, calladitas y como de unos cuantos siglos de edad (sin caer en la necrofilia, sólo en el plano intelectual, claro está). Es curioso, pero el motor de toda la novela es el sexo y la procreación, aunque no tenga ninguna intención de caer en lo pornográfico, lo puramente erótico o lo banalmente escandaloso. Simplemente funciona así, aprovechando de formas diferentes la percepción humana del asunto, aderezado con un punto de comedia de equívocos: es divertido observar que son las conductas sexuales de los personajes las que provocan todos los cambios de dirección de la novela, dotando de una carga irónica a una obra que se descubre de estructura bastante simple una vez que llegan las revelaciones finales. Eso es lo más sorprendente de este libro: la solución del misterio, la catarsis final, es sorprendentemente de poca importancia comparado con la labor de llegar hasta ella. Eso sí, la broma final del libro es para morirse: si Catherine no era ni bruja ni lesbiana ¿cuál era su terrible secreto? Para complicar aún más la cosa para Terry e Ian, en el pueblo hay un "coven" de brujas y brujos modernos que se dicen herederos de las enseñanzas de Catherine, los dos hijos del anfitrión de Terry son, respectivamente, un putón desorejado y un freakie que dispara sobre todo lo que se mueve y además el pueblo tiene su propio inquisidor moderno en la figura de un maniaco religioso que hace callar al cura para dar él los sermones. Con respecto al peso de la historia, el libro tiene una aire así como si alguien hubiese encargado a un académico que resolviera un misterioso crimen oculto en la estructura de La letra escarlata. Al igual que Hawthorne, cuando Strong habla del pasado, lo que está haciendo es hablar del presente. Pero luego, cuando llega el momento de reiterar la historia en el modo académico (la repetición de los hechos cruentos que menciono al principio), la conclusión también es bastante irónica aunque no exenta de tragedia ni mucho menos: puede que las mujeres de antaño tuvieran más redaños, pero las de ahora tienen más opciones. En resumen, no es un gran libro, ni contiene una gran sorpresa, pero la escritura es amena y la narración está lo suficientemente bien llevada para resultar entretenida. © Xavier Riesco Riquelme 2000 Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.
|
|
| PRINCIPAL | RESEÑAS | COLUMNAS | ENTREVISTAS | ARTÍCULOS |