Entre el desierto y el mar. Viajes por Israel y Palestina
Rafael Dezcallar
Ediciones Destino. Barcelona. Abril, 1998. 366 páginas. ISBN: 84-233-2981-X.
Valoración: 5
Impreso de http://www.archivodenessus.com/rese/0270/

Rafael Dezcallar combina sabiamente y con equilibrio la objetividad y subjetividad para ofrecer el panorama de una fascinante tierra antigua y ahora en disputa.

por María Castro

Entre la avalancha editorial que cada año nos abruma, es fácil que pasen desapercibidas obras que por su calidad no lo merecen. Creo que es de justicia recuperar este libro que se publicó en al año 1998, sin que se le dedicase demasiada atención a pesar (o quizás precisamente por eso) de que trata de un país, Israel, que siempre está de actualidad. Su autor, Rafael Dezcallar, es un diplomático español y, según el mismo confiesa, un apasionado viajero, que consigue en este libro conjugar de manera armoniosa ambas facetas, lo que da como resultado una crónica de viajes que se ve enriquecida por el profundo conocimiento político de la zona.

En Israel residió el autor durante tres años, por motivos profesionales y a lo largo de ese tiempo se fue forjando una intensa fascinación por el país, por su paisaje, por sus gentes y por su compleja y conflictiva historia. De esa fascinación surge este libro que consta de seis capítulos, dedicado cada uno de ellos a uno de los lugares que por distintos motivos más le han interesado: Jaffa; Tel Aviv; Jerusalén; los Monasterios del Desierto; Galilea y las Fronteras de Israel. La mirada del autor los recorre detenidamente, mostrándonos su presente y su pasado, poniendo de relieve sus inmensos contrastes históricos y sociales, económicos y culturales.

En este sentido es especialmente significativo el capítulo en el que se describe la ciudad de Jerusalén, que es verdaderamente espléndido. Jerusalén es más una ciudad mítica, que una ciudad real; los que la visitan realizan la mayor parte de las veces un recorrido por el interior de sí mismos, buscando las raíces de su propia Fe; así, lo que contemplan es más importante por lo que simboliza y representa que por lo que realmente es; esto hace de Jerusalén el símbolo de los símbolos y confiere a la ciudad una entidad única en el mundo.

Jerusalén puede ser vista, como la quintaesencia de todo lo que para el hombre es sagrado (patria, raza, religión), y por lo tanto como la perfecta representación del destino que la humanidad reserva para todo aquello que convierte en sagrado: desfigurarlo hasta anular su belleza original, poniéndolo por encima del hombre mismo y convirtiéndolo así en la excusa perfecta para eliminar a todo aquel que no participa de la misma visión. Jerusalén, dice el autor, es una ciudad de espejos, en la que cada persona busca el reflejo de su imagen del mundo y es por lo tanto una ciudad que, desde su arquitectura hasta su cotidianeidad, se empeña en marcar diferencias, en impedir la unidad, en imponer la superioridad de unos símbolos sobre otros. Y sin embargo, de alguna extraña manera, como para constatar el fabuloso poder que tienen los mitos, Jerusalén acaba por mostrar, incluso al visitante más escéptico, su capacidad de atracción.

Otro mito importante en la historia del hombre y ,sin duda alguna, en la historia de las tres grandes religiones monoteístas, el del desierto, también encuentra su eco en Israel. En el capítulo dedicado a los monasterios, Dezcallar analiza como el desierto es a la vez obstáculo y refugio para el hombre, que ha querido encontrar en su enorme desolación el abrigo ideal para las inclemencias de este mundo, topándose sin embargo con la frustrante sensación que tan acertadamente describiera Kavafis, "...No hallarás nuevas tierras, no hallarás otros mares. Tras ti irá la ciudad". Y así el desierto ha sido y sigue siendo testigo de crueles batallas, como la que en la actualidad mantienen israelíes y palestinos por los Territorios Ocupados.

Pero no se agota en su argumento el interés de este libro, sino que su forma es igualmente importante. Está magníficamente escrito, con un lenguaje que consigue ser al tiempo poético y conciso, descriptivo y evocador. Tiene asimismo una estructura narrativa que consigue enganchar al lector haciendo difícil abandonar su lectura, los saltos entre pasado y presente, la inclusión de anécdotas personales, junto con acontecimientos históricos remotos y hechos recientes que están en la memoria de todos, se engarzan espléndidamente, consiguiendo una sorprendente agilidad narrativa y una sencillez de exposición encomiable en una obra en la que la abundancia de los datos expuestos y la extensa cultura del autor logran una gran profundidad en los temas tratados.

Pero a mi entender el gran mérito de esta obra está en el perfecto equilibrio entre objetividad y subjetividad. Parece como si el autor hubiese dispuesto de una balanza en la que pesar la cantidad justa que de ambos ingredientes tenía que aplicar a la construcción del libro y que ambas se hubieran repartido en la proporción correcta. Así el libro es intensamente subjetivo en la evocación de las impresiones que lo que contempla causa en el autor, él nos habla de "su Israel", de los sentimientos que este país provoca cuando lo recorre, de sus lugares preferidos, de sus rincones especiales, de los aspectos por lo que siente una fascinación especial. Y al mismo tiempo muestra una sorprendente capacidad de ser objetivo en la descripción y explicación de los innumerables enfrentamientos que en esta zona se han generado. Navega por un revuelto mar de conflictos históricos, culturales, religiosos, ideológicos, profundizando en sus causas y en la relación entre ellos, sin que en ningún momento la barca escore hacia uno de los lados.

Quizás porque Dezcallar no ha querido escribir un libro sobre el conflicto entre israelíes y palestinos, sino sobre el país que ambos se disputan, olvidando que ningún país es verdaderamente propiedad de los que lo reclaman, pero que todos deberíamos tener derecho a considerarnos ciudadanos del país que sentimos como nuestro. Dice el autor: "Entre el desierto y el mar, al fondo del Mediterráneo, hay una tierra que para unos es santa y para otros maldita... Una tierra de enorme densidad histórica, en la que se cambia de siglo, de civilización y de dios cada pocos metros...". La lectura de este libro equivale a un fascinante viaje por esta tierra, acompañados por un excepcional cicerone.