Una reflexión sobre el amor, la lealtad y el deber son la base de esta primera novela de Connie Willis. Una historia de misteriosos sueños en el presente que se remontan hasta la época de la guerra civil americana.
por Luis Fonseca
Jeff Johnston, es un joven historiador contratado como documentalista por un escritor especializado en la Guerra Civil americana. Su trabajo le ha convertido en un experto investigador de curiosidades menores en una de las guerras más sobredocumentadas. El mencionado escritor está obsesionado con los sueños premonitorios de Lincoln antes de su asesinato. Por ello recaba la ayuda de Richard, un psiquiatra experto en desórdenes del sueño, que fue antiguo compañero de campus de Jeff.
De la mano de Richard entra en escena Annie, su novia y su paciente (situación conflictiva), a la que la aquejan unos sueños vívidos que corresponden a las experiencias de otra persona durante la Guerra Civil. Jeff, como experto, sabe reconocer ciertos aspectos de los sueños de Annie y ambos escapan de Richard y sus pautas de medicación recorriendo escenarios bélicos de esa guerra con la esperanza de resolver el misterio de los sueños de Annie, unos sueños que de entrada se exacerban...
Connie Willis nos cuenta, entre otras cosas, una atribulada historia de amor unidireccional, en la que Jeff al obligarse a respetar la determinación vital de Annie para no cometer la misma equivocación que Richard, no puede ni poseer, ni, muy a su pesar, proteger al objeto de su amor. Tan solo puede ofrecerse como una luz guía para que Annie reencuentre el camino de su cordura en sus interminables noches de pesadilla y en sus vigilias huérfanas de certidumbre.
El hecho de tratar de la Guerra de Secesión americana no debería constituir un lastre para la lectura de este libro en estos páramos tan proclives al antiamericanismo. Si bien es cierto que la Guerra Civil americana se ha convertido en un manoseado lugar común, Willis la trata con tino y no debería costarnos verla como paradigma de las más crueles y viscerales de las guerras, aquellas en las que líderes enfrentados endosan sus ideas irreconciliables con pedazos de población.
De la soledad y responsabilidad de esos líderes que deciden que la resolución de un conflicto pasa por medir unas vidas con otras vidas también trata la novela... La Guerra de Secesión, su dramatización en una novela dentro de la novela, la historia entre Jeff y Annie, las encrucijadas morales de Lee y Lincoln, sus vidas privadas, la relación de fidelidad entre Viajero, el caballo de Lee, y su dueño... todo ello se amalgama en este interesante y recomendable libro de Connie Willis, del que al cabo del tiempo uno recuerda la conseguida sensación de desasosiego que la autora es capaz de evocar.
Es de notar el cuidado formal que Connie Willis pone en esta su primera novela, esmerándose en el encaje de las diferentes piezas dispuestas a lo largo de la obra. Las reiteraciones de situaciones o de líneas de pensamiento (algo que la autora tiene a gala introducir en todas sus obras y que en ocasiones adquiere tintes de auténtica exasperación) tienen curiosamente en este libro un carácter más espiral que circular gracias a los matices que detalles imperceptibles van adicionando; detalles que a su vez amarran e inmovilizan nuestra atención en torno al devenir de la historia como si de un Gulliver varado en la playa se tratara.
Es este un libro en el que la autora atenta contra nuestra fibra sensible en cada una de sus subtramas y merece la pena destacar la maestría con la que consigue hacernos partícipes de la misma sensación de congoja de Jeff: el mismo desasosiego del que ha alimentado a un gato callejero y comprueba un día que éste ha dejado de acudir al reclamo de su plato de comida, dejándole sintiendo lástima de sí mismo al verse abandonado por algo que nunca le había pertenecido. Sin duda, esta novela está más emparentada con El libro del día del Juicio Final que con otras más optimistas de la autora como Por no mencionar al perro.
© Luis Fonseca 2000