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Portada de La segunda creación de Ian Wilmut, Keith Campbell y Colin Tudge
Valoración: 4 estrellas de 5

Ediciones B. Barcelona. Septiembre 2000. Título original: The Second Creation (2000). Traducción: Guillermo Solana. 400 páginas. PVP: 2.400 pesetas (14,42 €). ISBN: 84-406-9934-4.

CONTRAPORTADA

La clonación de Dolly en 1996 a partir de la célula de una oveja adulta, realizada en el Roslin Institute, cercano a Edimburgo, por el equipo liderado por Ian Wilmut y Keith Campbell, fue un momento crucial para la historia y se consideró de inmediato el logro científico de la década. Por primera vez los científicos tenían el control absoluto de lo que estaban creando, y la técnica que habían desarrollado era aplicable a otros mamíferos, acercando cada vez más la posibilidad de la clonación humana. Pero el verdadero poder de la clonación sólo se alcanzará en combinación con el avance de los estudios sobre el genoma, que identifica los genes individuales y muestra su funcionamiento, y la ya consolidada ingeniería genética, que altera estos genes a voluntad. Con estas tres tecnologías, entraremos de lleno en la era de los animales de "diseño", creados a la medida del diseñador. En el futuro nuestro control sobre los organismos vivos podría llegar a ser absoluto.

La segunda creación
De Dolly a la clonación humana

Ian Wilmut, Keith Campbell y Colin Tudge

¿Cuál es la realidad de la clonación? ¿Qué decisiones deberemos tomar frente a ella? Estas preguntas y otras similares sólo podrán contestarse sabiendo más sobre el proceso y los científicos que crearon a la oveja Dolly son quizá las personas más indicadas para ilustrarnos.

por Eduardo Gallego

Hay tres biotecnologías surgidas en los años 70 de suma importancia, ya que podrían permitirnos el control absoluto de los procesos vitales. Son la Ingeniería Genética (que se ocupa de transferir genes entre diversos organismos), la Genómica (trata de cartografiar los genes) y la Clonación (intenta obtener copias de los organismos). Esta última trae consigo una serie de connotaciones e ideas asociadas, en gran medida negativas: la oveja Dolly, copias de Hitler, amenazas a la libertad individual... ¿Qué hay de cierto en todo ello? O ¿hasta qué punto se trata de reacciones histéricas o frívolas, fruto del desconocimiento? En cualquier caso, las biotecnologías van a condicionar nuestro futuro. Si uno desea estar bien informado y disponer de elementos de juicio sobre el tema, es recomendable la lectura del libro objeto de la presente reseña.

La segunda creación posee un doble interés. Por un lado, explica con pelos y señales el complejo proceso de la obtención de clones, lo que resulta muy ilustrativo sobre el funcionamiento de la ciencia y los científicos. Por otro, los autores son valientes y analizan las consecuencias, peligros y posibilidades encerrados en las nuevas biotecnologías. El formato escogido para no aburrir al lector me parece acertado. Un reputado escritor científico (C. Tudge) se entrevista con dos de los máximos responsables de la clonación de la oveja Dolly (I. Wilmut y K. Campbell), y pone su saber literario al servicio de la divulgación de su labor científica. Al menos, yo, como biólogo, creo que lo logra. Probablemente, al no especialista le sea difícil seguir algunos capítulos, y ésta podría ser la única pega del libro. Sin embargo, es inevitable. El deseo de convertir la ciencia en asequible no debe llevarse hasta el extremo de eliminar la terminología necesaria para definir claramente las cosas. Si el lector desea informarse, debería realizar el pequeño esfuerzo (hay un glosario al efecto al final del libro) de documentarse sobre las bases de la biología.

También cabe destacar que la traducción es cuidada, en contra de lo que suele ser habitual en las obras de divulgación científica. A veces, el desconocimiento del traductor en temas biológicos convierte a ciertos libros en ilegibles (por ejemplo, hay quien ha traducido sperm whale por ballena espermática (!), en vez del vocablo castellano cachalote, y otras monstruosidades semejantes). Es de agradecer que aquí se haya cuidado ese detalle.

En cuanto a la parte científico-técnica, el libro es un buen recordatorio de los procesos de división celular y reproducción. No viene mal refrescar lo que aprendimos en el instituto sobre mitosis, meiosis, fecundación... E incluso los biólogos descubrimos en este libro aspectos insospechados. A veces albergamos ideas muy simplistas sobre los procesos de la vida, y éstos son realmente complejos. Por ejemplo, algo con implicaciones morales: ¿a partir de cuándo un cigoto (un óvulo fecundado por un espermatozoide) puede considerarse activo (y, por tanto, persona en potencia)? Lean el libro.

También se desmitifica el concepto de clonación. Los humanos somos chovinistas por naturaleza, y creemos que nuestra forma de ser es la regla, no la excepción. Pues bien, la clonación es tremendamente corriente en la naturaleza. Plantas, bacterias, hongos y muchos animales fabrican copias de sí mismos. Hay algunos animales que incluso han dejado de lado la reproducción sexual y practican la partenogénesis. En cualquier caso, la clonación es rara en mamíferos, salvo el caso de los gemelos idénticos (un cigoto se escinde en el útero, y da lugar a crías que son clones entre sí, aunque no de sus padres).

La segunda creación nos relata, con rigor y amenidad, los esfuerzos de los científicos para clonar mamíferos, un proceso lleno de triunfos, pero también de errores y palos de ciego, de amor al conocimiento y de intereses económicos. Al fin y al cabo, la ciencia es tarea humana, con sus defectos y virtudes, y su progreso nunca es rectilíneo. Eso sí, es importante distinguir dos vías de clonar animales. Una de ellas trata de escindir cigotos, es decir, de crear gemelos artificialmente. La otra, más difícil pero con mayor potencial, se basa en la transferencia del núcleo de una célula del animal donante a un ovocito (o similar) receptor, al que previamente se ha enucleado. La célula resultante, con los mismos genes que el donante, será implantada en una hembra (el proceso es algo más complejo, claro), la cual parirá, con suerte, el deseado clon. Desde los experimentos pioneros con ranas se nos muestran los ensayos con ratones que, por las especiales características de sus cigotos, no resultaron los animales adecuados. Las ovejas mostraron ser unos sujetos experimentales más idóneos y, paso a paso, se lograron transferencias de núcleos de embriones, hasta llegar a Dolly. No es el primer mamífero clonado, ni siquiera la primera oveja, pero sí es, y a ello debe su fama, el primer mamífero clonado por transferencia nuclear a partir de una célula adulta diferenciada (de tejido mamario, concretamente). Posteriormente, se han logrado éxitos similares con vacas, cerdos y los esquivos ratones. Y a nadie se le oculta que podría realizarse también con humanos.

Éste es el meollo de la polémica, y aquí viene lo mejor del libro. Los autores se hacen preguntas, que tratan de responder con claridad: ¿Qué buscaban exactamente clonando ovejas? ¿Qué hay de la clonación humana? ¿Es algo bueno o perverso? ¿Dónde nos lleva todo esto?

Consideremos la clonación en humanos. Los autores comentan que nada más publicarse lo de Dolly, recibieron llamadas de gente que pedía que les clonaran a hijos o parientes fallecidos. También asistieron al espectáculo de los titulares de periódicos y revistas, con profusión de copias de Hitler y demás anuncios apocalípticos. ¿Es posible copiar a una persona? La respuesta es no. Veamos por qué.

En primer lugar, Dolly no es un gemelo idéntico de la donante, sino un clon genómico. De acuerdo, el núcleo procede de células mamarias de otra oveja, pero este núcleo fue implantado en una célula receptora de otra oveja distinta. Podría pensarse que al haber eliminado el núcleo de esta última, todos los genes de Dolly corresponderían a la donante, pero ocurre que en una célula existen genes fuera del núcleo, en el citoplasma (en las mitocondrias, concretamente). Estos genes extranucleares no son muchos, pero están ahí, y marcan una cierta diferencia. Por otro lado, las características de un individuo adulto no dependen sólo de sus genes, sino de la interacción de éstos con el ambiente, las condiciones del embarazo, la alimentación... Y es imposible que dos criaturas pasen por idénticas peripecias vitales.

Por otro lado, la clonación en ganado está dando problemas. Las vacas clonadas experimentan el síndrome del gigantismo fetal, con lo que el proceso no resulta rentable para el ganadero si hay que practicar la cesárea a las pobres vacas cada vez que vayan a parir un ternero. Resulta mucho más práctica y barata la forma tradicional de traer reses al mundo. O humanos.

Aparte de las pegas antedichas, nuestra personalidad no depende del número de neuronas que tengamos en el cerebro (lo cual sí está controlado por los genes), sino de las conexiones que se establezcan entre ellas. La propia vida nos va moldeando de forma irrepetible; los genes sólo dan el bosquejo inicial. Ira Levin comprendió perfectamente este concepto cuando escribió Los niños del Brasil, pero me temo que fue demasiado optimista. Recrear un nuevo Hitler por clonación es una empresa vana, además de superflua. De hecho, los dictadores en potencia surgen solos, sin necesidad de apoyo científico.

Y además de su imposibilidad práctica, ¿tenemos derecho a clonar a un ser humano? ¿Es moralmente correcto querer que un hijo sea un calco de nosotros? ¿No estaremos jugando con su libre albedrío? ¿No sería una muestra de egoísmo? Es un tema serio. Los autores se oponen. Al fin y al cabo tienen hijos, y se preguntan qué sentirían éstos sintiéndose una copia de alguien que reflejaría lo que les espera en su propia vejez, o la sombra de un muerto.

Entonces, ¿cuál es el interés real de la clonación? En La segunda creación podemos comprobar que clonar mamíferos no era el interés primordial de los científicos que la lograron, ni de otros científicos que los precedieron. Más bien surgió de forma colateral, como complemento a otras biotécnicas. De hecho, el interés de los autores reside en la Ingeniería Genética. En pocas palabras, van buscando ovejas que produzcan leche con diversas hormonas o proteínas útiles para la medicina humana (el proceso se conoce como pharming). Antes de Dolly, habían logrado el nacimiento de otra oveja, Tracy, de cuya leche se podía extraer un posible fármaco contra la fibrosis quística, una terrible enfermedad hereditaria que destruye los pulmones. Pero introducir genes útiles en cigotos de ovejas es un proceso complicado. Resultaría más barato trabajar con cultivos celulares in vitro, modificar su genoma, seleccionar las células más prometedoras y tratar de clonar el individuo transgénico. Es algo que, gracias a la experiencia obtenida con Dolly, ya se ha hecho.

Asimismo, la clonación per se es interesante para la obtención de animales de laboratorio genéticamente idénticos (eso garantizaría que los resultados sean reproducibles), obtención de ganado selecto (la clonación evitaría los cruces endogámicos), preservación de especies en peligro de extinción, o la clonación de tejidos (lo que evitaría problemas de rechazo). Sin embargo, las posibilidades de la clonación se incrementan de forma insospechada si se combina con la Ingeniería Genética. Aparte de la fabricación de medicamentos mediante pharming, existe la posibilidad de clonar animales modificados (cerdos, mayormente) para xenotransplantes, etc.

La parte IV del libro, "La era del control biológico", nos muestra ésas y otras magníficas posibilidades. Sin duda, cambiarán el mundo, aunque ¿para bien o para mal? Los autores, además de científicos, son ciudadanos, y creen que es la sociedad la que debe decidir cómo emplear estas nuevas y potentes herramientas, capaces de modelar nuestro destino. Por tanto, la divulgación de las biotécnicas es un deber cívico, y con este libro aportan su granito de arena. Por supuesto, de nada servirá si, por su parte, la ciudadanía no realiza el esfuerzo de informarse, en vez de guiarse por tópicos o titulares impactantes. Es mucho lo que nos jugamos.

Eduardo Gallego Arjona (Cartagena, 1962). Es doctor en Biología y profesor titular de la Universidad de Almería. Aparte de su amor a la Ciencia, también es un buen aficionado a la ciencia ficción. Fue presidente de la Asociación Española de Fantasía y Ciencia Ficción y, además, escribe a dúo con Guillem Sánchez. Más datos en: http://www.ual.es/~egallego.

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