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Río lento
Nicola Griffith Una lucha desesperada por la supervivencia y la identidad personal en una ciudad futura. Bacterias producto de la ingeniería genética, oscuros intereses industriales y una intensa historia personal conforman esta magnífica novela. por Luis Fonseca Lore van de Oest, heredera de una rica familia que ha amasado su fortuna con la biotecnología, es víctima de un secuestro. Tras escapar por su propios medios ante la demora en el pago de rescate, deberá apañárselas sola y herida en una ciudad anónima. Temerosa de su propia familia de la que sospecha estar detrás de su desgracia, caerá en la órbita de Spanner, una superviviente de los bajos fondos. Su ayuda no será desinteresada: tras seducirla, convertirse en su amante y manipularla, la obligará al mercadeo sexual para asegurar la manutención de ambas. Para abandonar esa vida Lore deberá comprar su libertad con un golpe audiovisual, y emprender una nueva, igualmente anónima, bajo una identidad ficticia en una planta de tratamiento biológico de aguas. Esta obra galardonada con el Nebula es uno de esos ejemplos no muy abundantes de ciencia ficción de distancias cortas, que abre el telón en un futuro a corto plazo, en un mundo con desigualdades sociales y ambientalmente envenenado (pero sin cargar las tintas), con una tecnología reconocible (telecomunicaciones, y, muy especialmente, depuración de aguas) con riqueza y plausibilidad en los detalles, y en la que se bucea bastante en la psicología de los protagonistas. La estrella principal es, sin duda, Lore, de la que asistimos a su descenso desde la cúspide social hasta la marginalidad, palpando la autenticidad en su evolución personal para volver a tomar las riendas de su vida. Una evolución que no se cifran en grados de madurez (pues la pequeña Lore siempre fue muy madura), ni en opciones sexuales alternativas (pues su opción lésbica también fue temprana) sino más bien en la renegociación de las relaciones interpersonales para lo que Lore deberá afrontar la soledad, el autodescubrimiento y poner en juego un titánico esfuerzo de superación. Hay en esta novela capítulos genuinamente tristes y conmovedores. La autora dota a su novela de un triple discurso narrativo que nos pone en antecedentes y nos permite asistir al desarrollo de la historia de una forma no excesivamente lineal: la infancia y adolescencia de Lore en el seno familiar en las que se pone de manifiesto la pugna de afectos entre sus padres, su fuga e inmediato baño de realidad en manos de Spanner, y su resurgimiento tambaleante como persona independiente bajo la identidad de Sal Bird. Para acaparar mejor la atención del lector, la autora también teje una subtrama con componentes de thriller basada en el porqué de la demora en el pago del rescate, de la que se da a entender que está relacionada con un feo asunto de abusos sexuales en el clan van de Oest, y en el sabotaje de la depuradora de aguas en la que Lore acaba trabajando; sucesos que acabarán viéndose relacionados. La naturalidad con la que se trata el lesbianismo como opción sexual también hizo a esta novela acreedora a un premio Lambda. De hecho, contiene además escenas, que para el uso habitual en el género de ciencia ficción, cabría describir como de sexo explícito. Ahondando en la psicología de los protagonistas resulta evidente que los personajes que la autora desarrolla con mayor profundidad y entidad son los femeninos. Son pocos los personajes masculinos que se asoman a esta obra: un vecino anciano, un padre en crisis existencial (profesional y afectiva) sobre el que pesa la sospecha de ser autor de malos tratos, y un trepa incompetente de la planta depuradora, amén del par de secuestradores y un saboteador. Personajes, todos ellos, que en el mejor de los casos mueven a la lástima, en diferentes grados y calidades. © Luis Fonseca 2000
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