El archivo de Nessus

RESEÑAS | COLUMNAS | ENTREVISTAS | ARTÍCULOS
Portada de Doctor Faustus de Thomas Mann
Valoración: 5 estrellas de 5

Plaza & Janés. Barcelona. Enero 1990. Título original: Doktor Faustus (1947). Traducción: J Farrán y Mayoral. 624 páginas. ISBN: 84-01-42240-X.

Doctor Faustus

Thomas Mann

La historia de un pacto diabólico y contranatura en la que un músico vende su alma para superarse en su arte. Una novela sobre el fin de la razón frente al marco de la Europa del nazismo y el fascismo.

por Mario Moreno Cortina

En muy contadas ocasiones tenemos la posibilidad de enfrentarnos a un autor tan específico, tan espesamente literario como Thomas Mann. La intrusión masiva de ciencias y disciplinas auxiliares en el cajón de sastre de la novela ha provocado un fenómeno de extrañamiento que acumula acaso demasiados adjetivos detrás de una palabra que de por sí misma debería ser definitoria. Hoy día no hablamos más que de novela histórica, novela de ciencia ficción, novela negra, y hasta se diría que se insiste en el carácter específico y único que parecen conceder esos términos.

Comienzo de una forma tan espantable la crítica que ahora tienen ante sus ojos porque ocurre a Doctor Faustus lo mismo que a El Quijote o los dramas de Shakespeare. ¿Quién en su sano juicio diría: "he leído una historia de fantasmas titulada Hamlet"? O bien, ¿quién se atrevería a colocar epíteto ninguno a la obra cervantina sin arriesgarse al ridículo? Cuando una novela es lo bastante completa y totalizadora, es simplemente una novela y punto.

Mann apenas necesita presentación, pero es mi deber esbozarla. Es quizá el autor alemán más conocido, en parte por el premio Nobel de literatura de 1929, en parte por la estupenda adaptación cinematográfica de su novela corta La muerte en Venecia, en parte por su fama de ilegible. Es el autor, además, de La Montaña Mágica, Los Buddenbrook, Confesiones del Estafador Felix Krull, José y sus hermanos, Los Diez Mandamientos y Mario y el Mago... Sobre sí gravita la maldición que también condena a Joyce y Proust: la fama de autores inaccesibles, incomprensibles, y lo que es peor, pretenciosos. Cualquier persona que lea a Mann se arriesga (incluso en ambientes cultos), en esta época del fútbol y Stephen King, al ostracismo intelectual o que le llamen maricón.

No seré yo quien le quite peso a Mann, pintando con colores risueños la tarea titánica de enfrentarse a sus novelas. Eso queda para sus editores. Yo he leído tres veces la obra de la que tratamos hoy, y las tres veces la he terminado con la sensación de haber vencido una prueba que no debe repetirse con frecuencia. Mann no sólo es alemán, es judío alemán, muy judío y muy alemán, y pocas cosas pueden marcar a un literato como esas dos.

En fin, Doctor Faustus, el título ya lo dice, es la historia de un pacto diábolico y contranatura, el de Adrian Leverkuhn, un músico de principios del siglo XX que vende su alma al Otro para superar a todos en su arte. Y es que sobre la cultura alemana pende el espectro de Goethe tanto como el de Cervantes sobre la nuestra.

El trato firmado con el Diablo establece unas condiciones claras. A Adrian le será concedido tiempo, tiempo de gloria, creación y fiebre, una exaltación estupenda del espíritu que pasará por encima de las trabas de la moral y la razón. A cambio, él deberá renunciar a todo trato humano. Su relación con el arte será solitaria y dolorosa. Y desde luego, deberá entregar su alma al término del plazo concedido.

Asistimos a la historia a través de los ojos de Serenus, un amigo personal del músico, un testigo muy parcial de los acontecimientos que se narran. No tanto por su relación con el protagonista, como por su condición de representante convencido y consciente del humanismo burgués. Serenus es consciente de que escribe al término de una época luminosa de Razón que comenzó a finales del siglo XV. La experiencia nacionalsocialista de Alemania es el símbolo sangrante y el centro de la ruptura con aquel mundo. A través de unas pocas notas históricas, Mann pinta la época como escenario de la vida trágica de su héroe. El desarrollo de ambos irá parejo. La horrible hinchazón, la espantosa huída hacia delante de Alemania, y la aventura en el Mal, la Enfermedad y el Arte de Adrian evolucionarán juntas y formarán un todo. Serenus escribe al término de la guerra, y los bombazos hacen estremecer su escritorio al tiempo que narra la perdición de su amigo. Mann escribe al término de la guerra, en medio de las ruinas de su país humillado.

Mann narra de una forma pausada, con una prosa engañosamente sencilla, que nos atrapa con una musicalidad mahleriana. Asistimos a la infancia de Adrian Leverkuhn, sus primeras y frías relaciones con la música, del hogar paterno que habrá de reproducir en su madurez. Conocemos sus estudios de teología, pues hay en su pacto con el Diablo un algo profundamente religioso y alemán.

Cuando llegamos a la escena del diálogo entre Adrian y el Diablo, redactado originalmente en alemán medieval, nos encontramos en el núcleo de la novela. Allí están todos los motivos que después la marcarán. Cuando llegamos a este punto, ya no nos es posible abandonar la lectura. Mann nos ha atrapado.

Desde entonces, Doctor Faustus es un frenesí de personajes, ideas y música. La vida de Adrian oscilará entre la fiebre creadora y los periódicos ataques de migraña que le sumen en el silencio. Le veremos convertirse en un genio ignorado por su época. Su historia es la del arte moderno: la ingenuidad ya no es posible, el artista ya no se permite a sí mismo nada, y necesariamente ha de entrar en el peligroso terreno del cinismo y la altivez intelectual. Ese es el auténtico pacto demoníaco del que trata Mann, y que pervierte la relación del artista con su obra.

Si La Montaña Mágica es una novela imprescindible para comprender Europa y la crisis de lo europeo en el límite finisecular, Doctor Faustus es necesaria para echar luz sobre el mundo europeo, especialmente el intelectual, posterior a esa crisis. Podríamos poner alguna pega a la tesis de Mann, particularmente a la idea de que el Nazismo es un fenómeno absolutamente nuevo que rompe con el Humanismo Burgués, y podríamos incluso citar Los pasos perdidos, de Carpentier, donde se expone la tesis contraria, es decir, que los movimientos nazifascistas no son más que la consecuencia última de aquella ideología de genealogía renacentista que iba a llevar al ser humano a la liberación final y que sólo nos ha traído el fútbol y la prensa rosa. Sin embargo, el clima afectivo, cultural y humano que expone Mann es impecable, y la obra que nos regaló justo antes del inicio de su decadencia como escritor, una de esas pocas que deberíamos leer todos en alguna ocasión.

Su opinión:

Versión para imprimirVERSIÓN PARA IMPRIMIR

Boletín de informaciónSUSCRÍBASE A NUESTRO BOLETÍN

LAS MÁS LEÍDAS
Harry Potter y el cáliz de fuego de J.K. Rowling
Harry Potter y la piedra filosofal de J.K. Rowling
La larga huida del infierno de Marilyn Manson con Neil Strauss
Harry Potter y la cámara secreta de J.K. Rowling
Harry Potter y el prisionero de Azkaban de J.K. Rowling
La fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa

NOVEDADES EN LA PÁGINA
El señor Mee de Andrew Crumey
Grupo abeliano de Cid Cabido
El técnico de sonido de Marcel Beyer
Dioses menores de Terry Pratchett
Baudolino de Umberto Eco
Estrella doble de Robert Heinlein
Drácula desencadenado de Brian W. Aldiss
La estación de la calle Perdido de China Miéville

PRINCIPAL | RESEÑAS | COLUMNAS | ENTREVISTAS | ARTÍCULOS