Reputados autores de ciencia ficción regresan a los universos que les dieron fama. Cada uno de ellos escribe una novela corta que lo amplia, lo revisa o lo aclara. Una recopilación monumental.
por Cristobal Pérez-Castejón Carpena
Horizontes lejanos es un proyecto que surge en torno a una idea sumamente atractiva: reunir en un mismo volumen un conjunto de relatos ambientados en algunos de los universos mas famosos de la ciencia ficción. Para ello no se han escatimado medios: la recopilación cuenta con las firmas de algunos de los autores mas prestigiosos de los últimos tiempos que han aportado una serie de novelas cortas creadas ex profeso para la ocasión. Además, cada relato viene introducido por un listado de las obras que se encuadran en el universo al que pertenece, y una breve introducción del autor sobre las circunstancias concretas, bien de la serie, bien del relato en particular que se esta presentando. En ese sentido poco se le puede criticar al libro: es obvio que por parte del recopilador se han cuidado todos y cada uno de los detalles. Y sin embargo, el poner todos los medios para lograr algo nunca es, desgraciadamente, una garantía de que ese algo pueda conseguirse plenamente.
Ofrecer una valoración de conjunto de esta recopilación no es una tarea fácil. Horizontes lejanos es un libro denso, tanto en numero de autores (11) como en extensión (mas de 400 paginas). El resultado es una obra con múltiples facetas, de las que el lector obtendrá una visión diferente de acuerdo con sus intereses personales, su conocimiento del universo en el que esta ambientado el relato y la aproximación especifica escogida por cada creador. Por ejemplo, es curioso ver como las famosas tres "B", Brin, Benford y Bear, han dado a sus relatos un enfoque muy semejante. Los tres aportan novelas cortas profundamente imbricadas en sus universos, tanto que pueden resultar de difícil acceso a aquellos que no tengan un claro conocimiento de la serie original. Los tres, así mismo, se recrean en una estructura bastante compleja, casi barroca, de la narración, que hace la lectura en ocasiones bastante difícil. Por ejemplo, Brin plantea un interesante escenario dentro de su ciclo de la ascensión de los pupilos en el que se presenta como la frontera entre la racionalidad y la barbarie puede llegar a resultar muy sutil bajo las circunstancias adecuadas. Sin embargo, conforme avanza la trama el relato va convirtiéndose poco menos que en el desarrollo de una broma cósmica cada vez mas inconexa: la conclusión final a la que llega el autor acaba por no resultar demasiado convincente, quedando todo el cuento como descolgado debido a ello.
Bear por su parte ambienta su aportación en el universo de la Vía. El protagonismo de su relato, "La vía de todos los fantasmas" esta asumido por Olmy, un personaje decisivo en el resto de los libros de la serie y el comienzo de la narración recuerda, sin duda, alguno de los mejores momentos de Eon, Legado o Eternidad. Sin embargo el tono general de la obra pronto se centra en la exploración de una de las implicaciones mas metafísicas de la Vía, lo que a su vez se traduce en que transcurridas unas pocas paginas el lector se ve sumergido en un ambiente completamente surrealista e irreal, en el que los personajes barajan pasado presente y futuro sin transición aparente mientras deambulan por un paisaje digno de la mas delirante obra del Bosco. En ese sentido es cierto que el autor presenta una visión inédita de su universo, pero de un modo quizás excesivamente oscuro y difícil de digerir.
Algo parecido sucede con Benford y su "Hambre de Infinito". De nuevo lo mejor es el principio del relato, con una épica confrontación con el mantis dentro del Candelero destruido (en un estilo muy semejante al de Gran río del espacio), que capta inmediatamente la atención del lector. Sin embargo, la posterior exploración de las habilidades artísticas de este misterioso mec acaba por situarnos en un entorno tan absolutamente alienígena que acaba por resultar desagradable. Benford refleja perfectamente la connotación de "extraño" que hay en la palabra alienígena. Pero también esa extrañeza acaba por volverse contra el, dando lugar a un relato que hay que digerir muy despacio para apreciar plenamente sus contenidos.
En el extremo opuesto a esta manera de enfocar la participación en la antología tenemos las aportaciones de Card, Haldeman y Pohl. Por decirlo suavemente, las tres resultan puramente alimenticias y mas orientadas a salir del paso con facilidad que con garbo por el expeditivo procedimiento de "explicar" o desarrollar algún aspecto oscuro de sus series.
Card, por ejemplo, resuelve su intervención en este volumen con un relato que introduce al personaje de Jane en el universo de Ender y explica con un poco mas de profundidad el proceso que llevo a Wiggin a convertirse en portavoz de los muertos. Aun cuando es evidente que "Consejera de Inversiones" servirá para saciar la curiosidad de cualquier seguidor de la serie sobre estos aspectos en concreto, tampoco es menos cierto que el cuento es una pura anécdota intrascendente, que los hechos que desvela el autor sobre el pasado de Ender no tienen mayor interés y que el resultado final de la narración esta tan sumamente deslavazado que incluso resulta en algunos puntos roza la incoherencia. Si además tenemos en cuenta que este relato se "beneficia" de una de las peores traducciones del volumen (impagable lo de "la puerta del enemigo esta bajada" en vez de "la puerta del enemigo esta abajo" o lo de poner a Ender de Hegemon junto con su hermano), es fácil clasificar al mismo como una de las menos afortunadas intervenciones de la recopilación.
Algo parecido sucede con "Una guerra separada", el relato de Haldeman. Como el propio autor confiesa en su introducción, al resultado primario del encargo de Silverberg fue la idea que dio lugar a Forever Free. Ante la necesidad de buscar una alternativa, Haldeman opto por explicar el único elemento oscuro que a su juicio quedaba en La guerra interminable: el destino de Marigay desde que se separo de Mandella hasta que volvieron a encontrarse en Dedo Medio, una vez finalizada la guerra. El problema es que da la impresión de que en ese punto se le acabaron las ideas y el autor opto por calcar la mayor parte del final de La guerra interminable simplemente cambiando el sexo del protagonista y algunas de las circunstancias de la acción. En efecto, el lector tiene que hacer un esfuerzo sobrehumano para darse cuenta de que esta leyendo las aventuras de Marigay y no las de Mandella. Todos los hitos de la narración coinciden prácticamente al pie de la letra con los narrados en la obra anterior y de nuevo la falta de originalidad es tal que incluso llega a rozarse la incoherencia: los representantes del Hombre y de los taurinos mienten con un desparpajo impresionante en algún que otro momento del encuentro.
En cuanto a Frederik Pohl, éste utiliza como gancho de su relato el primer viaje de un humano al agujero negro donde residen los Hechees. Pero el atractivo de esta propuesta queda diluido por unos estereotipos explotados hasta el hastío a lo largo del resto de la serie de Pórtico, como el del pobre humano que vive muy mal muy mal en la Tierra y consigue salir a buscarse la vida en el maravilloso mundo de la antigua base Hechee, y no tiene suerte en su primer viaje, pero si en el segundo, etc. Demasiado más de lo mismo para mantener el interés del lector.
En cuanto al resto de los de los relatos de la antología, siguen hasta cierto punto alguno de los dos esquemas precedentes con desigual fortuna. "La nave que regreso", de Anne McCaffey, vuelve a contar la misma historia de La nave que canta (la semejanza de los títulos no resulta precisamente casual), prácticamente utilizando los mismos protagonistas pero cambiando al "músculo" de la nave por un holograma y a la explosión de una supernova por una invasión de unos pérfidos piratas. Sin embargo, la melancólica reflexión sobre el tema del ciborg que sigue siendo humano dentro de su maquina de la primera obra se pierde por el camino: la nave que canta, ni canta, ni parece un ciborg ni nada de nada. Y además el relato acaba por dejar un regusto sexista de lo más curioso en el lector.
Nancy Kress retoma su serie de los mendigos con un relato en el que los odios de los durmientes no siempre van encaminados hacia los inmortales insomnes, sino también hacia los técnicos genéticos que propiciaron el advenimiento de los mismos. Una historia de venganza e impotencia para pelear contra el rodillo de la historia que esta adecuadamente narrada, pero no llega a impresionar al lector. Algo parecido a lo que sucede con "Conocer al Dragón", de Silverberg, una ucronia desarrollada en su universo de Roma Eterna formalmente impecable, pero que no llega a convencer por el excesivo paralelismo de los hechos narrados en ese universo con los de la historia real: que más o menos en la misma época, se produzcan eventos equivalentes con un desarrollo semejante no deja de resultar una tara para una narración de este tipo. Por ultimo, Ursula K. LeGuin recrea de nuevo en "Vieja Música y las mujeres esclavas" el universo del Ecumen. Esta autora tiene la ventaja de que el Ecumen fue siempre más que nada un escenario en el que se desarrollaban sus historias, más que un hilo argumental de la narración, por lo que cualquier lector que no conozca la serie podrá leer este relato sin demasiados problemas de adaptación: el mas conseguido en este aspecto, sin duda, de toda la antología. Además su talento como escritora queda patente en el modo en que desarrolla la historia, una reflexión sobre la esclavitud y los diferentes niveles de la misma, en el seno de un planeta convulsionado por una cruenta guerra civil. Sin embargo, el relato peca en ocasiones de excesivamente intimista, lo que hace que las divagaciones mentales del protagonista resulten en ocasiones un poco demasiado oníricas.
Dejo para el final de este análisis el que a mi juicio es el mejor relato de la antología. "Huérfanos de la Hélice", agraciado con el premio Locus a la mejor novela corta. Simmons plantea esta narración dentro del universo de Hyperion, unos años después del final de El ascenso de Endimión. Aunque la novela plantea unas interesantes reflexiones sobre la evolución de la especie humana dentro de ese universo, en realidad no precisa un conocimiento exhaustivo del mismo para ser disfrutada. No existen personajes cuyo pasado haya que recordar apresuradamente para poder entender la trama. No hace falta tener un bagaje inmenso en los hechos narrados en los cuatro libros para poder ponerse en situación, aunque ciertamente el lector experto disfrutara con los guiños y las referencias contenidas en la misma. De un modo sencillo pero elegante, el autor refleja con unas pocas pinceladas todos aquellos elementos necesarios para poner al lector en situación. Y el resto del relato se dedica a contar una historia sencilla pero amena, bien desarrollada y que consigue mantener la atención del lector hasta el final. Un relato sin duda de gran calidad y que destaca apreciablemente del resto de aportaciones de esta antología.
Como conclusión, volver a repetir un poco lo que se ha ido desgranando a lo largo de este análisis. Horizontes lejanos es una obra densa, cuidada, con una clara vocación de completismo tanto en los autores como en los universos que mas han destacado últimamente en el mundo de la ciencia ficción. El resultado final de la misma dependerá mucho de los intereses personales de cada cual y, sobre todo, del nivel de conocimientos sobre los diferentes universos presentados que se tenga. Pocos son los relatos que pueden actuar claramente como gancho para un lector no iniciado: los mas están excesivamente implicados en sus respectivos universos y, en algunos casos, como los de las "explicaciones" sobre elementos concretos de las series, se cae demasiado fácilmente en la anécdota mas que en la creación de una ambientación. En ese sentido, es más probable que el lector se vea defraudado por un exceso de expectativas derivados del prestigio de los escritores e historias que se presentan, que llegue a obtener una impresión global satisfactoria de la lectura de esta recopilación.
© Cristobal Pérez-Castejón 2001
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Cristobal Pérez-Castejón Carpena (Yecla, 1962) es Ingeniero Superior de Telecomunicación. Trabaja en el departamento de I+D+I de una importante multinacional alemana y esporádicamente escribe artículos de divulgación normalmente desarrollando aspectos científicos de novelas de ciencia ficción.