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Portada de Momentos de protección de Erik Fosnes Hansen
Valoración: 5 estrellas de 5

Ediciones Destino. Barcelona. 2000. Traducción: Kirsti Baggethun Kristensen y Asunción Lorenzo. 520 páginas. ISBN: 84-233-3229-2.

Momentos de protección

Erik Fosnes Hansen

Tres historias separadas por el espacio y el tiempo (un viejo irascible, una niña en un faro y un noble deformado físicamente) le sirven a Eric Fosnes Hansen para reflexionar sobre los misterios de la vida y el encadenamiento de los acontecimientos.

por Luis Fonseca

Momentos de protección, del noruego Erik Fosnes Hansen es una bella y magnífica obra. Puede decirse más alto (o con más palabras, que es lo que intentaré hacer) pero no más claro. "Una gran novela sobre el paso del tiempo, el destino y el misterio de la vida" reza la contraportada, y quizá el mérito del autor haya sido el haberse limitado a dar unas vistosas pinceladas a esos inabarcables temas. Para ello echa mano de tres historias y media, supuestamente relacionadas y separadas unos cuantos siglos, dispuestas sobre una trayectoria vagamente circular.

Que no se trata de una novela convencional se aprecia al poco de comenzar, cuando tras abrir el relato de forma etérea y trascendental describiendo el despuntar de un nuevo día entre nubes de rocío y polen, asistimos incrédulos a la conversación entre el narrador y unos pájaros, a los que interroga sobre lo que ha acontecido en la pequeña iglesia que sobrevuelan. En la iglesia lo que hay es el cadáver reciente de un viejo, un viejo que aunque muerto aún recuerda, y de cuyos recuerdos ("que abarcan más que de lo suyo propio") se irá desgranando la novela.

En la primera de las historias asistimos a los últimos meses del viejo (rico, irascible y excéntrico), que vive retirado con la única compañía de un mayordomo y de un mono que piensa, y consagrado al cuidado del jardín, la apicultura y el coleccionismo de sucesos marcados por grandes casualidades. O así vivía hasta la aparición sorpresiva en su puerta de una joven y lejana pariente. Esta historia va a dar paso, sin solución de continuidad (literalmente) y tras un salto hacia atrás en el tiempo de casi cien años, a una nueva historia, una historia de naufragios y fareros en una isla del Mar del Norte, de la que conoceremos a todos sus habitantes, especialmente a la niña Josefa. Tras unas páginas de inclasificable belleza literaria, abandonaremos sin previo aviso su vida para aterrizar otra vez en una nueva historia, ahora en la Roma de los Borgia. En ese mundo en ebullición, abierto a un nuevo despertar de la Historia y del progreso, conoceremos las vicisitudes de un noble exiliado florentino, Lorenzo del Vetro y de su paje Fiorello, el primero de ellos aquejado de una dolorosa enfermedad de la que sanará milagrosamente.

Todas las historias están maravillosamente construidas y escritas. En todas ellas la voz narrativa va pasando por todos los protagonistas. Todas inconclusas, cualquiera de ellas puede empezar a leerse en cualquier punto sin perder un ápice de sentido (de hecho, lo mismo le sucede a la novela en sí). En todas ellas, asistimos a algún hecho sobrenatural (como la vida misma) y al encuentro fortuito de hombres y mujeres.

Es ésta también una de esas novelas "enriquecedoras", en las que el autor además de explicarnos una historia va insertando en sus páginas cosas que ha debido aprender con esfuerzo y que juzga interesante que el lector aprenda a su vez. Así, en la primera historia recibimos mucha información sobre el mundo de las abejas, en la segunda sobre la historia de la 'farología', y en la tercera sobre la transición de la pintura al temple a la pintura al óleo como paradigma de progreso. Quizá ese tipo de elementos están mejor integrados en la tercera historia, que es también la más ambiciosa conceptualmente, aunque como historia individual más redonda y compensada me inclino por la segunda.

En cualquier caso, toda la novela es de deliciosa lectura si disponemos del tiempo y la disposición pausada adecuada para que no nos atribulen todos sus detalles. Lo curioso del caso es que a pesar de estar planteada como una concatenación de historias que convergen en el tiempo presente, las historias que forman la novela no encajan en sí mismas. Si forman parte de un puzzle, claramente el puzzle es mucho mayor: hay otras piezas intermedias y las que nos presentan simplemente están emparentadas. Tampoco encontramos esas claves y guiños, habituales en las historias que discurren en sendas temporales distintas, que el autor suele colocar para darles cierta unidad ontológica y para premiar al lector atento engordando su ego de lector inteligente.

En este caso también hay, desde luego, algún tipo de relación entre las tramas pero saludablemente traslúcida, porque da la sensación de que el autor nos tiene bien considerados, y da por supuesto que sabemos que cualquier historia presente se debe a una inconmensurable serie de pasadas casualidades y de giros insospechados, y que intentar secuenciarlas y serializarlas y usar señuelos de guionista de cine negro para garantizar nuestra atención, es en el fondo una falta de respeto a ese misterio de la vida y del paso del tiempo, y que tan mágicas como nos aparece la afortunada o desafortunada cadena de coincidencias que nos trae al presente son las propias experiencias y momento histórico que se vive en cada una de esas etapas.

No está de más decir con respecto al encaje de las historias que la portada del libro traiciona su título completo, que sí encontramos en las páginas interiores: Momentos de protección. I. La noche, y que el libro se cierra con la advertencia: "Aquí acaba la primera parte de Momentos de protección". Así que seguramente no está dicha la última palabra.

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