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Portada de El muro de Marlen Haushofer
Valoración: 5 estrellas de 5

Ediciones Siruela. Madrid. 1995. Título original: Die Wand (1968). Traducción: Genoveva Dieterich. 276 páginas. ISBN: 84-7844-228-6.

El muro

Marlen Haushofer

Una barrera infranqueable ha aislado a una mujer del mundo exterior. Más allá, todo parece haber muerto y ella debe resignarse a su encierro. Pero ¿está realmente atrapada? ¿Fue libre alguna vez?

por María Castro

Una mujer de mediana edad acude a una cabaña de caza invitada por una pareja de amigos. La misma tarde de su llegada éstos deciden bajar hasta el pueblo, pero llega la noche y no regresan. A la mañana siguiente, preocupada por la ausencia y la falta de noticias, la mujer decide encaminarse hacia el pueblo para averiguar lo sucedido. Cuando todavía camina por el bosque tropieza de pronto con lo que parece ser una especie de muro invisible. A través del mismo puede ver como al otro lado la vida parece haberse detenido apaciblemente. No hay signos de violencia, personas y animales parecen haber sido sorprendidos en mitad de un gesto, durante su sueño, sin que nada en ellos denote sorpresa, preocupación o miedo. Nada se mueve y no llega sonido alguno. El río que corre tumultuoso a su lado, se remansa al contacto con el muro. Transcurren los días y la mujer asume poco a poco que, sea lo que sea lo que ha sucedido, debe prepararse para afrontar una larga temporada en soledad, sin más compañía que el perro de su anfitrión. Después deberá asumir que probablemente todas las personas a las que conoce han muerto y más tarde todavía, que es posible que nunca vengan a rescatarla porque no quede nadie para hacerlo.

Todo queda trastocado; su relación con el mundo, con lo que la rodea. El presente, pero también la interpretación del pasado e inevitablemente el futuro. La naturaleza se convierte en el centro de su vida, de la que depende no sólo su equilibrio físico, sino también el emocional. ¿Qué queda entonces? Sobrevivir, ocupar cada día con el agotador esfuerzo que permita seguir viviendo también al día siguiente, sin plantearse demasiadas preguntas y, por supuesto, sin esperar respuestas de ningún tipo. Sin finalidad y probablemente sin esperanza. Esforzarse por no perder la razón, por mantener los rasgos humanizantes en un mundo en el que ya no existe nadie para percibir esa humanidad.

Sin embargo, a medida que avanza la novela y penetramos en la mente de la protagonista, nos encontramos con el progresivo descubrimiento de que la ausencia de contacto humano, el aislamiento forzoso en el que vive, no son más que la prolongación de un aislamiento interior del que el muro es sólo la representación palpable. La mujer, al igual que otras protagonistas de las novelas de Marlen Haushofer, era probablemente mucho más extraña en el mundo anterior al muro que en este que ahora debe dominar. La Naturaleza, con sus fuerzas ciegas, resulta mucho más comprensible, más acogedora, más habitable que la sociedad creada por el hombre. La relación con los animales más segura y gratificante de lo que resultan las relaciones humanas.

El que la protagonista de la novela sea una mujer no es en absoluto accesorio. Podría haber sido un hombre, pero no, la autora quiere reflejar y refleja estupendamente ese doble extrañamiento, como ser humano y como mujer. Como una mujer que se ha dejado arrastrar; independiente e indefensa a un tiempo, plenamente consciente y voluntariamente aturdida por las cargas que ella misma se ha impuesto o que se ha dejado imponer. Una mujer que ha centrado su vida en el amor y en el cuidado de los demás, igual que ahora se deja atar por el cuidado de los animales que ella ha asumido a su cargo. El amor como fin y como atadura, como fuente de constantes obsesiones y de continua culpabilidad. El presagio de su pérdida, incluso antes de su disfrute. El amor, en definitiva, como es posible que lo vivan algunos hombres, pero como, sin duda, ha sido vivido por infinidad de mujeres.

Son pocas las preguntas que se plantea la protagonista y muchas las que inevitablemente se plantea el lector: Al otro lado del muro una muerte aparentemente indolora y apacible. A este, una dura vida de trabajo, soledad y pequeños momentos de placer a costa de un esfuerzo casi sobrehumano, sin prácticamente ninguna esperanza de cambio o evolución, sin acceso a ninguno de los muchos apoyos que dan a nuestra vida una apariencia de orden, de finalidad, de seguir un camino que lleva hacia alguna parte. ¿Por qué elegir lo segundo? Probablemente por la curiosidad de saber que aparece al doblar el próximo recodo.

Con un lenguaje deliberadamente sencillo y despojado de artificios, sin que apenas exista acción externa, pero con una capacidad descriptiva extrema, la autora construye una espléndida novela, que está considerada una obra cumbre de la literatura austriaca, capaz de mover a la emoción y a la reflexión. Sin estridencias, pero sin concesiones, merece figurar entre aquellas obras que han logrado reflejar con éxito lo difícil que el siglo XX se lo ha puesto al hombre o para ser más exactos, lo difícil que resulta saber en que consiste ser hombre tras haber sobrevivido a ese siglo.

Marlen Haushofer, un mes antes de morir escribía en su diario:

"No te preocupes - todo habrá sido inútil - como para todos los seres antes de ti. Una historia completamente normal."

Como pensamiento final no resulta demasiado esperanzador, pero para una mujer que nació y vivió en Austria entre 1920 y 1970, fue quizás la menos mala de todas las reflexiones posibles.

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