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Portada de El cuento de la criada de Margaret Atwood
Valoración: 4 estrellas de 5

Ediciones B. Barcelona. Febrero 2001. Título original: The Handmaid's Tale (1985). Traducción: Elsa Mateo Blanco. 384 páginas. PVP: 3.500 pesetas (21,03 €). ISBN: 84-666-0183-X.

CONTRAPORTADA

En el estado de Gilead las criadas forman un estrato social pensado para conservar la especie. Las mujeres fértiles que integran esta clase, y que destacan por el hábito rojo con que se cubren hasta las manos, desempeñan una función esencial: dar a luz a los futuros ciudadanos de Gilead. Sin embargo, en un mundo antiutópico asolado por las guerras nucleares, gobernado por un código extremadamente severo y puritano, que castiga con la pena de muerte a quien se aparta del sistema y en el cual la mayoría de la población es estéril, engendrar no resulta fácil. Existe siempre el temor al fracaso y la amenaza de la confinación en la isla de seres inservibles más allá de las alambradas que rodean la ciudad y del alto muro donde cuelgan, para que sirva de ejemplo, los cadáveres de los disidentes. El cuento de la criada es el testimonio de una de esas "figuras de rojo" que deambulan por Gilead. Defred rememora fragmentos de su pasado en lo que fue Estados Unidos, observa el presente y a los individuos que la rodean, y conserva aún las cenizas incandescentes de la rebeldía en su mente y del deseo en su cuerpo.
El cuento de la criada es una obra fundamental dentro de la extensa y variada producción de la prestigiosa autora canadiense Margaret Atwood, candidata al Premio Nobel y ganadora del Booker Prize 2000 por El asesino ciego. Atwood hace alarde en la presente novela, a la que se ha comparado con Un mundo feliz y 1984, de su incisiva ironía y de su penetrante mirada sobre el universo femenino.

El cuento de la criada

Margaret Atwood

Unos Estados Unidos del cercano futuro han revertido a un sistema religioso y machista en el que las mujeres fértiles se consideran propiedad para la futura perpetuación del orden establecido. Margaret Atwood emplea tal situación para mirar con ironía a nuestro presente que, quizá, después de todo no esté tan alejado del mundo que describe.

por María Castro

Margaret Atwood es, junto con Carol Shields, una de las escritoras canadienses más conocidas y publicadas en nuestro país. Ha escrito ensayos, relatos, poesía y novelas y ha conseguido importantes premios literarios. A pesar de la variedad de géneros y de temas con los que ha trabajado, suele ser encasillada dentro de un curioso subgénero denominado literatura feminista, que integra a otras muchas escritoras, desde Virginia Woolf a Sylvia Plath, o Ursula K. Le Guin, pasando por casi todas las demás, que o bien escriben sobre mujeres o bien escriben para mujeres (ya se sabe que hombre es un término generalista, que nos engloba a todos, pero que por el contrario el término mujer es específico, designando sólo a una parte de la población). El cuento de la criada es una de sus obras más conocidas y también de las más representativas en cuanto a su clasificación.

En un mundo post-apocalíptico los niños sanos son el bien más escaso y las mujeres que todavía son fértiles una minoría. Ambos se convierten por tanto en la mercancía más preciada. Los primeros tienen valor por sí mismos, las segundas en la medida en que todavía demuestren su capacidad para producir. Como todo bien escaso los bebés se convierten en un símbolo de status y por lo tanto se hace necesario regular estrictamente el acceso a los mismos. Por otra parte, no debe permitirse que una característica tan aleatoria como la fecundidad pueda convertirse en fuente de poder para las mujeres que la posean, por lo que lo más sensato es transformarla en todo lo contrario, en una cadena a la que vincular su supervivencia. Primera medida, impedir a las mujeres el trabajo remunerado; segunda medida, despojarlas de todos sus bienes (incluidos por supuesto los hijos ); tercera medida, prohibir totalmente la lectura y la escritura así como el acceso a cualquier fuente de información; cuarta medida, recluirlas en centros de educación, sólo para mujeres, donde puedan estar protegidas de su mayor enemigo, el hombre, y donde puedan ser instruidas para el cumplimiento de su misión sagrada, tener hijos que aseguren la supervivencia de la especie.

Todo acto sexual que no tenga como fin exclusivo la reproducción queda prohibido. A la mujer se le plantean tres alternativas: convertirse en esposa; formar parte de la casta de las criadas, cuya supervivencia depende de la capacidad para engendrar o ser enviada a campos de confinamiento para las no-mujeres. La protagonista de la novela elige la segunda opción; se la despoja de su nombre y pasa a ser llamada Defred, es decir, de la casa de Fred, el comandante al que debe servir como criada, procurando engendrar un hijo que será entregado a la esposa del mismo. Como ser valioso que es, recibirá una adecuada alimentación, se le permitirá un rato de paseo diario acompañada siempre por otra mujer de su misma casta y deberá ir cubierta de arriba abajo por un largo vestido rojo que la identifique, la cabeza cubierta con una ancha toca que le impida mirar y ser mirada.

Se enfrentará, como todas las mujeres de su casta a una mezcla de envidia, adoración y desprecio, debatiéndose entre la opresión, el miedo y el ansia de libertad, espoleada por el recuerdo de un pasado en el que todavía era libre y desde el que era incapaz de imaginar un futuro como el que está viviendo.

La primera reacción al leer la novela será probablemente algo así como: "Esto no podría pasar". Es decir, tanto el tiempo como el lugar de la novela son lo suficientemente cercanos como para que el lector exija de ella que resulte verosímil y, en ese sentido, parece difícil de creer que en un país como Estados Unidos llegue a plantearse una situación semejante..... ¿o no?... esa sería la siguiente reacción, producto de una reflexión más profunda: es obvio que la mayor parte de las situaciones que describe la novela se dan en la actualidad en muchos lugares del planeta, en algunos desde hace siglos, pero en otros, tras haber sufrido una brutal regresión en lo tocante a los derechos de las mujeres. Por tanto, la conclusión sería algo así como "Esto no podría pasar aquí", pero verdaderamente a estas alturas es difícil sostener semejante afirmación.

De todas maneras la novela es por supuesto una ficción y como tal debe ser leída y juzgada. En ese sentido la autora es una buena escritora que ha construido una buena novela, a pesar de que el argumento de la misma resulte un tanto obvio en su afán reivindicativo . La voz levemente irónica de la protagonista, que narra la historia en primera persona, la construcción de las escenas y de los personajes y sobre todo algunos detalles que salpican la trama, consiguen una obra de lectura francamente agradable.

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