Apasionante novela de ciencia ficción dura escrita por un reputado científico que explora las posibles formas de vida en los mismos confines del sistema solar. Una nomenclatura fantástica esconde revelaciones asombrosas.
por Mario Moreno Cortina
Nunca llegarán a valorar en su justa medida mis opiniones acerca de esta novela si no comienzo aclarando que no me gusta el Hard. Nunca me ha gustado y me temo jamás llegará a entusiasmarme. Es un prejuicio, pero como es mío no diré que es estúpido, y además, no todos lo son.
Y ahora que tengo la conciencia tranquila, lo soltaré de una sola. Por el amor de Dios, lean Camelot 30k: es una buena novela, está bien escrita, es interesante, es original, el final es sorprendente y me agradecerán el consejo. Es una novela hard, muy hard, lo que significa que la ciencia ocupa un lugar muy importante en la construcción del universo literario en el que se van a sumergir si deciden invertir su dinero en esta obra. En la solapa se nos dan razones para ello: Forward no es ningún don Nadie, trabaja para la NASA (no sean malos: si han perdido alguna sonda en Marte es por la falta de presupuesto). Y por si eso fuera poco, además es el autor de El huevo del dragón y Estrellamoto.
He dicho que lean Camelot 30k y he aducido una serie de razones que continuo sosteniendo. Si pertenece usted al grupo de personas que han abierto la novela, han leído ese espantoso principio y la han dejado de lado, he de decirle que se ha equivocado de parte a parte. Es cierto, el principio de la novela es brusco, se nos introduce a empellones en un cometoide helado y se nos pone ante una extraterrestre de cómico aspecto que responde al nombre de la maga Merlene. La absoluta seguridad de que el autor habla en serio disipa toda posibilidad de haber tropezado con una sátira. ¿Qué es lo que estoy leyendo? se pregunta uno.
Bueno, yo ya he pasado por ahí. Sigan. Hay todo una ciudad compleja detrás, que Forward nos describe con minuciosidad a través de los ojos de la maga y de los dos pequeños bots que manejan a distancia los astronautas. Una ciudad construida por seres de tan sólo unos centímetros de altura en la superficie helada de un Hielo. Necesariamente ha de ser una sociedad absolutamente distinta de la nuestra. Aunque sabemos que no podemos imaginar nada que lo sea realmente (hasta que salga la versión 2.0 de sapiens sapiens, supongo), es hermoso e interesante ver como algunos autores nos dan la sensación de que lo han logrado. El hecho de que Forward haya dado a alguno de los keracks (los habitantes de Hielo) nombres como Merlene y Mordret, y algunos otros paralelismos con el mundo artúrico no debe despistarles. Está bien, en realidad sí deberían despistarles, hacerles creer que la sociedad kerack es en realidad parecida a la nuestra. Por una vez me morderé la lengua y no daré pistas sobre el final, pero háganme caso: las apariencias engañan en Hielo tanto como en la Tierra.
Durante toda la obra, Forward juega con nosotros. Juega a hacernos familiar lo que es absoluta y radicalmente alienígena. Juega a que nos está contando cosas sin importancia que sólo parecen alargar la historia cuando estamos sumergidos sin remedio en una trama apocalíptica. Y ese, en fin, es el sello de los auténticos y buenos escritores. Desconfíen de aquellos que les dan sólo lo que desean. Eso puede hacerlo cualquiera. Sólo los auténticamente buenos se burlan de nosotros.
¿Y qué más puedo decirles sin chafarles la lectura de una novela llena de sorpresas?
Tan sólo tirarle de la oreja a Forward por un principio absolutamente falto de tensión y de interés y por un par de párrafos "ideológicos" que afean un estupendo final.
Miento, aún no he terminado. En otra ocasión comenté otra novela publicada por La Factoría de Ideas. Entonces me vi obligado a señalar la multiplicidad de errores tipográficos que incluso el corrector de Word elimina. Como me gusta creer que soy una persona justa, he de decir que no parece ser una constante. No hay nada de eso en Camelot 30k.
© Mario Moreno Cortina 2001
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