En esta selección del Premio UPC 2000 destaca especialmente la novela corta "Del cielo profundo y del abismo" de José Luis Zárate, una espléndida narración que explora con convicción y lógica la naturaleza de uno de los grandes mitos superheroicos del siglo veinte, y de paso, explora la elusiva naturaleza del heroísmo.
por Pedro Jorge Romero
El volumen del Premio UPC correspondiente al año 2000 ofrece cuatro historias, todas escritas originalmente en español, de aceptable nivel general pero de diversa calidad. Se da la circunstancia curiosa de que la mejor historia del volumen es precisamente la que recibió el premio de consolación, siendo claramente superior a cualquiera de las dos ganadoras exaequo. Circunstancia similar a la producida hace unos años cuando la mejor novela del volumen, "Dar de comer al sediento" de Eduardo Gallego y Guillem Sánchez, era precisamente la que no había recibido ningún premio. En el caso de esos dos autores, verla publicada tuvo que servirles como consuelo, y en el caso de José Luis Zárate, recibir 250.000 pesetas debe consolarle de no haber ganado la cantidad que merecía. Son los riesgos de cualquier concurso.
"Del cielo profundo y del abismo" de José Luiz Zárate es una extraordinaria narración que reflexiona con equilibradas dosis de amor e inteligencia sobre uno de los grandes mitos superheroicos del siglo XX. El amor se nota en el cuidadoso respeto al personaje, que si bien se dibuja algo simplón y tontito, nunca pierde su dignidad y se le permite una gloriosa salida. Inteligencia al tejer la narración entre los espacio dejados por la incongruente historia de su origen. ¿Cómo es posible que un extraterrestre con superpoderes tenga aspecto humano si su planeta natal debe ser asombrosamente diferente a la Tierra? Es más, ¿cómo creer que ese aspecto corresponda exactamente al de un país concreto de la Tierra y no sea, por ejemplo, japonés? Una serie de dudas de ese tipo, que cuestionan la naturaleza del personaje, impulsa y da vida a la novela, creando no sólo un extraordinario relato de misterio sino también una profunda reflexión sobre ese tipo de personajes.
La trama se inicia con un superhéroe, nunca nombrado pero fácilmente reconocible, que ha caído en desgracia, en una trama anterior que se va desvelando en una serie de flashbacks, y que ahora, en vista de que es imposible encerrarlo en una cárcel, pasa sus días como detective de tercera, y tampoco demasiado bueno. De hecho, otro de sus amigos superhéroes, que tiene la manía de vestirse de mamífero volador nocturno, es, sin superpoderes, bastante mejor detective que él. Un día, siguiendo las pautas de la mejor novela negra, una mujer desolada le pide que investigue la desaparición de su marido. Y...
La trama, como ya he dicho, es muy inteligente y ejecuta el difícil equilibrio de criticar al personaje y toda la tradición que le inspira mientras muestra su respeto. Los personajes superheroicos, con sus trajes de colores chillones y su manía de defender a los ciudadanos incluso si estos no quieren ser defendidos, se muestran como seres un poco neuróticos deseosos de reconocimiento públicos y poseedores de una buena carga de orgullo. Ya el irónico mayordomo del hombre mamífero-volador-nocturno comenta que si su jefe quisiese realmente luchar contra el crimen usaría su gran fortuna para crear un ejército privado. Pero se les respeta claramente en su forma de hablar y comportarse, en el estudio de sus motivaciones y actos. Cada uno de ellos está perfectamente definido y habla y se comporta como lo haría en realidad. A ese respecto, las breves apariciones del mayordomo, con comentarios incisivos y consejos sabios, son magistrales.
En cuanto al estilo, Zárate ha sabido adaptar muy bien el habitual en la novela negra para los recursos de su narración. Consciente de que la épica no se adapta muy bien a la crítica, recurre a un formato más social como es el de la novela negra. Eso además le permite recrear la historia del origen del personaje a través de una lenta investigación que va poco a poco, con una trama escrupulosamente medida, desvelando los detalles. La resolución es muy inteligente, y tiene además la gran ventaja de ser más interesante que el problema planteado, tal como debería ser en toda narración pero que, como veremos, no es tan fácil de lograr.
En todos los aspectos, "Del cielo profundo y del abismo" es una novela corta soberbia, una obra claramente superior a todas las demás, y una de esas raras joyas que justifican la existencia del premio, y posiblemente, en toda la historia del Premio UPC, la única junto con "El coleccionista de sellos" de César Mallorquí que podría ser leída con igual satisfacción por lectores muy poco conocedores del género. Es más, publicada en cómic estaría hoy considerada a la altura del Dark Knight de Frank Miller. Es por tanto absolutamente inconcebible que no recibiese en solitario el primer premio. La única razón que puedo encontrar es que, quizá, al tratar de superhéroes el jurado no la consideró lo suficientemente seria. Aparte de eso, no me lo explico.
En "Buscador de sombras", Javier Negrete muestra lo buen narrador que es. No porque haya escrito una narración redonda y perfecta, que no es así, sino porque ha conseguido insuflar vida a una trama que en manos de otros se quedaría en nada.
Un investigador español, Álvaro Carreño, que busca la materia oscura en el fondo de una mina de Estados Unidos mata un buen día, con un hacha, a su esposa. Después de un juicio, y algunas escenas chauvinistas (si donde pone español pusiese americano y donde pone americano pusiese español ya verían ustedes), es condenado a la pena de muerte. La embajada española envía a un reputado psiquiatra, el doctor Rojo, con la esperanza de que su evaluación ayude a conmutar la pena. Mientras tanto, el mundo sufre una terrible enfermedad que ataca durante el sueño y que mata con gran rapidez, por lo que todo el mundo, sin excepción, debe llevar el dispositivo Anóneiros que impide el sueño REM.
El grueso de la narración esta formado por las conversaciones entre Rojo y Carreño, durante las cuales éste explica el fondo de la historia y sus razones finales para cometer el asesinato. Son buenos diálogos, muy vivos, como se esperaría de Javier Negrete, y el ritmo de la narración es el justo. No es ni demasiado larga ni demasiado corta, y el autor es muy consciente de hasta donde llega el material que tiene y sabe perfectamente que el final es el esperado.
Aparte de eso, y a pesar el elemento aparentemente científico de la materia oscura, la trama es muy normal y ha sido contada ya muchas veces, y aquí se repite sin ninguna sorpresa. El intento de modernización metiendo la materia oscura se queda en eso, en intento, porque la respuesta que se da a ese misterio es bastante menos interesante, por esperadísima y pedestre, que el problema en sí. También se detecta en la narración más de un ramalazo misógino; salen varias mujeres, y aunque algunas son muy importantes para la trama actúan y se comportan como verdaderas bobas o arpías. Mientras la leía me preguntaba si no hubiese sido mejor haber modernizado la narración eliminando esos elementos en lugar de intentar convertirla, gratuitamente, en una novela de ciencia ficción cuando sería mejor encuadrarla en el terror.
Javier Negrete ha merecido ganar el Premio UPC al menos en dos ocasiones (en la primera convocatoria sin ir más lejos). En este caso, le han dado la mitad del premio, lo que es justo, pero hubiese sido todavía más justo concederle el segundo vista la competencia. "Buscador de sombras" no es una mala narración, pero tampoco es de las mejores obras de este autor. Su lectura es entretenida y agradable, exceptuando algunos detalles que ya he comentado, y el ritmo narrativo es justo. No entra en ningún territorio nuevo y juega a quedarse en terreno seguro, pero por otra parte, es un buen entretenimiento.
"Signos de guerra" del cubano Vladimir Hernández es una ambiciosa novela que combina elementos que recuerdan a Tropas del espacio de Heinlein y ¿Quién anda por ahí? de Bob Shaw. Demasiado ambiciosa. En ocasiones se vuelve confusa y desordenada precisamente porque el autor tiene demasiado que contar y no le cabe en tan pocas páginas. Eso sí, la trama va ganando en interés, y hay que reconocer que es todo un ejercicio de precisión.
Comienza de forma muy poco prometedora con una guerra alienígena típica. Cuando arranca la narración, la Federación (nosotros) lucha contra los xenoides (ellos) por el control de un planeta en Aldebarán. Para intentar justificar esa situación cliché (después de todo, ¿qué puede importar un planeta más o menos?) se justifica su no destrucción por cualquiera de los dos bandos debido a su gran ecología que lo haría perfecto para la colonización. Es curioso que en la novelas se ciencia ficción civilizaciones capaces de viajar por el espacio tengan tal interés por lo planetas. Y sobre todo un interés que lleve a una guerra por su control. Sería, por ejemplo, perfectamente lógico pensar en dos civilizaciones que se expandiesen de forma más porosa, penetrando una en el territorio de la otra sin interferirse o molestarse. Es más, en un contexto galáctico con sus amplísimas distancias, la única razón lógica para una guerra interestelar me parece la puramente religiosa.
Y antes de que piensen que Vladimir Hernández se ha limitado a repetir el cliché, déjenlo. Ha pensado en las razones para una guerra, y lo que parece la narración habitual sobre guerras interestelares se vuelve más compleja a medida que pasan las páginas. Como ya he dicho, hay muchas ideas, y si bien la trama se resuelve casi en la anécdota, muy bien contada, sobre un ataque a una base terrestre, hay muchos hilos que permitirían la continuación de la narración. Sin embargo, no dudo que para llegar al número de páginas requerido en el concurso, el autor ha limitado su obra, que queda un poco coja y nos deja con las ganas de saber más.
"Salir de fase" de José Antonio Cotrina es la menos satisfactoria de las novelas cortas incluidas en el volumen. Al contrario que la anterior, es excesivamente larga en su primera parte, más larga de lo que la simple anécdota argumental permite, para acelerarse luego al final. José Antonio Cotrina se muestra ante todo como un autor profundamente enamorado de las páginas que escribe e incapaz de cortar lo innecesario. El estilo carece de personalidad, y cada frase lucha con las demás por llamar la atención del lector. En más de una ocasión, el lenguaje se vuelve ampuloso y pretencioso, colocando sucesivos obstáculos que el lector debe superar como si de una carrera se tratase. Para mayor agravio, la narración está contada en primera persona, lo que obliga a contrastar ese estilo recargado con los diálogos de puro trámite y bastante vulgares.
Y sin embargo, la historia en sí no es mala, y la adecuada reflexión por parte del autor la hubiese mejorado mucho. En una sociedad futura en la que todo el mundo puede cambiar de cuerpo cuando le apetece (las personalidades viven compiladas en unos pequeños discos) el protagonista Alexandre Sara (cada persona tiene un nombre con un elemento masculino y otro femenino, lo cual lleva a uno a preguntarse si no se le ha ocurrido a nadie fabricar un cuerpo con otro sexo) se ha agenciado uno, a través del mercado negro, lleno de todo tipo de armamentos, artilugios y modificaciones genéticas. Su propósito es vengar la muerte de su amante Vincent Aurora.
(Como la narración deja mucho espacio libre para pensar, uno asumiría que si a Alexandre Sara le resulta tan fácil conseguir semejante cuerpo, en un mundo en que los nuevos cuerpos se crean por ingeniería genética, todo terrorista o criminal que se precie tendría uno igual. Pero no parece que sea así.)
Tanto Vincent como Alexandre trabajaban como probadores de nuevos cuerpos para Bodyline Enterprise. La muerte del primero se debió a un maligno plan del dueño de la empresa y la trama de venganza es también un intento de impedir sus malvados planes. Cuando la novela llega a ese punto, después de demasiadas páginas, la cosa mejora mucho, y empiezan a develarse misterios y soluciones. Por desgracia, la traca final no es del todo satisfactoria. José Antonio Cotrina hace lo posible porque las revelaciones finales encajen en la narración, pero ha invertido demasiado tiempo en consultar el diccionario de sinónimos y muy poco construyendo su trama y argumento. Uno puede apreciar la gracia limitada del final, pero es difícil considerarlo como parte de un todo satisfactorio y coherente.
© Pedro Jorge Romero 2001
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Pedro Jorge Romero (Arrecife, 1967) es licenciado en física, pero realmente se dedica a traducir, a la programación web y a escribir ocasionalmente. Ediciones B ha publicado recientemente su primera novela, El otoño de las estrellas, escrita en colaboración con Miquel Barceló.