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Portada de Komarr de Lois McMaster Bujold
Valoración: 3 1/2 estrellas de 5

Ediciones B. Barcelona. Mayo 2001. Título original: Komarr (2001). Traducción: Rafael Marín. 352 páginas. PVP: 2.900 pesetas (17,43 €). ISBN: 84-666-0298-4.

CONTRAPORTADA

Komarr se convertirá en un jardín... dentro de unos mil años o más. O no dejará de ser el inhóspito, peligroso e inhabitable lugar que todavía es, si el proceso de terraformación fracasa. Un accidente ha averiado el espejo solar, elemento vital para el proceso de terraformación, y el emperador Gregor de Barrayar envía a su nuevo auditor imperial, lord Miles Vorkosigan, para descubrir qué ha ocurrido.
Pero Komarr todavía recuerda la matanza que ordenara el padre de Miles y maldice el odiado nombre de Vorkosigan. En las claustrofóbicas cúpulas de Komarr, el peligro acecha con posibles secuestros, víctimas inocentes o no y, tal vez, terroristas rebeldes que pretenden independizarse definitivamente de Barrayar.
Cuatro premios Hugo, dos Nebulas y dos Locus es el bagaje que ha obtenido ya la amena y divertida serie de aventuras protagonizada por Miles Vorkosigan. Lois McMaster Bujold es ya, sin ninguna duda, la más popular autora de ciencia ficción de la última década. Y las aventuras de Miles Vorkosigan, una diversión segura e indiscutible.

Komarr

Lois McMaster Bujold

Miles Vorkosigan, a los treinta años y con su personalidad de Almirante Naismith desaparecida, debe enfrentarse a una complicada misión diplomática en la que es posible que se enamore definitivamente.

por Luis Fonseca

Bujold ha vuelto a hacerlo, sigue en su línea: ni tampoco más, ni tampoco menos. Estamos ante otra obra de intriga galáctica repleta de ingenio, hondura emocional y las habituales dosis de sarcasmo Vorkosigan (y ya van dieciséis). En ella, Miles resuelve su segundo caso como Auditor Imperial mientras le encuentra el gusto y los límites a su nuevo cargo. La acción tiene lugar en Komarr, el antiguo y ominoso aliado de Cetaganda en su invasión de Barrayar. El aplastamiento de su revuelta tiempo atrás fue el que manchó injustamente el nombre de su padre a nivel galáctico.

Pero eso es historia pasada. Komarr, de espíritu eminentemente mercantil, se desenvuelve bien bajo dominio barrayarés, y una nativa está a punto de desposarse con Gregor, el emperador de Barrayar (véase Recuerdos). Komarr es también un planeta en proceso de terraformación. La gente vive en domos mientras las condiciones exteriores evolucionan hacia el sostenimiento de la vida. Dispone de un espejo solar en órbita para aumentar la insolación del planeta, y desde la superficie se llevan a cabo todo tipo de esfuerzos (calentamiento, gases invernadero, introducción de flora modificada, etc.) para alcanzar la presión atmosférica y la proporción de oxígeno necesarias y así permitir que sus habitantes puedan abandonar sus sarcófagos comunitarios: un escenario que a ratos nos trae a la memoria determinados aspectos de la trilogía sobre Marte de K. S. Robinson.

En Komarr, sin embargo, ha tenido lugar un desgraciado y extraño accidente involucrando un carguero minero orbital, la inusitada activación de un agujero de gusano y el mencionado espejo solar; un accidente que ha provocado graves daños en esta última y puesto en compromiso el futuro de la terraformación del planeta. Aquí es donde entra en escena Miles, que junto con un veterano colega Auditor, deberá averiguar si esos hechos se han debido realmente a un accidente o bien a un acto de sabotaje. ¿Habrá algún tipo de resistencia en Komarr moviéndose en la sombra tan próximos a la celebración de los esponsales de Gregor? (¿Hay apuestas?) De momento, las circunstancias han hecho acreedor a Miles a una cama supletoria en casa de la sobrina de su compañero de fatigas. Allí su presencia mutante va a resultar como árnica para los miedos secretos de unos y va a exacerbar los de otros...

Como decía en mi reseña de Recuerdos (véase BEM 66), Bujold está manteniendo el gancho de su serie explotando al resto de los personajes habituales (¿para cuándo, por cierto, una entrega dedicada a Ivan?), introduciendo algunos nuevos y haciendo que la tumultuosa vida de Miles vaya asentándose aunque sea de tour de force en tour de force: haciendo uso, en definitiva, de los recursos habituales de los guionistas de series televisivas. Esta entrega no es una excepción, y las consabidas tribulaciones de Miles deben ceder parcialmente su protagonismo y compartir páginas con las de Ekaterin Vorsoisson, también con una trágica historia que contar. La evolución de los acontecimientos va a hacer que Ekaterin, aunque inicialmente casada y con un hijo, pueda estar en disposición de colmar uno de los grandes anhelos de Miles. Afortunadamente, la estupidez, convenientemente disfrazada de enfermedad degenerativa, del cabeza de familia (título, este último, con bastante sentido en un matrimonio Vor) va a allanar el camino de nuestro protagonista, haciéndole innecesario el jugar al rey David y Urías. Delicioso resulta el último diálogo y situación entre Miles y Ekaterin, que abre todo tipo de especulaciones de cara a una previsible continuación (publicada ya en inglés: Una campaña civil).

En sus últimas entregas Bujold parece estar bebiendo más decididamente de las fuentes del género policiaco y haciendo uso de algunos de sus elementos más típicos: misterio a desentrañar, enfrentamiento de mentes antagónicas, persecución, progreso y resolución a contrarreloj... Las fructíferas tramas en las que Miles se desenvuelve se desarrollan también con la precisión característica del género, pero sin desatender en ningún momento la vida interior de los personajes y desgranando a lo largo de ellas constantes perlas de sarcasmo y coletillas de 'sabiduría' en cuanto a las cosas de la vida.

Quizá nada de ello resulte impresionante en sí mismo, pero su combinación con tino al cabo de la novela acaba haciendo un buen caso en favor del ingenio de Bujold. A vueltas con el ingenio, leí en alguna parte que éste suele estar considerado como mero telonero del pensamiento más profundo. Por ello a menudo las obras que de él hacen alarde suelen acabar resbalando hacia un segundo plano. Un segundo plano al que aquellos con ansias de entretenimiento no deben dejar de acercarse para disfrutar de las historias que Bujold construye con humanismo, agudeza, sentido del humor y equilibrio narrativo.

PD: Curioso el uso creativo que acaba teniendo la administración de la pentarrápida en esta entrega. Parecido al que Carl Sagan preconizaba para la marihuana.

OTRAS OBRAS DE LOIS MCMASTER BUJOLD

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