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Portada de Babylon babies de Maurice G. Dantec
Valoración: 3 1/2 estrellas de 5

Gijalbo Mondadori. Barcelona. 2001. Título original: Babylon Babies (1999). Traducción: Andrés Ehrenhaus. PVP: 2.875 pesetas (17,28 €). 488 páginas. ISBN: 84-397-0658-8.

CONTRAPORTADA

Año 2013. Un mercenario, ex combatiente en las guerras de la antigua Yugoslavia y Chechenia, con una misión poco usual. Un mafioso siberiano coleccionista de misiles. Un oficial corrupto de los servicios secretos rusos. Una joven esquizofrénica semiamnésica que transporta un arma biológica revolucionaria. Científicos convertidos en aprendices de brujo dispuestos a infringir la ley. Un puñado de soldados perdidos en el otro extremo del mundo que luchan en causas perdidas. Sectas posmilenaristas que asaltan las ciudadelas del saber. Bandas de motoristas que libran una guerra sin cuartel en las calles de Quebec.
Del gran caos renacerá la humanidad.

Babylon babies

Maurice G. Dantec

Novela procedente de Francia que recrea, en clave europea, un futuro algo desquiciado en la que los grupos humanos extremos pelean entre sí en pos de la trascendencia futura de la especie.

por Xavier Riesco Riquelme

Dantec tiene varias fuentes a las que recurrir para “a/cometer” esta novela.

Para empezar, la literatura francesa y su encantador uso de la palabra, excesivo pero no redundante, barroco pero no aburrido, múltiple pero linear.

Otra fuente es la ciencia ficción tal y como se lleva escribiendo desde hace casi cincuenta años en los países anglosajones, pasada por el tamiz de las obsesiones propias de los escritores de habla francesa: universos simbólicos y obsesivos, la simbología del estado y el individuo y el fracaso de los seres humanos por entender la estructura profunda del mundo en el que viven.

Hay un Boris Vian presente en las alucinaciones de la “esquizomáquina” de Dantec y un Jodorowsky agazapado en la conclusión final y en el uso de tecnología y simbolismo chamánico que Dantec incorpora sin ningún problema a una estructura de novela que parece un Neal Stephenson que de repente ha decidido que en vez de la teoría memética de Snow Crash le va a dar un repaso al pobre viejo Carl Jung a ritmo de la música industrial de Nine Inch Nails.

Dantec une cosas en su libro que ya no son dispares en casi ningún lugar del mundo gracias a la infame globalización (o a la aldea global de McLuhan): la neo-tribalidad tan querida por el antiguo ciberpunk, la visión alucinada de los exploradores del fondo de la mente en la tradición de Philip K. Dick (tan querido por los franceses), la descripción del mapa geopolítico del mundo según la experiencia Europea y la invocación de viejos arquetipos para darle sentido a un mundo nuevo que carece de propósito aparente.

Toorop, mercenario y excombatiente de las guerras de los Balcanes, que se encuentra actualmente al servicio de una guerrilla musulmana anti-china, entra a trabajar para un nuevo amo cuando el anterior sufre un desastroso revés. El trabajo de Toorop (ahora Thorpe, nuevo amo nuevo nombre) consiste en trasladar y escoltar un curioso cargamento hasta Canadá desde las llanuras de Asia. El cargamento en cuestión es una muchacha esquizofrénica; pero todos sospechan que el cargamento no es la muchacha en sí, sino otra cosa, posiblemente encerrada en su cuerpo o en su mente, o en ambos.

El tapiz de personajes es variado aunque no increíblemente extenso: mafiosos siberianos, mercenarios europeos, yakuzas japoneses, coroneles rusos corruptos, agentes secretos retirados (y retirables), hackers, ciberpunkis de diverso pelaje, Ángeles del Infierno, sectas posmilenaristas increíblemente estúpidas, escisiones armadas de la Iglesia de la Cienciología. Todo eso aderezado con tecnología punta, sunas del Corán, canciones de U2, alucinaciones inventivas y muchos Signos y Portentos para deslumbrar.

La trama de Babylon Babies es al mismo tiempo simple y compleja.

Simple porque en realidad, pese a la apariencia de múltiples capas, la novela habla de la progresión linear y cronológica de un solo suceso hasta sus consecuencias finales. Compleja porque Dantec propone varios puntos de vista simultáneos para desenredar la trama, apoyándose en personajes sacados de la literatura clásica, médica, de género, negra y posmoderna para darle profundidad aparente a su obra. Y funciona bastante bien hasta donde yo puedo apreciar.

Lo que le falla a esta novela no es la forma de la narración ni la coherencia interna ni el lenguaje que oscila entre lo descriptivo y lo simbólico, sino que me temo que lo que me defrauda es el uso del elemento pseudocientífico para darle forma a la trama y su conclusión. La comparación anterior con el Stephenson de Snow Crash me parece justa: ambas novelas hacen un uso irónico de lo iconos modernos y se ríen con sarcasmo de la evolución social y biológica de la especie aduciendo que la última frontera (y por tanto la lucha definitiva) se llevará a cabo en la psique de los seres humanos.

En ambas novelas la identidad entre virus físico y virus memético se difumina permitiendo que uno se transforme en otro. Pero donde Stephenson usa una psicobiología desquiciada y una mirada sarcástica sin paliativos para minar el terreno que pisamos, explicando claramente que pretende a cada paso, Dantec en realidad sólo tiene como arma el lenguaje que usa, porque la relación causa efecto en la novela de Dantec y el uso de la tecnología distan mucho de ser las efectivas herramientas de Stephenson: modelos chamánico-cuánticos-computacionales que en otro lado cumplirían su función aquí parecen bastante vacíos de contenido (por supuesto, esto es una visión subjetiva).

Para mí, uno de los casos más evidentes de esta afirmación es el ordenador Joe-Jane. Aunque me gustaría relacionarlo con uno de los hermafroditas tan queridos por Jodorowsky, (la Emperoratriz de El Incal, por ejemplo), me temo que su irritante función está más cerca de la del ordenador central de Alphaville de Jean-Luc Goddard: Joe-Jane aparece regularmente en la narración (que no en la trama, en realidad, es casi absolutamente superfluo ya que las pistas que da las podría averiguar cualquier personaje siguiendo las explosiones) y le larga al lector (en la tercera persona usada por Dantec) o a un atribulado personaje (en la segunda usada por el propio Joe-Jane) una bonita colección de aforismos que no tienen la más mínima relevancia (aparte de ser completamente incomprensibles). Si la intención es la misma que la de la irónica película de Goddard, me temo que me la pierdo.

Eso no significa que por esto la novela sea poco apreciable, Dantec, como dije antes, usa el leguaje de tal forma que uno puede pasar por encima de esos pequeños incordios pseudoprofundos sin ningún problema: Dantec acuña y usa poderosas imágenes cuya fuerza es lo que se transmite al espectador, siendo el sentido, me temo, un tanto secundario.

Eso, si, la novela tiene ideas y fuerza aparte de las que están directamente relacionadas con la trama central. Personajes que aparecen y desaparecen, fantasmas corticales, robots programados según el arquetipo de Narciso y unas cuantas cosas más hacen de esta novela una buena experiencia de digna lectura. Después de proponer un género multicultural, como es este tipo de ficción, ¿por qué sólo iban a poderlo llevar a cabo los anglosajones? Una entrada bienvenida.

Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.

Su opinión:

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