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Portada de El globo de oro de John Varley
Valoración: 3 1/2 estrellas de 5

La factoría de ideas. Madrid. Marzo 2001. Título original: The Golden Globe (1998). Traducción: Domingo Santos. 456 páginas. ISBN: 84-8421-240-8.

CONTRAPORTADA

Todo el universo es un escenario, y Sparky Valentine es un actor itinerante. Se labra su camino de un planeta a otro como parte de una troupe diversa, llevando a Shakespeare (bueno, al menos una versión) a los confines del sistema solar de la Tierra. Viajará por los mundos exteriores donde vagan miles de satélites artificiales, conglomerados de chatarra y rocas fundidos para albergar frágiles comunidades humanas. Aquí es donde Sparky trabaja, transformándose en joven o viejo, obeso o enjuto, hombre o mujer, con sólo alterar los implantes magnéticos bajo su piel.
Se trata de un equipo indispensable para un actor... y para un estafador buscado por asesinato; pues, aunque Sparky Valentine tenga música en su corazón, también se ha puesto precio a su cabeza. Pero su vagar galáctico lo acerca cada vez más al hogar, a la justicia... y a la verdad de su extraña y prolongada existencia.
John Varley ha sido comparado con los celebérrimos Robert A. Heinlein y Frank Herbert, y se ha ganado alabanzas de otros autores notables como Tom Clancy y Spider Robinson. Sus libros le han valido los premios Hugo y Nebula, así como una extraordinaria reputación como una de las principales voces de la narrativa de ficción especulativa. Ahora Varley nos presenta su esperada y épica novela sobre la vida más allá de los límites.

El globo de oro

John Varley

John Varley retoma su universo particular para relatar, ahora, las andanzas de un actor itinerante, que tiene más de pícaro que de histrión, por todo el sistema solar. Una novela contada con su natural habilidad.

por Xavier Riesco Riquelme

John Varley es uno de los pocos maestros vivos de la ciencia ficción clásica que quedan. Lo afirmo de este modo porque Varley no pierde el tiempo con moderneces de ningún tipo; vuelve a uno de sus personales universos de siempre y lo hace mediante la narración clásica más efectiva con gran ironía: el Hombre Perseguido que cuenta su vida pasada mediante flahbacks.

La ironía está en que el narrador/personaje sabe perfectamente cómo se escriben sus textos y hasta pide perdón por irritar al lector con sus inoportunos flashbacks en momentos poco convenientes. Sparky Valentine (ése es el nombre del pícaro seductor/actor de talento/ídolo de la cultura popular/estafador y timador que es el motor de esta novela) sabe perfectamente dónde ha estado, de dónde viene y adónde va… más o menos. Viene de la Luna donde tiene una carrera a sus espaldas, vuelve a la Luna, donde espera retomar esa carrera y ha estado en todos lados, lo ha hecho todo y lo ha visto todo.

Por supuesto, Sparky tiene un par de secretos. Y unos cuantos enemigos. En realidad S. Valentine tiene tantos enemigos que no sabe a ciencia cierta quién exactamente está detrás de la implacable persecución de la que es objeto. Y tampoco puede confiarse en las fuerzas del orden, porque da a entender que su relación con ellas es más bien tirante.

Sparky sólo cuenta en su aventura con dos compañeros fieles: un perro de lanas altamente modificado genéticamente y actor consumado, y el fantasma de James Stewart (sombrero incluido) para hacerle compañía cuando las cosas están más feas.

Sparky emprende una carrera contra el tiempo y el espacio desde los confines del sistema solar hasta su centro humano. En este caso, la Luna, por que este universo es el universo de la Invasión de la Tierra que ha obligado a los seres humanos a desparramarse por donde puedan en el sistema solar. La cuna del hombre es ahora un planeta prohibido, pero a nadie parece importarle demasiado, después de todo es sólo un planeta cochambroso.

Las aventuras de Sparky Valentine tienen lugar en el mismo universo que la más famosa de las recientes novelas de Varley, Playa de acero, y de hecho hay, para el lector curioso, una relación tangencial entre ambas novelas en la forma de un par de personajes puentes (incluyendo al Ordenador Central de La Luna confesando que ha estado algo “indispuesto”). Pero la atención de esta novela está centrada completamente en las aventuras de Valentine y su pasado, sin ninguna conexión evidente entre éste y los sucesos de Playa de acero. Vaya, que es una novela independiente.

En El globo de oro, Varley de lo que habla es de la relación de S. Valentine con el mundo del espectáculo, la vida de vagabundo de los ferrocarriles en universo donde no hay vías férreas, su padre (todo un carácter), el timo a pequeña escala, el timo a gran escala, qué hacer cuando te persigue la implacable mafia carontesa, cómo hacer de pirata en la ficción, como hacer de pirata en la otra ficción (la realidad), cuántos alias puede tener una persona, qué hacer con una nave espacial secuestrada, cómo comportarte en público cuando le hablas a tu amigo invisible y cómo cuidar a los perros modificados genéticamente.

Y cómo se aburre uno mucho viajando por el sistema solar a velocidades ridículamente no-relativistas y los problemas de drogas derivados de ello. Vamos, Varley demuestra que tiene lo que tiene que tener un escritor competente: habilidad, ingenio y referencias a Shakespeare.

Cuando antes he hablado de estilo “clásico”, éste implica más cosas de las que parecen. No sólo quiere decir que la trama es clásica, sino que el lenguaje y la intención también. El universo de Varley parece, comparado con otros autores, extrañamente lo-tech.

Palabras como “ciberespacio” o “nanotecnología” no aparecen por ningún lado. Y creo que ahí está la gracia de Varley: se las arregla para escribir muy bien sin echar mano de recursos modernos del género, sino que habla de ingeniería a gran escala y viajes por el sistema solar a la manera de Asimov, Heinlein o Clarke (con diagramas incluidos para el lector obtuso como el que escribe). Evidentemente la mención a Heinlein no es gratuita. Por la Luna siguen dando vueltas los heinlenitas de Playa de acero amparados en su casi paródico “anarquismo independentista social” y su tecnología avanzada usada como la variante espacial de la alambrada de un rancho de Texas.

El otro gran logro de Varley, como siempre, es el humor socarrón que le pone a sus obras. En este caso tanto los chistes como es estilo son metatextuales dentro del género, la literatura general o las tiras cómicas (el ordenador de la nave que reconoce que está loco y que “pueden llamarme Hal si quieren”, la broma a costa de Joyce en Finnegan’s Wake: El Musical, o el tigre calzonazos llamado Hobbes que permite que un perro se lleve a su novia), mientras que el estilo tiene tanto de picaresco, de novela negra, de De ratones y hombres de Steinbeck como de ciencia ficción clásica.

La parte negativa, en mi opinión, es otra vez la traducción, tal y como le ocurriera a Distracción de Sterling y por las mismas razones. “El despertar de Finnegan” me parece un tanto extraño (incluso las ediciones españolas sólo se atreven con Finnegan´s Wake como título) mientras el periódico imaginario “El Pezón de la Noticia” queda mejor en el original inglés “News Nipple”. “Monarquía” en un contexto que me temo que en realidad es “menarquía” (llegada a la madurez sexual femenina), “habilidades repertoriales” y unas cuantas cosas más.

Al igual que con Distracción, perdí la cuenta y el interés de registrar todo lo que me sonaba raro, pero el fenómeno es el mismo. De hecho el traductor involucrado es el mismo, el venerable Domingo Santos, lo que me lleva a reafirmar que algo no funciona en el traductor o en las galeradas o el corrector de estilo. Pero bueno, se puede leer y disfrutar (mucho) pese a esas pequeñas inconveniencias.

Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.

Su opinión:

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