Joe Sacco demuestra que el cómic, con su capacidad para la síntesis gráfica y la desnudez de sus emociones, puede servir para el reportaje y la denuncia. El relato sincero y brutal de una situación absurda.
por Xavier Riesco Riquelme
Una cosa que no me atrevería a hacer jamás es lo que vi con mis propios ojos hace poco: En una reunión social alguien puso unos ejemplos bastante desafortunados, sin haber visitado nunca la zona de conflicto a la que se refería, acerca de la civilización o la falta de ella en el mundo. Evidentemente el ejemplo más obvio era Bosnia-Herzegovina y las guerras balcánicas de los 90. Lo impresionante fue que la acusación de “falta de civilización” se hizo enfrente de un soldado destinado allí como parte de las fuerzas de la OTAN. Cinco días más tarde tenía que volver a una antigua zona de guerra en la que había pasado la mayor parte de los últimos años. La respuesta del soldado fue bastante medida, emitida en un tono neutro y sin embargo de intención combativa en el fondo:
“No son unos salvajes.”
Sin referirse a ningún bando en particular. En general. “No son unos salvajes”. Una declaración cuya intención uno puede comprender lejanamente después de leer Gorazde de Joe Sacco.
Gorazde es una ciudad supuestamente protegida por la ONU en medio del caos de la desintegración de Yugoslavia. Sacco es un periodista norteamericano en un planeta alienígena semiderruido. Si se tratase de una de las guerras “victoriosas”, como la II Guerra Mundial, tendríamos entre las manos un documental militar de conflicto. Pero ésta no es una de esas guerras donde determinados bandos pueden sentirse medianamente justificados por haber intervenido. Lo que tenemos entre manos es entonces un documental gráfico de un tipo muy diferente. Sí, hay relatos de atrocidades, historias de supervivencia heroica y de traición, rescate, miseria y… humana estupidez.
Pero Gorazde no es más de lo que pretende ser: una historia que tenía que ser contada. No está contada por el mejor de los posibles narradores, admite el personaje que la hilvana, pero en todo caso es un “pese” no un “pero”. Ni siquiera es la única versión de la historia que pide ser contada, tal y como se demuestra justo al principio. Pero es la versión del hombre que se tomó la molestia de contarla de esa manera. Cuando digo que Gorazde es una historia, no significa que Sacco la cuente cronológicamente, ni mucho menos. La cuenta tal y como la va aprendiendo, lo que le confiere una honestidad que en otros reportajes parece fuera de lugar, admitiendo que el personaje/autor tampoco tiene mucha idea de lo que pasa, ni por qué pasa, ni cuáles son las consecuencias ni los antecedentes.
Hay un par de páginas espléndidas que nos muestran una cronología de la Yugoslavia del siglo XX y las guerras separatistas de principios de los noventa. Informa al lector. Lo pone en antecedentes. Pero no es estrictamente necesario para que Gorazde se cuente a sí misma, para que aparezca la historia de una ciudad –íntimamente ligada a la historia de la desaparición de una nación- encarnada en las palabras de una serie de personajes que hablan de su experiencia en malos tiempos.
Tiempos MUY malos.
De esos tiempos en los que luego se dice que desaparece la “humanidad”, o que los hombres se comportan como “bestias”, o que desaparece la “civilización”. Sacco, como el soldado del primer párrafo de esta reseña, se abstiene del juicio frente a las opiniones fáciles de los que hablan sobre lo que pueden (como yo, y gracias a Dios) experimentar. Describe lo que le dicen, y no le resta dramatismo, ni intenta disminuir los efectos del odio de un bando a otro, pero lo hace de una manera plenamente consciente de que lo que está oyendo es sólo una de las versiones de la historia, cruel y justificadamente odiosa, pero no demoniza per se al resto de participantes del horror.
Sólo cuenta lo que le cuentan. Y es una historia compleja, horrible en toda ocasión y violenta. Llena de ruido y furia como cualquier clásico de las obras de los humanos. Pero lo hace con ecuanimidad. Esa ecuanimidad no está sólo presente en la ausencia del odio contagiado, sino en la propia descripción que hace Sacco del personaje que une las narraciones: el mismo. Un enano obtuso de gafas redondas rodeado por alienígenas que viven en un mundo cuyas preocupaciones, ritmos y sonidos no son los suyos.
Al mismo tiempo que hace un documento gráfico para archivar en la memoria del lector sobre la estupidez de la especie, Sacco hace un inflexible análisis de la condición de “extranjero permanente” de la que disfruta un corresponsal americano en zona de conflicto. Y lo hace mediante la disección anatómica de las dos comunidades con las que trata: los habitantes de Gorazde (a dividirse entre ellos como quieran) y los espectadores extranjeros como él. Y dentro de los espectadores, es donde consigue también un equilibrio impecable. Un periodista hablando de periodistas (al mismo tiempo parecido y completamente diferente al Perez Reverte de Territorio comanche).
Además, el estilo de Sacco es bastante diferente de lo que uno podría esperar del medio. En vez del realismo sucio periodístico que uno esperaría, Sacco dibuja exactamente como… Robert Crumb. Después de todo, si el dibujo de uno era apropiado para describir las neuras, obsesiones y pesadillas de una sociedad yendo más allá del realismo ¿por qué no iba a ser apropiado para describir otra sociedad? No son unos salvajes. No son incivilizados.
Ayer eran personas y mañana también lo serán, así que describirlos como lo hace Sacco –dibujarlos- es homenajear esa humanidad en cierto modo. Describir a un “par de tontas”, (que dice el propio autor en uno de los mejores capítulos del libro) en un contexto como Gorazde, es una forma más compasiva, profunda y emotiva de transmitir lo que el autor quiere contar que un catálogo de carnicerías, violaciones y atropellos. Lo que no quiere decir –EN ABSOLUTO- que esas cosas no tengan que ser contadas. Sólo que estamos demasiado anestesiados por la repetición del estímulo, como para que parezca que pueda conmovernos algo a estas alturas. Demasiados Telediarios, quizás.
Lo mismo que les pasa a ellos.
Cuando Sacco describe a los snobs de Sarajevo preocupados porque SU ciudad se está llenando de patanes refugiados procedentes de otras zonas, uno llega a comprender la profundidad de la percepción del autor.
Si, son tan civilizados como nosotros. ¿No nos reconocemos en ellos?
© Xavier Riesco Riquelme 2001
Este texto no puede reproducirse sin permiso.
Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.
Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.